Un rafaelino aportó para la exportación de biodiesel

Locales 12 de marzo de 2019 Por
Se trata de Carlos Querini, que recibió los premios “Houssay” y “Sábato” junto con siete investigadores del CONICET Santa Fe. Fueron distinguidos por sus aportes al conocimiento e innovaciones tecnológicas de impacto para la sociedad.
PROTAGONISTAS. El Dr. Carlos Querini (INCAPE/CONICET/UNL) y el Dr. Diego Milone (CONICET/FICH-UNL).
PROTAGONISTAS. El Dr. Carlos Querini (INCAPE/CONICET/UNL) y el Dr. Diego Milone (CONICET/FICH-UNL).
El Dr. Carlos Querini (INCAPE/CONICET/UNL), oriundo de nuestra ciudad, fue distinguido con el “Premio Jorge Sábato” por ser considerado un referente fundamental en Argentina en plantas de producción de biodiesel. En tanto, el Dr. Diego Milone (CONICET/FICH-UNL), fue galardonado con el “Premio Houssay” por su sostenida producción científica y su significativa actividad de transferencia tecnológica de alto impacto hacia el sector productivo especialmente en el área de la salud. Ambos son docentes de la UNL.
Desde el año 2007, el Dr. Querini asesoró a esta empresa en la temática de producción de biodiesel. Ya en 2010, CONICET y UNL rubricaron un acuerdo con Dreyfus mediante el cual la empresa LDC Argentina (Louis Dreyfus) solicitó al grupo de trabajo el asesoramiento para estudiar en detalle su planta de producción de biodiesel -provista por Westfalia (Alemania)-, y que es la de mayor capacidad de producción en Argentina (300.000 ton/año). 

HISTORIA
En total, fueron dos a tres meses desde la primera prueba hasta la salida del biocombustible con la calidad deseada; y desde entonces, durante casi dos años, la planta produjo con el proceso diseñado por los investigadores del INCAPE.
Los valores en monoglicéridos son una propiedad muy importante del biodiesel -biocombustible líquido producido a partir de los aceites vegetales y/o grasas animales- que, entre otras ventajas, habilita o no la posibilidad de exportar el insumo a otros países.
A partir de esta experiencia y de los datos obtenidos, comenzó un nuevo camino de investigación cuyo horizonte era bajar el contenido de monoglicéridos, un objetivo a futuro que se pudo alcanzar. Simultáneamente, los científicos observaron que este nuevo proceso no solo disminuía los monoglicéridos, sino que además extraía otras impurezas (los glucósidos esteroles) del biodiesel, dándole un valor agregado adicional.
Así, el trabajo generó la publicación de una patente en 2014 y luego la firma de un convenio con la empresa Dreyfus, multinacional francesa líder en el desarrollo agroindustrial en el país.
Además, Gustavo Mendow es investigador de CONICET en el mencionado Instituto de Investigaciones en Catálisis y Petroquímica (INCAPE). En 2014, mientras trabajaba en el grupo dirigido por Carlos Querini.  Según Mendow, el nivel de glucósidos esteroles en biodiesel es importante para la industria. “Estos compuestos, que son solubles en el aceite, se transforman químicamente durante el proceso de producción y se tornan insolubles, y esto provoca la formación de sólidos que precipitan. Cuando el biodiesel se mezcla con el gasoil, se precipitan aún más y se forman depósitos en los tanques de almacenamiento, en los tanques de combustibles de autos, especialmente en zonas frías. Y esto, es un problema”, agregó el investigador.

MAS DATOS
En un principio, las empresas no se interesaban por la patente, según destacaron los protagonistas. Mientras, que en 2015, disertaron en un congreso internacional de grasa y aceite, en el que la mayoría de los participantes trabajaba en la producción de biodiesel. Apenas terminó la charla se acercaron representantes de 4 empresas donde mostraron más interés sostenido en el tiempo fue Dreyfus, que ya había firmado importantes convenios con CONICET, bajo la dirección de Carlos Querini.
Por la confianza generada en estos trabajos, la empresa decidió arriesgar e implementar esta tecnología que no había sido probada nunca en planta.
De esta manera, en el año 2016 se firmó un convenio de transferencia de know how de la tecnología desarrollada y patentada que implicó varias etapas de trabajo: negociación de precios, análisis de las corrientes, reuniones con los departamentos de proyectos, procesos, entre otras.
En el camino surgieron problemas, pero con el apoyo del jefe de planta y de personal del laboratorio de Dreyfus (Cristian Ciribe y César Gorordo), el proyecto tuvo éxito. “Son dos personas de carácter emprendedor, que confiaron mucho en el proceso”, comentó Mendow.
Así, se hicieron -no sin dificultades- las modificaciones y la puesta en marcha de la planta. Finalmente, cuando se llegó a un acuerdo, se iniciaron las tareas de ingeniería, lo que significó pasar de la escala de laboratorio a transformar la planta productora de la empresa.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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