En busca de… Hugo Jiménez, bailarín

La Palabra 16 de marzo de 2019 Por
Vieja danza querida Salteño de pura cepa, y dueño de una trayectoria para destacar, estudió en su ciudad natal, aprendió de Santiago Ayala “El Chúcaro”, formó su propio ballet, y allí conoció a su compañera de baile que sería su esposa y madre de sus hijos. Recorrió el país y el mundo, pero fundamentalmente su vocación docente le permitió formar la escuela que hoy sigue brindando egresados que llevan las coreografías por todas las latitudes. Ameno, gentil, locuaz, respondió a LA PALABRA todo sobre su vida artística.
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1 / 4 - archivo Hugo Jiménez - Estampa salteña: La mirada firme de Hugo Jiménez desde el cerro emblemático

LP - ¿Qué se aprende de una persona como Santiago Ayala?

H.J. - Con él se aprende  a saber cómo se tiene que producir un espectáculo, cómo se llega, pero siempre por la derecha, nunca tratando de ser especulador en nada, él nunca fue especulador. Esa es una parte y la otra parte es estudiar mucho. Me sugirió que estudie flamenco, clásico, danza moderna, zapateo americano, todo. No solamente folklore. Y yo lo hacía porque tenía tiempo y la edad justa. En el sesenta y nueve me dice que el año siguiente me iba a presentar en Cosquín como coreógrafo. Y con ese cuadro gané la Consagración de Cosquín en el año sesenta y nueve. Ese año fueron consagrados también Víctor Heredia, Los Indios Tacunau, Los Altamirano, y alguno más. Y el Chúcaro me dice: “Huguito acá no va a hacer carrera como coreógrafo porque está Norma en ese tema. Para que no tenga problemas haga su propia carrera”. Y me fui a Salta, allí armé un ballet y nace el Ballet Salta. Allí estaba Rodolfo Rodríguez, primer bailarín del teatro Colón que fue partener de la gran bailarina mundial Alicia Alonso, me ayuda a formar a los chicos en la parte técnica de clásico y tener un buen aporte para eso. Porque la palabra ballet es eso, si no está lo clásico no podés llamarte ballet, llamate conjunto de danza. Y en eso me hago amigo de Jaime Dávalos que estaba viviendo en Salta. Un gran amigo. Y él me empieza a cambiar la mente y me dice: “Hugo, vos venís del cordobés -como le decía al Chúcaro- que ya tiene su estilo, y ahora vos tenés que ser vos. Vos nunca te has vestido de salteño, ahora tenés que empezar a vestirte de salteño, no como él de sureño”. Me empieza a hablar de mi familia que conocía a todos y a mi mamá. “No le pongas tu nombre al ballet”, me decía y pensaba, “Ballet Salta”. Así que él le puso el nombre. Esas cosas de la vida que se dan siempre encontrando gente grande que ponga algo para pensar y para razonar. Lo que me enseñó mi maestro le tengo que transmitir a los integrantes  para que ellos puedan hacer eso. Y ahí nace. Entre esas chicas que se presentaron como postulantes para integrar el ballet aparece Marina que bailaba clásico y era una gran deportista, que en ese momento se llamaba Ivone Tondini. En el setenta debutamos en Tucumán después de un año de ensayo con el representante de Palito Ortega llamado José Bernal. En el setenta y uno nos vamos a Buenos Aires. En ese tiempo, y para sustentar todo lo que estoy contando, yo era integrante de Los Bombos Tehuelches con Ismael Echeverría, así que iba a Buenos Aires a la televisión con el dúo y volvía a Salta. En canal Trece conozco a Juan Carlos Mesa que era productor importante, le cuento del ballet, me hizo ir, y empezamos en la televisión durante dos años con Héctor Larrea, Luis Landriscina, Hugo Díaz, Pepe Pirro, Omar Moreno Palacios, era un elenco bárbaro todos los domingos al mediodía.

