¡De todo resentimiento líbranos Cristo Jesús!

Sociales 14 de marzo de 2019 Por
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(Por Miguel Pettinati). - En cierta localidad, reinaba un clima generalizado de resentimiento: padre e hijos cargaban con el peso del rencor y, hasta en sus conversaciones domésticas, recordaban las diferencias con los demás. Unos a otros se recriminaban errores. (JLK)
Uno de los docentes, que tenía un grupo de alumnos con buenas inquietudes comunitarias intentó motivar en los jóvenes una actitud de apertura y solidaridad, para lo cual se valió de ejemplos y exhortaciones con el fin de que se liberasen de ese estilo de vida rencorosa.
Pasaban los meses y el resultado no se vislumbraba.
Entonces, planeó un ardid y se propuso ponerlo en práctica. Así fue que, al finalizar la jornada de clases, les pidió que cada uno y trajera, al día siguiente, un kilo de papas viejas y una bolsa de tela.
La curiosidad de los adolescentes permitió que cumplieran con lo requerido. El profesor volvió a referirse al tema en cuestión y les indicó que hicieran una lista de las personas a quienes tenían rencor y no habían perdonado. Luego, les propuso que colocaran el nombre de una de esas personas en cada una de las papas y las metieran en la bolsa.
Las papas no alcanzaron, pero se pasó a otro asunto.
Al llegar el final de la hora, el docente dio su última indicación: hasta nuevo aviso, todos debían llevar, siempre consigo a todas partes, incluso a la cama la bolsa con papas.
Cinco días después, los jóvenes se veían a sí mismos como ridículos y, con todo respeto inquirieron una explicación por parte del maestro, quien, a su vez, les pidió que relataran las dificultades sufridas. Los alumnos expusieron el fastidio debido al incómodo peso que debían acarrear, sin encontrar razones lógicas. Además, las papas comenzaban a pudrirse.
El profesor repuso: "todos tenemos papas inútiles y hasta podridas, en nuestra conciencia, cuando no logramos perdonar a quienes pudieron habernos ofendido". Y se tomaron las consideraciones, tantas veces truncadas por la dureza del corazón de aquellos adolescentes.
Las conclusiones fueron surgiendo con claridad y sencillez. Este ejercicio de cargar las papas "podridas" fue una significativa metáfora sobre el precio que cada uno paga por mantener el resentimiento a causa de cosas pasadas. Quienes no saben disculpar y perdonar, se atan a las personas con el resentimiento y se sumergen en la amargura, no tienen paz.
En efecto, el perdón es un don que viene de Dios y una experiencia de amor con El y nos libera de las pesadas cargas que sólo nos enferman el espíritu.
Dime: ¿con qué personas estás resentido? ¿A quiénes no quieres disculpar?¿Acaso eres tan perfecto que no sabes perdonar los errores ajenos?
Perdona de corazón, olvida para siempre cuánto te hayan hecho y que te haya disgustado.
Recuerda que la medida con que midas a los demás se usará para contigo (Mateo 7,2).
Querido lector: en este caminar hacia la Pascua, preparemos nuestro corazón, y así podremos navegar mar adentro de nuestra conciencia, para ver si encontramos algunas papas "podridas", hay que dejarlas al pie de la Cruz de Cristo Jesús. Amén.
Hay más: en esta Pascua "no regalemos solamente huevitos de Pascua", sino la luz de Cristo Jesús. Anunciemos la Resurrección que es el amor y la Misericordia. Amén (Mateo 28,1-10).

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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