Inflacionitis

Notas de Opinión 17 de marzo de 2019 Por
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Definitivamente, después del 3,8% del segundo mes del año, del acumulado 6,8% del incipiente 2019 y de la interanual de 51,3%, los argentinos sufrimos de inflacionitis crónica, con picos muy agudos que no sirven para otra cosa más que para mantenernos siempre presente que la inflación no tiene sanadores, al menos por ahora. Ni estos actuales, ni los anteriores. Las causas que la provocan son muchísimas y todas hacen su parte, aunque el verdadero origen, el que casi todos conocen y proclaman pero que una vez en el gobierno nadie pone en práctica, es que desde hace demasiado tiempo -medido en décadas- vivimos de prestado. Se gasta más de lo que se genera, y así no hay quien aguante. Trasladando la compleja ecuación país a la más sencilla del hogar, seguramente la comprensión será mucho más simple. Basta en su casa gastar más de lo que ingresa y en poco tiempo se verán los resultados. Terminará debiendo a cada santo una vela. Así está la Argentina.
Veamos algo reciente. Todos sabemos el impacto del dólar en la economía. Sube los precios, licua el poder adquisitivo del salario, lleva las tarifas a las nubes -que aquí para colmo fueron dolarizadas-, con todas las consecuencias a la vista como masiva pérdida de empleos, cierre de fábricas y comercios, suba de la pobreza, en una lista de hechos negativos que podría prolongarse indefinidamente. ¿Cuál es la respuesta? Disponer de casi 10.000 millones de dólares que prestó el FMI para salir a vender divisas y así tratar de sostener una cotización razonable hasta las elecciones de octubre. ¿Y después? esa será otra historia, aquí siempre se piensa en mañana, nunca en largo plazo, ni siquiera mediano. Tengamos en cuenta que esa enorme cantidad de dólares es lo estimado que se esperaba ingresar en el inicio por la cosecha. Ah, y que en algún momento habrá que devolverlos, además de pagar los intereses puntualmente, pues ya hemos visto las consecuencias de negar la deuda, el Adolfo mediante. Que después de aquella desquiciada medida que todo el Congreso aplaudió de pie y a grito pelado, siguió siendo elegido senador. Como Menem, tras ser condenado por la venta de armas a Ecuador. O más cerca como Cristina, que aún debe las explicaciones sobre la corrupción y su enorme fortuna familiar. Lo casi olvidado de abogada exitosa no alcanza, menos aún lo más vigente de la persecución política, incluso utilizado para justificar enfermedades. Además, olvidando persecuciones en serio, como fueron bajo su presidencia a Marcela y Felipe Noble.
Mientras tanto, como puede y con muletas, el país sigue andando. Con muchísimas elecciones hacia adelante, culminando con las presidenciales de octubre, donde la perspectiva es oscura, por utilizar una calificación generosa. En el barrio se diría que deberemos optar entre Guatemala y guatepeor, nunca por los mejores, sino por el mal menor. Al menos esa es la oferta, y tal las cosas no se esperan novedades que puedan modificar este escenario.
Aunque en realidad, estando de por medio CFK hasta último momento nunca se sabe, es una maestra de la intriga, arreciando ahora sus más cercanos con la posibilidad de un renunciamiento para unir al peronismo y asegurar el triunfo ante Macri, a quien en realidad una contingencia así es lo peor que podría pasarle. Una versión que se dice muy firme, aunque poco creíble estando la ex presidenta de por medio. Con revisar antecedentes es suficiente para descartar que por más misterio que rodee a la cuestión, su aspiración es volver a la Rosada. Y no estamos pensando en el "ministerio de la venganza" como dejan trascender algunos de sus laderos.
Pero además, siguen ocurriendo cosas, que en cierta manera nos estampan en el rostro la decadencia, como una bofetada. No es otra cosa el ver la despedida funeraria de pibes chorros a tiro limpio. Decenas de jóvenes delincuentes con toda clase de armas -las que luego usan para delitos, incluyendo asesinatos-, disparando al cielo. Mafia pura, dejando saber que seguirán en lo suyo. ¿Y la policía, la justicia? Después nos alarmamos de los motochorros, que disponen de impunidad casi absoluta. Cuando son detenidos, salen a las pocas horas, sin sanciones. Y ni decir cuando se trata de menores, reintegrados al control de sus padres, que muchas veces son los que los mandan a delinquir.
Con sorpresa hemos visto que los obispos argentinos le propondrán al papa Francisco que "no se prive de la alegría" de visitar la Argentina, luego de 6 años de papado. ¿Qué responderá?

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