Sensaciones y sentimientos

Sociales 11 de junio de 2019 Por
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RICARDO STRICKER: HOMBRE Y ESQUINA
En un supuesto lugar donde imaginamos que vive lo que se ama y en que los sentimientos y las realidades se unen intensamente, es posible encontrar en físico y obra, los nombres que identifican definitivamente las épocas.
Como el que ocupa Ricardo Tomás Stricker, nacido el 6 de abril de 1913, quien comenzó su actividad de canillita en el año 1921. Casado con Blanca Argentina Nuñez, (parte de los últimos habitantes de la originalísima “casa redonda”) nacieron los hijos Alberto Daniel, Ricardo Raúl, María de las Mercedes y Juan Carlos, siendo los dos últimos los que están en vida.
Ahora viene la pregunta indispensable y esperada ¿Quién escribía en la pizarra con tiza mojada y esa admirable letra?
Ricardo Raúl había estudiado en el Colegio San José, donde se ponía especial interés en que los alumnos desarrollaran una excelente letra, y eso determinó que el vistoso detalle identificara como pocos a la Agencia, surgido de su mano de buen alumno.
Verdaderamente fue una agencia y no un quiosco: los diarios y revistas pugnaban por ir a las manos y al domicilio de ansiosos lectores y coleccionistas (¿alguien puede olvidar la época dorada de El Gráfico?). La Esquina viviente comenzó su actividad en 1945, año en el que Libertario Guevara, conocido de Ricardo -padre e iniciador- lo invitó a alquilar el local de Lavalle y San Martín. Allí, donde una óptica ayuda a ver mejor el panorama, había una barbería. Y en la ochava del frente, la tienda La Favorita.
Se lo menciona con razón y justicia a Ricardo Tomás como el ejemplo de los extinguidos (¿) voceadores de diarios. En las primeras horas del día iba con los ejemplares a recorrer la plaza 25 de Mayo y esperaba a sus clientes frente a la entrada de la pionera Sociedad Anónima General de Consumos. De regreso a la agencia, su hijo Ricardo Raúl escribía en la pizarra los títulos de los principales diarios del día y, los fines de semana, los resultados de los partidos de fútbol.
Ahora viene la otra imprescindible pregunta ¿Cuáles eran los diarios de la época?
La Opinión, Castellanos, Crítica, El Orden, Clarín, La Razón (la sexta edición), La Prensa, La Nación. Libertario Guevara los recibía, llegados por ferrocarril desde Buenos Aires y Rosario.
Hasta el momento no hemos contado el origen de la emblemática “pizarra” que informaba los fallecimientos. En sus comienzos, ocasionales personas que tenían conocimiento de algún fallecimiento se lo hacían saber a los Stricker y ese dato –solo el nombre y apellido si no se conocían otras referencias- iba a la pizarra. Después de varios sucesos, el público empezó a identificar la pizarra con esa función y así quedó consagrada, incluso hasta hoy. Todo iba bien hasta que un día alguien entró a la agencia a reclamar porque el que estaba figurando como fallecido, estaba vivo y además, ¡era él mismo! A partir de entonces esa información de los fallecimientos pasó a serles provista por las empresas fúnebres y, cosa previsible, nació un chiste popular: algunos vivientes decían ir a la pizarra “para ver si habían muerto”.
Vertiginosamente el tiempo fue dejando su marca. En 1979 Libertario Guevara construyó el edificio Mercurio, Stricker se trasladó a San Martín y Güemes primero, y luego a San Martín al 200 y, en un momento determinante, La Opinión informó el 21 de septiembre de 1994 que la agencia Stricker, con todo lo que implicaba decirlo así, cerraba sus diarios y revistas después de 49 años de actividad. Ese día entró por una generosa puerta al recuerdo entrañable de la ciudad y se abrió una definitiva revista con páginas perennes mojando vivencias y esquinas con nombre nuevo.

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