Pecados capitales: la envidia

Información General 03 de junio de 2019 Por
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De los peores sentimientos, que a mi entender destruyen a la humanidad, es la envidia. La persona que envidia a los demás no vive nunca satisfecha y ese es un condimento que las hace peligrosas, por que destruyen sin piedad al otro. Es el que critica, murmura, desacredita, embarra y no mide las consecuencias y es por eso que siempre, a la larga o a la corta esas personas terminan solas, resentidas y pendientes solo de hacer daño.
Son la personas que envidian un novio o una novia, la posición económica, la familia, el éxito, la felicidad, el aspecto físico y como les molesta lo que tiene el otro, tratan de destruirlo, arruinarle la vida y de esa manera disfrutan, sin advertir que en algún momento todo se les vendrá encima.
Son las personas que si a una amiga algo le queda muy bien, le dicen -¡qué feo te queda!, si tiene una buena pareja tratan de desacreditarla, si no tienen una familia que los contenga, se ensañan con el que tiene una hermosa familia, no soportan el bienestar ajeno.
Si nos preguntamos, qué les pasa a estas personas, diría que no se detienen a analizar a reflexionar, que en lugar de destruir, pueden construir desterrando viejos modelos aprendidos y seguramente serían más felices.
La envidia afea a la persona, se detecta enseguida alguien con esas características y el común de la gente se va alejando.
Si nos detuviéramos a pensar lo hermoso que es ver personas felices, no se perdería el tiempo envidiando sino imitando, tratando de edificar la propia vida desde parámetros más justos y normales. Cuando me detengo a mirar la locura del mundo, me entristezco, porque es tan bello ver sonreír y no llorar, festejar y no sufrir, avanzar y no retroceder, triunfar y no fracasar, que no entiendo cómo se puede disfrutar del dolor ajeno, del mal ajeno. Qué miserable se debe ser para sentir así, la vida es corta, dicen que para Dios nuestra vida son segundos, que mal usamos a veces esos segundos.
Vinimos a este mundo desnudos, sin nada, todo lo que somos lo adquirimos en este mundo y tuvimos la libertad de copiar buenos ejemplos y no malos, de ser personas de bien y no hipócritas que son capaces de mentir mirándote fijamente a los ojos.
Los que son o han sido víctimas de la envidia, relájense que a Dios nada se le escapa, Él no castiga, pero nos va educando en esta vida, de manera tal, que podamos madurar como personas de bien y tengamos la oportunidad de cambiar si no hemos hecho las cosas bien. Observemos atentamente lo que pasa a nuestro alrededor y recuperaremos la esperanza, porque les aseguro que Dios siempre está, ve todo y llega a tiempo a socorrernos, solo que muchas veces nosotros somos indiferentes e ignoramos las señales que nos vienen de Dios, de cualquier manera que lo conciban y también pasa que cuando entramos en la mala lo buscamos y cuando nos recuperamos lo olvidamos.
Queridos lectores, envidiar a nuestro prójimo nos lleva a ser resentidos y amargados y a no ver las enormes oportunidades que nos da la vida.
Todos estamos a tiempo de revertir nuestra historia, solo tenemos que decidirnos y hacerlo…La vida es más bello regalo recibido, pues no lo malgastemos envidiando, disfrutémoslo amando.

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