LP - Era “Sol, asado y cuentos”…

H.J. - ¡Cómo te acordás! Vos eras chico en ese tiempo… Pero te gustaba. Y allí, Larrea había debutado como conductor. Para mí, la suerte siempre estuvo dándome una mano muy grande. Y cuando fuimos a Buenos Aires con Ivone, bailábamos en la peña El hormiguero en pareja para sustentar el ballet. Cuando debutamos va el Chúcaro a verme con mi nueva pareja, y cuando escucha que anuncian a Ivone, me llama y me dice: “Ivone no, es un nombre francés”. Dígaselo a ella, le respondí. “Perdone Ivone, ¿qué otro nombre tiene usted?” le pregunta a ella. Y le responde: “Me llamo Marina Ivone”. “Bueno, de hoy en más usted se va a llamar Marina y olvídese de Ivone”, le dijo el Chúcaro. Así me bautizó el Chúcaro: Marina y Hugo Jiménez. Al año siguiente nos casamos.

LP - ¿Allí ya estaban instalados en Buenos Aires?

H.J. - Sí, nos instalamos en Buenos Aires. Y empezamos a trabajar  muchísimo. Debutamos, después con Julio Márbiz en un espectáculo muy grande llamado El canto cuenta su historia en el teatro Odeón, después participamos en esa película también.

LP - ¿La docencia cuándo aparece?

H.J. - Cuando estábamos en el teatro Odeón, Marina estaba estudiando el profesorado de Folklore Nacional en la Escuela Nacional de Danzas. Cuando se recibe, se va a Salta a tener su primer hijo, y allí abre la escuela con profesores nacionales. Nosotros íbamos varias veces al año a supervisar. En Buenos Aires abrimos la escuela en el año ochenta. Y de ahí se hicieron alumnos, compramos un estudio de danzas para tener una escuela propia con un préstamo del Fondo Nacional de las Artes. Venían chicos de todas las provincias y muchos integraron el Ballet Salta.

LP - Y pueden concretar ese viaje a España tan añorado…

H.J. - Fuimos por primera vez a España contratados para un festival mundial en Huelva. Otra vez la suerte nos lleva al único canal de televisión de España, a la mañana, dirigido por José Hermida. La productora que nos atiende nos dice: “Oye ¿Ustedes bailan con las bolas?”. Sí, le digo, bailamos con las bolas, usted querrá decir boleadoras, porque no se llaman bolas. “¡Qué lástima, yo quería eso!”. Le mostramos lo que hacemos y usted dirá si nos quedamos o no. Nos hicieron quedar todo el programa, nos seguía la suerte, nos sentamos con Lola Flores y el actor José Carrasco. Empezaron los llamados para nosotros de Alberto Cortez, Luis Aguilé, músicos argentinos radicados en España. Y nos llama José Lata Liste dueño de Mau mau que vivía allá, nos invita a actuar a Marbella a una fiesta increíble. Allí actuamos con Los Quilla Huasi, y al término de la actuación estaban entre otros Lola Flores, Lolita, la condesa de Alba, princesas, y en primera fila Antonio el Chavalillo que era mi ídolo tanto como el Chúcaro que se sube al escenario y me abraza diciéndole a la gente: “¡Esto es arte argentino!”.

LP - ¿Qué se propuso con el Ballet Salta?

H.J. - Lo que más me importaba es que trascendiéramos no solo artísticamente sino como  formadores. Porque el Chúcaro fue un formador importantísimo. Muchos surgimos de él. Y los chicos de nuestro ballet también surgieron así. Muchos que están fuera del país nos invitan y están muy bien posicionados porque han hecho una cultura de la danza sana, sin entrar en cosas raras. Esa fue una de las partes más importantes que se lo debo a Marina que fue de la idea de armar una escuela. Y otra es que andando por el mundo, si íbamos a un lugar teníamos que volver, así fue con España durante diez años. Así recorrimos casi toda Europa. Después fue en Estados Unidos.

LP - ¿Cuál es el presente del Ballet Salta?

H.J. - Estamos en el tramo final porque hay una cosa que le pasó al Chúcaro que tuvo una visión muy buena. Cuando supo que ni él ni Norma bailaban más, la gente esperaba verlos a ellos en escena. Pero él donó su ballet a la Nación y se convirtió en Ballet Nacional. A nosotros nos está pasando lo mismo. Nuestros dos hijos no están en la danza folklórica. Tuve esa misma oportunidad pero no la vi.

Anécdota

Cuando nos casamos, fue en Salta, y elegimos al Chúcaro de padrino. El se fue a Salta, el diario le hizo una nota contando que era el padrino. Ese día la catedral de Salta estaba repleta de gente ¡que lo iba a ver a él! Fue una cosa inolvidable verlo entrar del brazo con Marina.

por Raúl Vigini

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