Editorial

La Palabra 12 de enero de 2019 Por
La alforja

Una y otra vez se repite la escena. Pero siempre es diferente. Llega con su poncho marrón. Toma la guitarra. Pulsa un par de tonalidades con el rasgueo. Y empieza a soñar cantando. Esa zamba tan conocida, su huayno dedicado al hermano, el tema por el abuelo, y todo lo que sintetice el lugar de pertenencia que dejó un día para partir con su voz pero que nunca olvidó y al que siempre vuelve. Comparte historias y bebe su “tecito de uva” para templar el garguero y el ánimo. Todo lo resuelve sin apuro. Como debe ser. Cuando el mensaje viene cargado de contenido no hay quien lo detenga. Nadie puede sentirse ajeno al escuchar al cantor jujeño, nuestro entrevistado de hoy, que en cada relato, en cada verso y en cada melodía, entrega una vida pero también el alma.

Raúl Alberto Vigini

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