Editorial

La Palabra 16 de marzo de 2019 Por
La camisa del hombre feliz

Llega contento, con la alegría de encontrarse con alguien conocido, aunque esta fuera la primera vez que nos veíamos. Sin embargo, nuestro entrevistado, es así. Caminando por la calle de su barrio superpoblado, habla con acento provinciano como si estuviera frente al cerro. La charla intensa, con pocos silencios, permite ir descubriéndole su energía positiva. Y sonríe. Tiene tanto para contar de su vida que el tiempo le falta, pero repite muchas veces que la suerte siempre lo acompañó en sus logros. Es un agradecido que sabe atravesar con entereza la etapa que está viviendo. Y sonríe. Con una mirada retrospectiva, pero inteligente, ve el futuro. Y es allí donde le interesa llegar. Para que su experiencia quede impresa en la formación de los alumnos de su escuela, que fue producto de la inquietud de su compañera Marina. Aquella frase popular de resultado incierto esta vez quizás logre la respuesta. Verlo al bailarín sonreír y escucharlo, es encontrar la camisa del hombre feliz, pero en este caso sería la corralera.

Raúl Alberto Vigini

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