La fe ¿comporta un estilo de vida?

Sociales 05 de diciembre de 2018 Por
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(Por Miguel Petinatti). - La fe es un don de Dios que tiene particular importancia en la vida de cada persona. Pero ¿sería tan importante como para insistir en su petición? ¿No habrá otros valores más urgentes? ¿No son más importantes la salud, el trabajo, la educación y la paz? (JLK)
La urgencia y la importancia de la fe superan cualquier necesidad, por valiosa que sea. Sobre todo, porque nuestra fe nunca debe estar condicionada a los intereses. Una fe interesada no es más que un egoísmo religioso.
Los cristianos no hemos recibido el don de la fe para que Dios nos recompense según nuestros proyectos. Si creemos en Dios y en su Evangelio es para vivir de acuerdo con sus designios en la realidad que nos toca asumir. Nuestra adhesión a Dios no nos libera de los problemas de cada día, sino que nos fortalece para afrontarlos con una actitud serena y equilibrada. Esa es la fuerza, el poder de la verdadera fe.
La fe comporta un estilo de vida: implica la opción por ciertos valores en la vida diaria. Entonces, a partir de la fe, todas las otras necesidades encuentran camino de solución. Desde una fe profunda, puede comprenderse un problema de salud, la muerte de un ser querido, la falta de una vivienda propia, la necesidad de un trabajo digno y tantos otros valores cotidianos.
Sin embargo, hay situaciones que nos obligan a pensar que hoy, para muchos, la fe es "una cosa" endeble o interesada, cuando no supersticiosa o ávida de resultados mágicos.
Eso sería, más bien, una especie de pretendido "capitalismo religioso" o un "materialismo espiritual", que fácilmente pueden anidar en los corazones vacíos o resentidos.
Creer en Dios, sin esperar recompensas, también es reconocer que Dios es remunerador de nuestra conducta. Si creemos en el amor de Dios, manifestado en Jesús, nuestra esperanza no quedará defraudada, lo cual no significa que nos otorgue derechos sobre Dios y su voluntad.
 La fe es una respuesta y una adhesión personal a Dios, más allá de la conducta de aquellos que El quiso elegir para que le sirvieran en las celebraciones culturales y en la caridad para con los demás.
Nadie está obligado a creer, pero nadie está excluido de una auténtica vivencia de la fe.
La petición de los apóstoles: Señor, auméntanos la fe, tuvo una respuesta de Jesús: si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza y dijeran a esa morera que está ahí: "arráncate de raíz y plántate en el mar", ella les obedecería (Lucas 17,5-6). Pero Jesús no se refiere a la cantidad de fe, sino a su auténtica calidad.
Todos los que viven su fe, reconociendo el don de Dios y respondiendo con total adhesión a su divina voluntad, son poseedores de un gran poder. El justo vivirá por la fe (Romano 1, 17).
¡Jesús, purifica y aumenta nuestra fe! Te lo pedimos humildemente, para que podamos serte agradable, ahora y siempre.
El papa Francisco dice: "la fe hay que educarla y formarla en la luz del santo Evangelio". Amén.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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