Los rostros hablan

Notas de Opinión 03 de marzo de 2019 Por
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PIE DE FOTO: ASAMBLEA. Mucho ruido y no demasiadas nueces. FOTO NA
PIE DE FOTO: ASAMBLEA. Mucho ruido y no demasiadas nueces. FOTO NA

En medio de un ambiente caldeado, tanto por la realidad como el constante fogoneo que se irá acrecentando a medida se acerquen las elecciones, Macri dio el último discurso de su mandato iniciando las sesiones del Congreso. Hubo algunos puntos destacados y otros para el olvido, en especial en este último caso la reiteración de promesas mezcladas con la esperanza y un optimismo que hoy directamente no existe. En lo rescatable, la puntualización sobre el rechazo al decreto de la extinción de dominio -recordamos, por las dudas, se trata de la recuperación de lo saqueado mediante la corrupción-, especialmente al reclamar que "quienes se niegan a aprobarlo digan a quienes están protegiendo". El remanido argumento de aguardar los fallos penales, que aquí se extienden en muchos años, a esta altura suena a cascarón vacío. El reciente fallo absolviendo a Menem por el encubrimiento del atentado a la AMIA en 1994, es la prueba más evidente de esta connivencia entre la justicia y el delito.
Pero volvamos a la apertura de sesiones. Cada uno puede sacar sus conclusiones, y seguramente allí estará expuesta en su máxima expresión la grieta, pero más allá de las palabras, lo más expresivo fueron los rostros de cada uno. Expusieron con absoluta claridad las diferentes posturas, e incluso también los de aquellos que en la grieta tienen una posición supuestamente neutral.
Mientras Macri nos pintaba un país de hechos positivos, estaba otra vez aumentando la nafta y en los próximos días se vienen nuevos ajustes de luz, gas y transporte. Un claro choque, y bien sonoro, con la realidad. Además, siempre se refirió a los tres años de gestión, cuando en verdad las medidas en serio, esas que pueden ir cambiando el país, se comenzaron a tomar hace muy poco y obligadamente como imposición del FMI para acceder al salvataje financiero. Otra mala noticia, aunque nada más que certificada por los números, ya que mucho antes fue sentida en el bolsillo fue que en 2018 los salarios perdieron 12 por ciento.
Otra realidad bien concreta es que no volverán a empezar las clases. El ministro Finocchiaro fue contundente al decir que "cualquier cosa que hubiese ofrecido el gobierno, el paro ya estaba establecido desde diciembre". Lo ubicó así como absolutamente político por la falta de voluntad para negociar.
En la justicia en tanto, además del fallo sobre Menem, siguen produciéndose acciones que poco la favorecen, como el intento del "legítimo" juez Ramos Padilla por involucrar a Stornelli en el caso del pedido de coimas, cuando en realidad el mismo impostor D'Alessio dijo claramente que el fiscal de la causa de los cuadernos nada tuvo que ver. Es cierto que llamarlo a declarar es la ocasión para dejar en claro las cosas, pero siempre y de alguna manera queda algún resabio. Es que la causa de los cuadernos es tan contundente, que no van quedando maneras de sacarse el lazo sino es entorpeciendo a la justicia -que muchas veces no necesita demasiado aliciente para eso pues se entorpece sola-, o retomando el poder.
Para todos nosotros, los del llano y simple observadores, nos queda la enorme encrucijada para las elecciones que vienen. Las de octubre cuando se defina presidente, ya que antes habrá elecciones a granel en las provincias. La verdadera encrucijada es que nuevamente las opciones, al menos que aparecen hasta ahora, serán las de votar en contra. Pocas veces hemos tenido ocasión de votar a favor, y también esas veces hemos tenido frustraciones, y de las grandes.

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