Editorial

La Palabra 08 de diciembre de 2018 Por
Revivirlo

Cuando las hermanas Francisca y Lucía de la Abadía juntaban frutos secos, ramitas, hojarasca y cortezas caídas de los árboles, estaban pensando en renovar la esperanza. El tronco que era la base de un pesebre lo confirmaba. Porque ellas eran capaces de construir los nacimientos a partir de esos elementos que la naturaleza les ofrecía en el jardín con el propósito de llegar a los hogares. En nuestra edición de hoy un querido monje, una escritora allegada y una inquieta decoradora nos llevan a recordar a aquellas artesanas monjas de claustro que trascienden por sus manos maestras. Vayamos por cualquiera de las formas de la Esperanza. Puesto que la suponemos un valor universal.

Raúl Alberto Vigini

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