Sensaciones y Sentimientos

Sociales 07 de mayo de 2019 Por
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CALLE CORRIENTES, LA AUDICIÓN DE RADIO
“Corrientes, calle Corrientes / hay un rumor de tangos en tu ambiente / Corrientes sentimental /eres la calle más tradicional”, decía en tango la apertura del programa.
Si Buenos Aires tiene todo lo que pueda esperarse encontrar y también más, es natural que su joya de calle, también sepa –mejor dicho haya sabido- lo que es expresarse en onda de radio.
“Calle Corrientes” fue una creación de Roberto Gil, un sensible y talentoso periodista, profesor, escritor, guionista, autor de radionovelas y locutor que, de tan original y diferente, nació un 29 de febrero cuando el siglo veinte era apenas un niño de 8 años.
Calle Corrientes salió al aire por radio Splendid desde 1955 hasta 1969 los sábados de 14 a 15, y tuvo también su incursión en televisión por “canal 7 en 1972. Se iniciaba con un filoso monólogo del autor. Un ejemplo: del día de la madre decía “una madre es esa persona con la que vamos al cine cuando somos niños y que, al ser grandes, no la llevamos al cine precisamente porque es nuestra madre” Al haber recibido un premio del Fondo Nacional del Arte, dijo que agradecía esa distinción y que le llegaba en el momento en que su arte estaba tocando fondo.
Como se lee, ironizaba sobre él mismo. La locutora lo anunciaba como Erregé, el “incobrable” (reemplazando al buen elogio de la época que era decirle de alguien “impagable”) “la voz afónica de América, en la plenitud de su afonía, que trae un libreto a la radio y lo tira por el aire”.
Lo notable de ese programa, catalogado como “humorístico”, eran sus personajes profundamente humanos, tomados de los anónimos y comunes habitantes, casi reales de la sentida calle. Ellos contaban sus vivencias en esos sábados personificados por destacados actores de teatro (de calle Corrientes, por supuesto) como Inda Ledesma, Zelmar Gueñol –uno de los ex Grandes del Buen humor- Oscar Casco, Guido Gorgatti, Chela Ruiz, Adolfo García Grau, Juan José Miguez y Juan Carlos Altavista, entre tantos notables del momento y de un presente cercano.
¿Quiénes eran algunos de esos palpitantes “muñecos”, así llamados por Roberto Gil?
“Pamela, la sin puntos ni comas, la que se está salvando porque tiene un Dios aparte”, trabajaba para un quinielero (clandestino, claro) atendiendo el teléfono y anotando los números en clave para “el artista del lápiz”, es decir su patrón, quien la advertía sobre los “lances” que “se tiraban” con ella los que pasaban apuestas por teléfono. En una oportunidad ella dijo “si” tres veces seguidas y su patrón le avisó: “estás diciendo demasiados sí seguidos, Pamela”, a lo que ella respondió que era cierto pero ahora empezaban los “no”, y dijo a continuación “no” “no” “no”.
Otro emblemático fue “Pepe Pérez y Pepe” quien aludía a personajes políticos de la época tangencialmente. “¿Vio?” ¿El que usa anteojos negros, que era contraalmirante y ahora lo ascendieron a almirante?” Si no me aclara…, decía el otro. Continuaba el primero “si a un contraalmirante lo ascienden a almirante, deja de ser “contra”, ¿entiende?, y el segundo respondía “no sé de qué me habla” y el primero cerraba con “¿Qué me quiere hacer decir usted, eh?, y el segundo también “¿eh?”
El tiempo, desaprensiva montaña de almanaques insensibles, dejó –con la complicidad de la casi inesperada irrupción de la televisión- en un injusto ángulo oscuro esta memorable, irrepetible creación. La calle Corrientes (perdón, porteños, avenida) ha renacido y se hizo imprescindible el emocionado reconocimiento a la audición, la que bien podría identificarse como “la que nació en el aire y vive en la gente” y también (¿por qué no?) la que para definirse no necesita puntos ni comas.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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