Sensaciones y sentimientos

Sociales 09 de abril de 2019 Por
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UN INCENDIO EN TANGO
El tango estuvo siempre abierto a todas las variables del sentimiento y es lógico; es un relato de cómo ha transcurrido la vida y, a partir de ese momento, de cómo será vivida.
En los años 50 algunos autores –muchos de ellos exquisitos poetas- tomaron temas de las problemáticas existenciales de la época y así surgieron los tangos “irreverentes” y, dentro de ese grupo, los pasionales acompañando a los que exaltaban el sentimiento puro.
Uno de ellos es muy curioso y “raro”. No fue erótico en el modo de los demás del género, pero sí la exaltación máxima de la pasión. Se llama “Rosa de fuego”
“Rosa de fuego los hombres la llamaban / porque sus labios quemaban al besar / y eran sus ojos dos ascuas que abrasaban / y era un peligro su amor ambicionar / Cuantos lograron por ella ser mirados/ y de sus labios bebieron el placer / todos quedaron como carbonizados / entre los brazos de tan bella mujer /Rosa de fuego feliz vivía – Rosa de fuego se divertía – hasta tenía vanidad / de su diabólica maldad / Rosa de fuego los arruinaba / Rosa de fuego los calcinaba / y al ver sus víctimas caer /se reía la mujer”
“Mas cierto día cruzóse en su camino / un hombre frío de hielo el corazón / Rosa de fuego luchó contra su sino / e inútilmente luchó con su pasión /El hombre aquél con sangre de serpiente /de su mirada el fuego resistió /y de sus labios aquel beso candente / se dominaba y esclava se encontró / Rosa de fuego ya no reía / Rosa de fuego se consumía / se le abrasaba el corazón / en el volcán de su pasión / y el hombre frío la despreciaba / y el hombre frío la maltrataba / Rosa de fuego aún al morir/ lo sentía reir…”
La repercusión de Rosa de Fuego, de Manuel Jovés y Antonio Martínez Viérgol, surgió tan abrasadoramente como la llama de intensidad con que fue escrito. Las orquestas la tocaron y grabaron (la de José Basso lo hizo con canto de Héctor de Rosas); había llamado la atención por la potencia agresiva de su letra. Su impacto exitoso no impidió, sin embargo, que algunos consideraran que la letra exageraba del sentimiento en sí y también la historia relatada: hasta hubo quienes la satirizaron entendiendo que ese sentimiento y esos hechos no podían darse así y por lo tanto, lejos de conmover, provocaba una curiosidad llena de inverosimilitud.
Las vivencias exaltadas que muestra Rosa de fuego podrían también haber dado lugar a una obra de teatro o una película, tal es la fuerza que sigue teniendo hoy la anécdota contada. Por lo demás es un referente de cómo el tango, tal vez por los cambios de la ciudad que la hacían ya brillante y alegremente viva, estaba reflejando universos muy distintos a los surgidos del arrabal y sus fuertes personajes. La luz vibrante, viva del centro había opacado la poesía quieta del farolito.
Rosa de fuego no fue un producto típico de la ciudad. Lejos ya de la “mina” poco agradecida a su barrio que se dejó seducir por el brillo musical y el francés, empieza a mostrar a la mujer del nuevo tiempo que se insinuaba, con fuerza en su propia personalidad y rompiendo de un solo golpe todos los moldes de sujeción que se le habían impuesto. Pero ese mismo tango que la exhibe en su liberación vuelve a condenarla: Rosa se somete finalmente al machismo convencional representado por el hombre frío, de hielo el corazón y sangre de serpiente. Musicalmente, otra historia de tango.




Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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