Carta de lectores

Carta de Lectores 08 de junio de 2019 Por
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La casa de la abuela

Sr. Director:

La "mansión" como Ellos y Ellas la llaman por sentirse felices en su interior es ¡La casa de la abuela!. Siempre con sus puertas y manos abiertas, la mesa y el corazón tendido. En ella despliegan sus juegos y su imaginación; donde las habitaciones, empapeladas con sus fotos (de los nietos y nietas), los muebles y objetos están a su merced. En las paredes de su “piecita de juegos” plasman sus dibujos y pinturas como las de los más ilustrados artistas; confeccionan elementos decorados con una estética sublime y... ¡cómo cocinan!... como el más renombrado chef.
El patio les ofrece el verde, los colores y el aroma de las flores, invitándolos a miles de juegos, donde la imaginación, fluye como torrente de agua cristalina. “El pasto enamorado de la flor”... y por supuesto que la flor más colorida y bella es para mamá, las hojitas y tallitos simulando “la comidita” y las hojas, las más señoriales y alargadas, los convierten en los mejores esgrimistas deportivos del mundo; también a la infaltable pelota de fútbol, presumiendo de su poder de atracción. Canciones, adivinanzas, risas...
Juegos y más juegos... Cuando llega el otoño, las hojas al caer de los árboles, sobre la vereda, invitan a jugar, sintiéndose importantes, mimadas y acariciadas. Allí, en la casa, no hay techos, solo el cielo; allí no hay oscuridad, solo el sol; allí está la Santísima Virgen María, con sus brazos, protegiéndolos y Jesús sonriendo. Evangelio según San Marcos capítulo 10, 13 al 16. Jesús y los niños: Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara; pero los discípulos los reprendieron. Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo: "Dejen que los niños se acerquen a Mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él”. Después los abrazó y bendijo, imponiéndoles las manos. ¡Son todos y todas, los niños y las niñas del mundo que lo colorean y le dan su brillante luz !.
En la casa, la palabra abuela se hace eco, haciendo que mi corazón, despida aromas de amor y entrega, mientras una sonrisa se asoma en mi boca, los brazos se extienden, y las piernas se ponen en marcha para acceder al pedido. Primero la gracia de ser madre, ahora ¡Madre y Abuela!.
Hacerle honor a esos títulos que Dios y la vida me dieron es una constante para mí, envueltos en un total agradecimiento, segundo a segundo, a mis nietos y nietas. Agradecer, que en mi vida, no haya oscuridad, días nublados, o de lluvia, sólo sol, paz, amor, entrega y el placer de recorrer la casa y encontrar en cada una de sus habitaciones, en el patio, y en cuanto lugar haya, pruebas de que allí estuvieron.
Cuántos ¡Te quiero abuela! y , juntando uno a uno en mis manos, su amor se va irradiando hacia mi corazón. "¡Quiero ir de la abuela!". ¡Quiero!. ¡Quiero!...Y ¡Sí!, es ¡La casa de la abuela!. Gracias por existir y por tanto amor y... como yo siempre les digo: “La casa de la abuela, es la casa de ustedes”.

Ana María Abuh Arias de Abeillé
Rafaela

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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