Alertas del cambio climático

Editorial 09 de febrero de 2019 Por
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Las imágenes de la ciudad estadounidense de Chicago cubierta por una capa de hielo de hace una semana hicieron recordar a aquella película "El día después de mañana" que muestra a una Nueva York envuelta en la mayor de las tormentas de hielo que se pueda imaginar. Una postal del cine catástrofe que, según marchan las cosas, no estaría lejos de suceder. La Chicago de la semana pasada, cuando hubo marcas de -30º, es una prueba reciente del mundo que viene y de que los especialistas en clima vienen alertando si es que la humanidad no modifica la forma en que hace muchas de sus cosas, principalmente aquellas ligadas a las actividades productivas. 
En la Argentina esta semana no pocos se sorprendieron por las temperaturas tropicales que se registraron en Tierra del Fuego y por las nevadas en el norte argentino. Se trata de situaciones inéditas que, de alguna manera, avisan que algo se está cocinando en materia de cambio climático. La variación en los promedios históricos de las precipitaciones para determinadas regiones en la Argentina es otro síntoma de ese proceso de cambio. Quizás algunos dirán que siempre hubo inundaciones periódicas, pero el asunto puede convertirse en dramático si dejamos pasar las señales sin hacer nada. 
Y continuamente aparecen informes alarmantes, como el que advierte que el derretimiento de los casquetes polares de Groenlandia y la Antártida, además de aumentar el nivel de los océanos, podría multiplicar los eventos meteorológicos extremos y desestabilizar el clima en algunas regiones en las próximas décadas, según un estudio publicado en Nature. Los miles de millones de toneladas de agua procedentes del deshielo, en particular de Groenlandia, podrían debilitar las corrientes oceánicas que actualmente transportan el agua fría hacia el sur sumergiéndola hacia el fondo del Atlántico y empujando las aguas tropicales hacia el norte, más cerca de la superficie. Conocido bajo el acrónimo en inglés AMOC (circulación meridiana de retorno del Atlántico), este mecanismo oceánico desempeña un papel crucial en el sistema climático y ayuda a mantener un cierto calor en el hemisferio norte.
Desde el Centro de Investigación Antártica de la Universidad Victoria de Wellington, en Nueva Zelanda, el autor principal del reporte, Nicholas Golledge, indicó que según sus modelos, el hielo derretido provocará perturbaciones importantes en las corrientes oceánicas y cambiará los niveles de calentamiento de la Tierra. Muchos estudios previos se han concentrado en el ritmo de deshielo de los casquetes polares bajo el efecto del cambio climático así como sobre su "punto de inflexión", es decir, a partir de qué aumento de temperatura su desaparición será inevitable. Pero menos sobre la manera en que sus aguas podrían afectar el clima en si mismo. Por su parte, Natalya Gomez, de la Universidad McGill, de Canadá, consideró que los cambios que vemos a gran escala en nuestras simulaciones son propicios a un clima más caótico, con más eventos climáticos extremos, canículas más frecuentes e intensas. 
Según los investigadores responsables del estudio publicado el último miércoles en Nature, a mediados de siglo, "el agua del deshielo de los casquetes de Groenlandia perturbará sensiblemente el AMOC", que ya muestra signos de ralentización. Es un lapso mucho más corto de lo previsto según comentó Helene Seroussi, del Instituto de Tecnología de California, que no participó en el estudio.
Entre las consecuencias probables de este debilitamiento, está el aumento de la temperatura del aire en el Artico Alto, el este de Canadá y América Central, así como su descenso en Europa Occidental. Los casquetes de la Antártida y Groenlandia, que pueden alcanzar los 3 km de espesor, contienen más de dos tercios de agua dulce del planeta, suficientes para provocar un alza de los océanos respectivamente de 58 y 7 metros, si se fundieran completamente.
En tanto, otro estudio publicado el miércoles en Nature muestra a los mismos científicos que desvelan las nuevas proyecciones sobre la contribución del deshielo de la Antártida al aumento del nivel del mar en 2100, un asunto muy debatido en la comunidad científica. Un controvertido informe de 2016 sugería que los acantilados de hielo del continente podrían desmoronarse y provocar un alza de un metro de los océanos a fines de siglo, forzando el desplazamiento de decenas de millones de personas en el mundo. Al respecto, la autora principal, Tamsin Edwards, del Kings College de Londres, indicó que se han reexaminado los datos y se concluyó que no es el caso. Además, consignó que los dos nuevos estudios prevén que la Antártida contribuirá "más probablemente" a un aumento de 15 cm hasta 2100, con un máximo de unos 40 cm.
En la agenda para ete año, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático de la ONU publicará en septiembre un informe muy esperado sobre el alza del nivel de los océanos.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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