Sensaciones y sentimientos

Sociales 12 de marzo de 2019 Por
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AVES MIGRATORIAS URBANAS
Los viste, seguro que alguna vez los viste.
Más aún, en muchas oportunidades.
Son esos seres especiales que, aunque se visibilizan con frecuencia y su presencia no sorprende, muchos aún no comprenden del todo la razón de ser que los alimenta. Lo raro es, también, que los especialistas en cosas no entendidas no se han abocado a su concienzudo análisis.
Son gregarios y muy sociables.
Les importa crear afectos y contactos nuevos e incorporarlos a los ya conocidos. Se puede decir con seguridad que son aves ya que, como ellas, defienden la idea de que el grupo hace fuertes a los participantes individuales y porque levantan vuelos que, aunque cortos, hacen puerto en sitios donde las condiciones para la comunicación son óptimas.
Es común ver que sus miradas están siempre abarcando un ámbito que supera el espacio concreto, ese que solo sirve para posarse; va hacia arriba como buscando inspiración y luego desciende en ráfagas de comprensión hacia los demás del grupo. Es el modo con que expresan integración.
Alguien se preguntará, a esta altura del texto, si su lenguaje es fácil de entender.
Por supuesto. Es el mismo código que usan los demás humanos: nuestro antiguo y querido idioma, con el que opinan con la necesaria base de información y responsabilidad (o en todo caso preguntan), ellos también tratan de que las ocasionales disidencias se licúen rápidamente para que los sabores diferentes formen uno en común que al menos deje medianamente satisfecho a todos.
Prefieren, obviamente, los ambientes tranquilos donde el transcurrir del tiempo parece adaptarse a la medida de sus deseos, los lugares donde las mesas se hacen elásticas para permitir el ingreso de los nuevos, deseosos ellos de conocer ese nuevo nido, que los recibe dentro del mismo clima que perciben los posados y los que tienen los que se han posado algunas mesas más allá, todos con la satisfacción de pertenencia, de ser de la misma especie y con la misma razón de ser.
Pero ¿por dónde vuelan estas aves? ¿Por qué se las ve siempre largos períodos en tierra firme?
Su lógica los hace adoptar distintas pautas en la periodicidad. Existe el grupo de los que se posan dos veces por semana, los mismos días y a la misma hora, dejando tácitamente establecido que no hace falta recordar a nadie fechas ni hora. Tampoco se les pide justificación a los que eventualmente falten a alguna sesión. El aviso se hace naturalmente y con la salvedad tácita de que si no han concurrido es porque han tenido que resolver algo imprevisto.
Dentro de las otras modalidades se ubican quienes toman solamente como pauta un necesariamente elástico horario debiendo, eso sí, llegar a una hora temprana que no supere la media mañana. No está prohibido para ninguno de ellos volar mediante la tecnología de los teléfonos móviles.
Hay quienes dicen que podrían hacer en esos momentos algo más útil a la sociedad o a sus grupos familiares. Pero quienes sostienen eso, es porque no se acercaron nunca a escuchar los comentarios y fundamentos que vierten como cálidas y necesarias infusiones para el alma.
A pesar de la particular complejidad que implica que los temas de conversación vayan del concepto más profundo al comentario intrascendente fuera de tema, hay un nexo físico –de inexplicado irresistible poder- que conecta a estas hablantes aves. Un objeto absolutamente cotidiano.
Un simple y mínimo café con leche en la versión más pequeña.
Dicho con sus propias palabras, el ya folclórico “cortado”.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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