Todo es posible

Notas de Opinión 20 de mayo de 2019 Por
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Sorprendió Cristina Kirchner con el anuncio, en tiempo y forma. Es que no se esperaba que lo hiciera tan anticipadamente al vencimiento de plazos, aunque la gestión para una posible ampliación de base con el resto del peronismo desperdigado así lo exige, como así también con su propio corrimiento al segundo lugar de la fórmula detrás del ahora fiel ladero -aunque no tanto, pues tiempo atrás fue duro crítico de la gestión cristinista- Alberto Fernández. Una disposición que es inevitable de no relacionar con "Cámpora al gobierno Perón al poder" de las elecciones de marzo de 1973, que provocaron durante su breve paso por la presidencia hechos tan negativos. Más en lo contemporáneo, cuando Scioli fue candidato en 2015, se ponía bajo sospecha quién tendría el control de las decisiones una vez llegado al poder, incluso por haberlo rodeado con Zannini como vice.
La ex presidenta barnizó la fórmula, buscando así los objetivos de facilitar el acercamiento de los gobernadores que hoy tienen reparos, seguir teniendo el control del armado de listas junto a su hijo Máximo y facilitando el ingreso de militantes camporistas, achatar posibilidades de otros aspirantes a las candidaturas evitando internas, además de desteñirle en parte la puja electoral que aspiraba el macrismo entre Cristina-Macri. Y por sobre todo desviar el rumbo que hoy tienen las causas judiciales por corrupción durante su anterior gobierno, con varios de quienes fueron sus funcionarios de confianza detenidos, y con ella misma exceptuada de perder su libertad por los fueros que la protegen pero con 11 procesamientos y el primero de los juicios por iniciarse pasado mañana, cuando deberá sentarse en el banquillo de los acusados junto a De Vido, Lázaro Báez y José López,  con la foto tan temida que promete recorrer el mundo e instalarse como sello de la campaña electoral.
Sin embargo, aún con esta nueva instancia dentro de la vorágine que es el presente político, nada parece haber cambiado demasiado. Es que pensar en una Cristina alejada de las decisiones resulta algo ilusorio, incluso al lado de un Fernández que representa mayor moderación, pero que hace días nomás mostró un costado que lo aleja de ese perfil y lo acerca mucho más a la confrontación y la venganza cuando levantando el pulgar advirtió a los jueces que están en las causas de corrupción de Cristina que deberán rendir cuentas de sus acciones. Y si ya estaba al tanto de su posibilidad de ser presidente, vaya entonces que esa amenaza ahora adquiere un tamaño desmesurado.
Esa celeridad que tienen los acontecimientos, si bien coparon estas últimas horas con la novedad, experimentará otro fuerte empujón el martes cuando comience el juicio por la defraudación al Estado de 46.000 millones de pesos con la obra pública, en cuya causa Cristina Kirchner está señalada como jefa de la asociación ilícita. La ahora precandidata a la vicepresidencia debería estar presente mañana, luego de la confirmación de inicio que tuvo numerosas chicanas judiciales, políticas y de toda especie para postergarlo, incluso la última y más reciente con  la Corte Suprema como protagonista, tras requerir el expediente la semana pasada, pero que luego ante la avalancha de durísimas críticas desde todos los costados -excepción de los K- resolvió reintegrarlos más rápido que un rayo,  aclarando que el juicio no sería suspendido. Actitudes como esta no hacen otra cosa que abrir el camino a la insólita propuesta del cristinismo, tanto sea de Mempo Giardinelli como de la propia Cristina, de hacer una nueva Constitución y eliminar al Poder Judicial como tal reemplazándolo con un servicio de justicia. Por algo el Colegio de Abogados de Buenos Aires advirtió sobre el riesgo de "una severa crisis institucional".
De todas maneras y viendo como fue pendulando la  justicia -un poder devaluado en la consideración pública- en los últimos años,  acompasada al poder de turno, es imposible aventurar el destino que tendrán estos juicios, e incluso los detenidos, según sea el resultado electoral de octubre. 
Lo cierto es que esta modificación del escenario electoral dará paso a otras tantas. Incluso con el oficialismo adentro, donde también se vive una gran agitación, con la esperanza casi única de revertir la perspectiva económica. Nada puede ser materia de descarte, por algo  estamos en una Argentina donde todo es posible.

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