Precios y controles

Notas de Opinión 14 de abril de 2019 Por
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PRECIOS. Un acuerdo breve podría funcionar, un control va al fracaso. FOTO VENEZUELAALDIA
PRECIOS. Un acuerdo breve podría funcionar, un control va al fracaso. FOTO VENEZUELAALDIA

Acuerdo de precios, congelamiento, cuidados -tal vez descuidados les caería mejor-, o como fue hace muchas décadas agio y especulación. Lo cierto es que cualquier nombre que se le ponga, el sistema termina siempre en fracaso, de eso tenemos experiencias de sobra los argentinos, si bien en realidad se debería dejar en claro que el verdadero problema no son los precios, es la inflación. Partiendo de la premisa tan simple, como para evitar complicaciones en la explicación, es que no se puede gastar más de lo que se genera.Y  aquí lo venimos haciendo sistemáticamente y bajo todos los gobiernos que pasaron en los últimos 80 años, estando a la vista cuáles fueron los resultados. Un país que necesita respirar permanentemente con el pulmotor.
Las encuestas que vienen dando tan mal para el gobierno -y otras señales como la de ese trabajador que le dijo a Macri en la cara "hagan algo, por favor"-, con la urgencia de elecciones que están ahí nomás a la vuelta de la esquina, derivaron en este mini plan de asistencia para los más angustiados, que apunta a dar una cierta tranquilidad durante estos meses. Hay préstamos en curso -con dinero que como siempre sale de ANSeS-, aumentos de las asignaciones, mejoras de los planes -sería bueno extremar los controles para evitar la sangría que le hacen los líderes de organizaciones piqueteras-, pero como premisa central un acuerdo para que no aumenten durante un semestre los precios de algunos alimentos básicos, al que se busca evitar se identifique como congelamiento o control, aunque lo sea. Es que tales prácticas van en contra de todo lo que vino predicando el gobierno este tiempo.
Es saludable que se haya fijado un plazo de 6 meses, ya que esta clase de medidas irremediablemente terminan siendo negativas por donde se las mire. El primer impacto es el desabastecimiento y después viene la tarea de controlar, casi imposible de llevar adelante, salvo tener un funcionario que ande con la pistola en el cinto o un par de guantes de boxeo al alcance, como sucedió no hace mucho. Lo que no impide que más tarde o más temprano, todo vuelva a su cauce, es decir, que toda la inflación reprimida explote de una sola vez. Con hacer un poco de memoria alcanza y sobra.
Negativo también, donde las reacciones aquí son tan rápidas para neutralizar cualquier iniciativa, ha sido que se anuncie con tanta anticipación este programa, pues los precios han tenido estos días una aceleración mayor a la acostumbrada. El bendito colchón que siempre preparan aquellos que deben resignar algo, como para que la espuma, o antes la lana, la sigamos poniendo los consumidores.
Cómo será de antiguo, y sin cuentos, esto de los congelamientos de precios, que según registra la historia se utilizó por primera vez en el año 300 en el imperio Romano, por entonces bajo el dominio de Dioclesano, a quien se le habían desmadrado los gastos e incurrió en una alocada emisión de la moneda de entonces. Tal como ahora, los precios se fueron a las nubes, la gente no podía comer y los reclamos eran cada vez más intensos. ¿Qué se le ocurrió al emperador Dioclesano? Congeló los precios. Al tiempo no había más alimentos,  el desabastecimiento tan mentado, quedando visto que el remedio fue peor que la enfermedad. Fracaso total. Desde entonces, y aquí en la Argentina hemos tenido muchas experiencias frustrantes, una metodología parecida se implementó a lo largo de los más de 1.700 años transcurridos, en diversos países del mundo. Siempre concluyeron mal, la mayoría aprendió la lección, otros pocos en cambio como nosotros al parecer seguimos insistiendo.
Es verdad que existen atenuantes, pues algo se debe hacer, más cuando se anuncia que la extensión del acuerdo será sólo por 6 meses, pero la pregunta que queda flotando es ¿y después qué? Acaso se estarán dando el tiempo suficiente para que aparezcan los brotes verdes... 
Mientras tanto el país sigue andando, aunque el término utilizado sea más una manera figurada que otra cosa. Las elecciones en marcha, las que vienen y las que vendrán, parecen estar incluso por sobre los problemas más urgentes, con octubre como corolario de un cronograma en el cual la Argentina pone muchísimo en juego. Seguramente mereceríamos una oferta mucho mejor, pues hasta ahora la disyuntiva parece ser ser votar en contra y no a favor.



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