Sensaciones y sentimientos

Sociales 21 de mayo de 2019 Por
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CURIOSIDADES DEL RATING
Habrá notado el lector atento (por lo menos eso esperamos) que, teniendo en cuenta la tendencia a defender nuestra lengua que habita estas páginas, al mencionar el modo de medición de audiencia se ha usado la palabra en inglés.
Hay una explicación. Nosotros, animales de costumbres, adherimos casi automáticamente a palabras de otros idiomas para funciones o circunstancias nuevas. Así, decimos “casting” con naturalidad pudiendo expresar más claramente “selección”, sin cuestionar ni pensar qué vocablo es el que corresponde a nuestra lengua. Por eso hemos admitido cambios como “delivery” (claramente “reparto” en castellano), o “comic” en reemplazo de la tan apreciada en la infancia “historieta”.
En tal situación, está la admisión incuestionable a palabras que expresan nuevas realidades. Con la televisión -también se usa en radio- llegó una necesidad puramente comercial: saber cuántas personas miran los programas y, de ese modo, los fabricantes de productos o servicios pueden conocer que programa convoca a más audiencia y de esa forma hacer más rentable la publicidad.
En un principio las mediciones de audiencia eran para uso exclusivo de los medios o agencias publicitarias y no estaba permitida su difusión al público masivo, todo por la obvia razón de que los receptores de mensaje (oyentes o televidentes) no se sintieran tentados a mirar más a los programas con más rating que otros, ahora llamados “competidores”.
La línea que establece la ética de hasta cuánto, fue cruzada y arrasada; en estos días se llegó al punto de establecer niveles de audiencia, no ya de un programa entero sino de momentos o apariciones de tal o cual personaje público, sea de los que han generado trayectoria o que su único currículum sea una sucesión de hechos reprobables o directamente afuera de la ley. La capacidad de crear polémica pasó a generar más audiencia y hasta hacerla masiva. Dicho claramente, se puede decir que ahora el público casi ni mira lo que de verdad le gustaría ver: decididamente elige lo que está al tope del rating, horario por horario y consume con avidez noticias sobre la competencia del rating.
¿Es necesario recordar que esos elementos, por intentar que la publicidad genere más ganancias, han producido una baja más que notable en la calidad de los programas? Por lo demás, se dio el caso de que algunos, si al término de dos o tres emisiones no alcanzaron el nivel pretendido por los inversores, directamente se hayan “levantado”.
Para que sean masivos, debe bajarse la calidad de los contenidos. Les Luthiers, quienes se negaron sistemáticamente a ingresar a la televisión, lo dicen claramente y popularizaron en uno de sus espectáculos a un supuesto programa de concursos donde “el que piensa, pierde”.
La televisión y la radio dejaron de ser modelos de comunicación y el retorno a los buenos usos parece fuera de los objetivos: las palabras ordinarias están reemplazando la riqueza de las que sugieren.
Curiosamente el vocablo rating, en la lengua de Whitman y de Twain, no tiene el significado que se le está dando en la Argentina. Figura en los diccionarios inglés-español como “clasificación, grado, rango”.
Lo cierto es que aun admitiendo un cierto parentesco en la significación, el uso que se le ha dado entre nosotros no sugiere la idea de porcentaje de audiencia.
Para completar el concepto, no tiene el rating suficiente para considerarla sinónimo.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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