Vivir con miedo

Notas de Opinión 10 de febrero de 2019 Por
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Es una pena que este agravamiento de la inseguridad en Rafaela, que por cierto no llama demasiado la atención que así ocurra aunque aumente hasta la exasperación la preocupación e intranquilidad de quienes aquí vivimos, se produzca justo en tiempos de plena campaña electoral con algunos pocos candidatos anunciados y otros potenciales que están cerca de serlo. Es que de esta manera, un tema que debería recibir absolutamente toda la atención que corresponde -no digamos capacidad pues a esta altura de los hechos está más que en dudas-, queda mezclado dentro de un cambalache que resta firmemente posibilidades de llegar no sólo a alguna solución por modesta que sea, sino tal vez siquiera intentarlo.
Todos desconfían de todos y cada intento es observado con recelo, por lo cual lo más probable es que todo siga como está. No sea que alguien tenga un acierto y se lleve parte del mérito, es algo que también cuenta. Así es complicado, cuando no imposible, pretender traer alivio. En primer lugar la falta de armonía entre los gobiernos provincial -que es el mandante y responsable de las fuerzas de seguridad- y municipal es determinante. Algo que viene de arrastre, cuando hace tiempo el ministro de Seguridad dijo entre otras cosas muy delicadas respecto a ascensos dentro de la fuerza policial que había que montar dos operativos relámpago en Rafaela para que "el intendente se dejara de romper las pelotas". A pesar de la gravedad eso nunca fue subsanado y ni siquiera de lo intentó, teniendo ese funcionario ratificación en su cargo, no siendo otra cosa que la profundización de esa enorme grieta. Ahora, llegó un coordinador de ese mismo ministerio y calificó de histérico el pedido de cambio de la cúpula policial de la Unidad V. No sabemos si corresponde una medida de esa naturaleza, pero tuvo el mismo efecto que echarle nafta al fuego. Dentro de pocas horas estará en la ciudad el gobernador, siendo la suya la única palabra válida en todo este entuerto, como aquí es la del intendente. Todo el resto, ajusta bien a la definición "son de palo".
Lo cierto es que los legisladores de la ciudad, sin fisuras, declararon a Rafaela en estado de emergencia por la notoria inseguridad en que vivimos. Que llegó a tales extremos que todos los anuncios que se hagan no valen de nada. Pueden acaso importar los sistemas de patrullaje, las cuadrículas, o las estadísticas que se manejan a voluntad, cuando entran a una vivienda delincuentes armados y drogados apoyando un revólver en la cabeza de alguien de la familia.
Sería bueno que aunque sea por esta vez todos se pongan de acuerdo. Los políticos que toman las decisiones, las fuerzas de seguridad y también la justicia. Lo que de ninguna manera podemos resignarnos los rafaelinos es a vivir con miedo.
Mientras tanto el país sigue andando, lo que es una forma de decir a la luz de la realidad. Al menos anda en lo que son la avalancha de hechos que se enciman unos sobre otros, como las declaraciones de nuevos arrepentidos de la corrupción K, involucrando al juez Rodríguez como receptor de una coima de 10 millones de dólares -confiemos que a este no se le acepte la renuncia para después jubilarlo-, y también al ex juez Oyarbide que aunque con más manchas que un leopardo gozó de la prerrogativa jubilatoria. Este excéntrico personaje, para sobreseer al matrimonio presidencial K por enriquecimiento ilícito, mandó al  contador de la familia que ahora lo revela como"arrepentido" y al perito judicial para que se pongan de acuerdo en la presentación patrimonial. La que contaba, cabe recordarlo, con cobro de intereses del 38%  por depósitos en dólares. Verdadero disparate en la época del vale todo.
Lo que es una burla para todos es que sigan apareciendo millones manejados por los hijos de los corruptos, con cifras siderales, como un hijo de vecino puede ir con 100 pesos al quiosco de la esquina. Como antes había sido Florencia Kirchner con casi 5 millones de dólares en su caja de seguridad bancaria, ahora fue Martín Báez quien para no ser menos movilizó igual cantidad de dinero. Para ellos, habituados a las montañas de dólares que iban hacia el sur, estas sumas pueden parecer un vuelto. Seguramente usted ya hizo cuentas: se trata de 200 millones de pesos cada uno. Aunque con inflación y todo, para varias cosas alcanzan.
Y por último, Macri quebró su promesa reciente cuando sostuvo que no volvería a hablar de inflación.  Lo hizo diciendo que esa lucha "nos ha costado más de lo que imaginé" y también admitiendo que había sido un error su exceso de optimismo al comienzo de su gestión. Menos mal, más vale tarde que nunca.


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