La Argentina ¿nació católica?

Sociales 25 de mayo de 2019 Por
Leer mas ...
(Por Miguel Petinatti). - Algunos acontecimientos históricos, como la influencia clara y decidida de la fe católica y la presencia activa del setenta y cinco por ciento de los clérigos presentes en el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810, que votaron por la deposición del Virrey Hidalgo de Cisneros, vislumbrando una patria libre, han querido ser omitidos y hasta negados por quienes no han logrado comprender la estrecha relación entre cristianismo y patriotismo.
Aquellos patriotas, clérigos y laicos, que, poco antes de 1810, analizaban la necesidad de una nación independiente, venían reuniéndose en muchas juntas secretas, en una casa donde trataban el plan para ello. Como afirma Beruti: "ni un solo rumor de alboroto hubo, pues todas las medidas se tomaron con anticipación a efectos de obviar toda discordia".(JLK)
Fray Gregorio Torres (desde el convento de Santo Domingo) le informó a su superior que: "esta gran novedad -de la Primera  Junta del 22 de mayo- se ha hecho con la mayor tranquilidad y sosiego. No ha habido un tipo ni un golpe ni un arresto...".
Es que la Iglesia católica, fundada por nuestro Señor Jesucristo, había echado sus semillas de fe indeleble, de paz fraterna y de prosperidad social desde el mismo momento en que los descubridores pisaron sus tierras, acompañados por sacerdotes misioneros. En 1570 ( doscientos cuarenta años antes de la Revolución de Mayo), ya se había erigido la primera jurisdicción eclesiástica en lo que sería gran parte del territorio argentino: la Diócesis de Córdoba del Tucumán, con sede en la ciudad de Santiago del Estero. Y, en 1620 se erigió la Diócesis de Buenos Aires, que contaba ya con suficiente clero.
Todos los clérigos habían contribuido notoriamente al desarrollo cultural de la región, favoreciendo también su progreso económico.
Es decir que la Iglesia Católica estuvo organizada y activa desde mucho tiempo antes de que se pensara en una nueva nación independiente y de que naciera la República Argentina. En sus pampas y serranías, en todos sus poblados, solamente vivían varones y mujeres católicos. No se conocía, entonces, la existencia de otras creencias. Por eso, es justo afirmar que la Argentina se gestó y nació católica.
Algunas décadas después de aquellos años de 1810 y 1816, comenzaron a ingresar doctrinas filosóficas y religiosas distintas y adversas que hasta quisieron ocultar la verdad histórica.
Es lamentable, pero los planes de Dios fueron atacados por personas, algunos conscientes de lo que hacían y otros no. Lo cierto es que Dios nunca es vencido, porque El es dueño y señor del tiempo y del espacio. ¡Gloria a Dios!
Quienes sufrimos los frutos de nuestros errores somos nosotros mismos o, peor aún, también nuestros descendientes.
El 25 de mayo de 1810, ante la imagen de Jesús crucificado, se juramentó, por Dios y los Santos Evangelios, una patria cristiana católica.(...) y lo que se confirma con un juramento queda fuera de toda discusión ( Hebreos 6,16).
Los que amamos a nuestra Argentina nunca debemos olvidar sus orígenes en la fe católica.¡Viva la Patria, basada en Dios, fuente de toda razón y justicia, y en respeto de su ley de amor y libertad!

Cimientos de la Iglesia católica
La solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, nos ofrecen la oportunidad de reflexionar sobre el concepto teológico  de la Iglesia y nuestra pertenencia activa  a ella, tal como Cristo Jesús lo ha querido desde que la fundó, pues la fundó sobre los apóstoles y sus sucesores, es decir sobre el Papa, Obispos, Sacerdotes y Laicos.
Lo que hoy celebramos es el testimonio hasta la muerte de aquellos insignes apóstoles, columnas de la Iglesia. No es que hayan muerto el mismo día, sino que desde siempre la comunidad vinculó y unió su recuerdo, reconociéndolos como cimientos de la única Iglesia de Dios.
Al hacer memoria de ellos, celebramos a la vez nuestra propia identidad de comunidad fundada visiblemente sobre el ministerio del apóstol Pedro ( sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, anuncia el Señor Jesucristo( Mt 16,15-19) y del apóstol Pablo,en cuanto misionero incansable del Evangelio en las demás naciones, fuera de Israel.
¿Por qué el apóstol Pedro fue la piedra sólida, la roca firme, sobre la que Jesús edificó su Iglesia? ¡Porque fue un varón de fe! Pedro tuvo una fe generosa, convencida, inquebrantable.
Y ¿por qué Pablo es un baluarte, una columna, en esos basamentos de la Iglesia de Dios? ¡Porque fue un varón valiente de fe intrépida! Pablo salió de su pueblo para dirigirse a otras culturas y tradiciones, a fin de que la buena noticia del Señor Jesucristo llegara hasta los confines de la Tierra.
Veinte siglos después, los cristianos seguimos reconociendo con profunda fe el ministerio del Papa y de los Obispos, no porque su vida de renunciamiento a los valores humanos, ni porque sean admirables en su religiosidad, sino porque Jesús ha querido que la salvación pasara a través de una comunidad que  se basa visiblemente en el servicio apostólico y de unas estructuras.
Que no son superfluas ni contingentes.
Entre las numerosas enseñanzas de la fiesta de hoy, también podemos aprender una lección  de sano pluralismo: que no es igual a mezclar la verdad con el relativismo. Pedro y Pablo tenían rasgos desiguales y una historia muy diferente, ambos con defectos, pero los dos amaron con heroísmo a Jesús, se dejaron conducir por su espíritu y fueron los instrumentos elegidos para edificar la Iglesia, en la fidelidad estricta al mensaje de salvación.
Los cristianos de este comienzo del tercer milenio, ¿No deberíamos espejarnos en ellos?
Finalmente, el Evangelio narra que, en una ocasión, Jesús se hallaba en la popa de una embarcación, durmiendo sobre el cabezal y se desató un fuerte viento. Los apóstoles lo despertaron y le recriminaron: ¿no te importa que nos ahoguemos? y Jesús increpó al viento y al mar, y sobrevino una gran calma ( MC 4,35-41).
Ciertamente, ha sido una enseñanza concreta. En la barca de la Iglesia de Dios, guiada por el sucesor de san Pedro y por los demás Obispos, sacerdotes, suele haber tiempos de tormentas, pero todos creemos firmemente que el  mismo Jesucristo está en su Iglesia, como El lo prometió.
Querido lector:
¡Jesús está desposado con su Iglesia y la conduce a través del ministerio del Papa Francisco y de los Obispos, hasta el fin de los tiempos! ¡Cristo Jesús sea por siempre bendito  y alabado en el Santísimo Sacramento del altar y la Virgen María sin pecado original! Amén.
¡Viva la Patria Argentina y  bendecida en los valores del Santo Evangelio.
Tiempo Pascual: Aleluya Cristo Jesús ha resucitado.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
Seguinos en Facebook y Twitter

Te puede interesar