Sensaciones y sentimientos

Sociales 12 de febrero de 2019 Por
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LAS TENDENCIOSAS AGENDAS LIBRO
Por lo general, todo lo que parece absolutamente útil y sin condicionantes tiene alguna sinuosidad y un costado ambiguamente perverso.
Pasa con las enormemente útiles agendas anuales. De brillante encuadernación, amplio espacio y además la información necesaria –y un poco más- se convierte en la secretaria perfecta. Pero como siempre ocurre, el principio activo de las compensaciones (lo que se entiende mejor si decimos “una de cal y otra de arena”) acompaña a las agendas, las que no ponen a la vista el pretencioso mensaje subliminal de que lo que está allí escrito debe hacerse perentoriamente ese día.
Ellas, que conocen la técnica de atraer a la gente ocupada (las que necesitan agenda-libro) han logrado seducirlos. Siempre están en el escritorio de su “dueño”, el que, con sólo abrirla, ve que los espacios son menos grandes de los que necesita y saca en conclusión de que el domingo debe ser el día de descanso de la agenda, ya que ofrece mucho menos espacio que los demás días.
En ese preciso momento el pretencioso usuario empieza a entender las verdaderas reglas del juego: la paciente y eficaz “secretaria” ha empezado a ser la jefa aunque, como todo tiene solución con el transcurrir del tiempo, esa inesperada dependencia finalizará automáticamente el 31 de diciembre y la elegante y servidora agenda ya no podrá reclamar ni paritaria ni permanencia ni prórroga ni condonación de deuda ni derecho por antigüedad anual.
No termina allí el ordenamiento que establecen las agendas: subliminalmente dicen diariamente -con su sacrificado y ubicuo cuerpo de palomas de papel- que todo en la vida tiene un plazo y a la larga ellas también alzarán su vuelo y se irán tan silenciosamente como han llegado.
Es en este punto y momento en que el reconocido usuario de los servicios de la agenda empieza a equivocarse.
Supone que será fácil reemplazarla por otra (y tal vez más completa, hasta con frases para pensar y autoayudarse) e iniciará entonces una nueva relación -impersonal y de utilidad mutua- con la nueva agenda libro.
No. Sigue en la equivocación; igual que el unicornio azul ya ha instalado sus genes exclusivos.
Si. La agenda ha dejado huella.
Desde el momento en que el usuario ha escrito –diariamente y con total sinceridad- momentos trascendentes de su vida, la agenda habrá pasado a ser testigo, compañera y hasta de algún modo asesora y confidente, al haber dejado el usuario asentados sus momentos felices o problemáticos, incluyendo qué y cómo debió hacer para superarlos.
Ni el tiempo vivido ni los hechos registrados pasan a ser olvido, por más que lo pretendamos y le quitemos trascendencia a lo ocurrido.
Si tuviéramos el espíritu urgente de las agendas, no prorrogaríamos para el año siguiente esas soluciones que ya deberíamos haber tomado, y hasta haríamos un uso cabal del primer mes del año, teniendo en cuenta que la vida, como las agendas, tiene un espacio suficiente para la reflexión, el reconocimiento de valores y, asimismo, para entender que cualquier época del año puede ser oportuna para concretar las ideas que -sin motivo ni razón- van quedado postergadas.


Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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