Baltazar Garzón en FESTRAM

Locales 08 de abril de 2019 Por
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“Renunciar a los avances es lo peor que puede producirse en una sociedad en democracia: los movimientos sindicales, la lucha por la consolidación de los derechos humanos no son enemigos, sino que son actores que deben coadyuvar” indicó el magistrado. Además, hizo hincapié en la resistencia del Poder Judicial ante el avance de las grandes corporaciones internacionales.
En el marco de una charla sobre Judicialización de la Protesta Social visitó la sede de FESTRAM el jurista español Baltasar Garzón. Lo acompañaron Claudio Leoni, secretario general de FESTRAM, Matilde Bruera, cofundadora de Justicia Legítima, Mario Galizzi de APyME y Marcelo Morilla de la Fundación CEIBO. Al encuentro asistieron profesionales del derecho, trabajadores, representantes de la justicia y derechos humanos.
Para iniciar y enmarcar la temática, el titular de FESTRAM hizo una breve reseña sobre la persecución política de sectores opositores y movimientos sociales tanto en nuestro país como en la región. “Sectores de la justicia son hoy instrumentos directos de la opresión del pueblo argentino y de la persecución en toda Latinoamérica de gobiernos populares”, expresó.
A su turno, la Dra. Matilde Bruera recordó que “en Argentina todos sabemos cómo se transitó la lucha y la resistencia contra la Dictadura y cuando estaban instaladas las leyes de impunidad se nos abre la esperanza con los juicios en el exterior y, sobre todo, los juicios iniciados por el Dr. Garzón bajo el principio de Justicia Universal”.
La alocución del disertante giró en torno a las grandes corporaciones mediáticas que tratan de obtener una posición prevalente influyendo sobre jueces o desarrollando campañas de acoso. “La tensión entre el Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial no es extraña, ni siquiera es mala, lo que no podemos consentir es que uno se imponga a los otros”, expresó, al tiempo que recordó que su primer abordaje con la justicia argentina no fue por hechos de lesa humanidad, sino por un caso de narcotráfico y lavado de activos en el año 1991, el llamado “Yomagate”.
“Para quienes estábamos fuera, aquellos hechos heroicos fueron importantes, la resistencia de esos fiscales -quebrantando las tensiones que había- querían ayudarme y me decían “ojo que tal funcionario está bloqueando la iniciativa, la orden de detención internacional”, rememoró, y destacó que gracias a advertencias de este tipo pudieron continuar los procesos de justicia universal.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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