Una grieta muy resistente

Editorial 25 de mayo de 2019 Por
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La Argentina conmemora hoy un nuevo aniversario de la Gesta de Mayo de 1810 cuando luego de una semana de deliberaciones comenzó a imponerse la idea de romper las cadenas con España a partir de una Revolución a la que le seguiría la guerra por la independencia ya que el país europeo no aceptó la decisión de los primeros patriotas. Hoy se cumplen 209 años de aquel 25 de Mayo que marcó una ruptura con lo establecido hasta ese momento en el marco de días agitados que tuvieron como epicentro el emblemático Cabildo de la Ciudad de Buenos Aires, ese que aprendimos a querer desde chicos a partir de las primeras nociones de historia que recibíamos en la escuela.
Un día como hoy un grupo de patriotas con liderazgos consagrados por la historia oficial se resolvió dejar atrás la etapa de colonia española y empezar a construir una nación con instituciones propias y un desarrollo económico que garantice oportunidades a todos sus habitantes. No fue nada sencillo sostener la Revolución porque implicó formar un ejército propio que plante batalla ante los "soldados realistas" en un territorio que aún no estaba organizado como país más allá de la voluntad de un puñado de provincias. ¿Quién podría solventar los costos de formar y mantener las milicias para luchar por la independencia? Una pregunta que no es menor sino todo lo contrario, esencial.
En aquellos días de intenso debate en la plaza frente al Cabildo y en otros ámbitos hubo distintas posiciones sobre lo que se debía hacer. Y con el transcurso de los años se fueron dando, no sin dificultades, pasos hacia la Declaración de la Independencia en 1816 y más tarde con la aprobación de la Constitución de 1853 de Santa Fe de la Vera Cruz. En el medio se sucedieron distintas grietas que marcaron la historia Argentina durante 209 años. Quizás siempre fue la misma grieta pero con disfraces distintos y protagonistas según la época, unitarios o federales, radicales o conservadores, peronistas o radicales, peronistas o antiperonistas, militares y más recientemente kirchneristas y antikirchneristas.
En conclusión, con mayor o menor profundidad, siempre hubo grietas entre los argentinos que, según la percepción actual, le han hecho daño al país y han impedido establecer un rumbo definido en busca de un desarrollo armónico con igualdad para todos y óptimos niveles de calidad de vida.
A los extranjeros les cuesta entender cómo un país con capacidad para producir alimentos para 400 millones de personas, esto es diez veces más de la población propia, muestre indicadores tan magros en materia de desarrollo económico y social. Más de 30 por ciento de los habitantes son pobres o indigentes es el registro inadmisible entre tantos otros que no se debe tolerar y debe obligar a la rebeldía. Solo recordar que hace menos de cien años aquella Argentina concebida como un granero del mundo figuraba entre los cinco países más importantes del mundo.
Ahora mientras se suceden los distintos gobiernos en la Casa Rosada y el Congreso, entre otras instituciones de la democracia, la radiografía de la Argentina refleja que estamos en el mismo lugar que ocupábamos décadas atrás. No hemos avanzado sino que retrocedimos con los costos que eso implica en materia social y eso de que estamos condenados al éxito suena cada vez más a una utopía que a una posibilidad real.
El escenario electoral presente confirma la continuidad de esa grieta maléfica que todo el tiempo separa y ni siquiera permite avanzar en un núcleo de coincidencias básicas sobre las que se podrían asentar políticas de estado, esto es programas de desarrollo que se mantengan firmes pese al tiempo y los gobiernos. En todo caso, dado los resultados, pareciera que estamos condenados al fracaso. De todos modos, adjudicar la absoluta responsabilidad de nuestras derrotas a la clase política es un error, porque en realidad todos perdimos, antes y ahora, ya que optamos generalmente por imponer las cosas postergando el diálogo y el consenso como las auténticas herramientas de la transformación social positiva. 
Las grietas se las han ingeniado para sabotear el destino de grandeza de la Argentina. ¿Lograremos alguna vez torcer la historia? Por lo pronto, hoy es 25 de Mayo y por tanto manda recordar la gesta patriótica de hace 209 años pero también reflexionar sobre qué es lo que debemos hacer para encontrar la salida de ese laberinto, recuperar la libertad, definir un modelo de país para 45 millones de habitantes y laburar duro para alcanzar ese objetivo. 
Respecto a esta fecha tan especial, Rafaela ha efectuado un homenaje de enorme magnitud a esta fecha patria ya que ha bautizado su coqueta plaza central con el nombre "25 de Mayo", definido como el lugar de encuentro de los rafaelinos y el espacio para celebrar alegrías o incluso protestar y canalizar broncas. Hoy aprovechemos la plaza donde habrá fiesta para priorizar lo que nos une, dialogar y ponernos de acuerdo. 

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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