Sensaciones y sentimientos

Información General 04 de diciembre de 2018 Por
Leer mas ...
LO QUE LE DEBE EL FUTBOL A LA SOCIEDAD
Si la sociedad fuese árbitro seguramente le cobraría posición adelantada al fútbol. Inclusive, aunque reglamentariamente no correspondiera, le impondría la ejecución de tres penales consecutivos y además sin arquero.
Así de importante es el daño que le ha producido el fútbol.
Es la consecuencia de muchos años de tolerancia a lo que es incorrecto. Primero se llamó “folclore” a las repetidas infracciones y luego se aliviaron del todo las culpas con la polivalente palabra “pasión”.
Vamos a ser justos. La esencia del fútbol es la estrategia, el armado inteligente de la jugada que habilita el exitoso tiro al arco, el movimiento preciso y la protección del propio arco que permite en a veces dos pases, introducir la pelota en el difícil arco contrario, también la habilidad del jugador capaz de producir un “caño”, o de saber estar en el lugar exacto sin anticiparlo, o la previsión de un arquero que literalmente parece tener alas para “ahogar” el grito de gol y la celebración. Todo eso es pasión, la vivencia profunda que hace surgir el casi incontenible gesto de festejo.
Pero el fútbol cruzó irreverentemente muchos límites como el del respeto al rival, que debe serlo solo en lo deportivo. Y pasó también la otra frontera, de la que no se puede volver: la del cumplimiento obligado del reglamento.
En ese momento la pasión abrió el peligroso espectro donde todo está permitido. La pasión –eso que está en el otro extremo de la razón- fue “pasión”, impulsada por vientos en sentido contrario a lo que pretende el ideal de superación a través de un juego necesariamente placentero: la idea de interpretación personal del reglamento reemplazó exitosamente a la de la serena y justa letra.
Y el partido fue ganado por la ventaja adicional, éticamente no permitida. Se pasó a discutir todo lo establecido. Según convenga, lo que cuenta en las faltas dentro del área grande, es la interpretación y no el reglamento, “no es penal”. Y si es muy clara e indiscutible, es parte de “los penales que no se cobran”. Las faltas violentas desde atrás, sin intención de jugar la pelota, implican “expulsión directa”, pero a veces por esa interpretación subjetiva que hacen los jugadores y/o el público y/o los comentaristas, no se puede cobrar un penal ni expulsar a nadie en los primeros minutos de juego. Los jugadores que practican la segadora con botines, tienen así la posibilidad de dar hasta cuatro patadas y recién entonces ser expulsados. Pero en este punto, hay una dosis de tolerancia extra porque o bien “podrían sólo amonestarlo” o porque “si lo expulsan no puede jugar el próximo partido”. Es parte del repertorio el perdón de los árbitros al jugador amonestado que sigue derribando rivales desde atrás. Los jugadores y directores técnicos dejaron de respetar árbitros y jueces de línea, los increpan sistemática y airadamente con injustificada agresividad.
Pero para muchos la “pasión” justifica todo, hasta que se considere aceptable y “normal” que los partidos se jueguen solo con la hinchada local; se ha olvidado que esa medida se tomó para que no ocurran “los incidentes” de adentro y fuera de la cancha ejecutados por (según los comentaristas que aceptaron la teoría de la “pasión”) “cuatro o cinco inadaptados”. Parece no importar tampoco que la violencia -surgida ahora de “internas” de una solo hinchada- sigue aumentando. De este modo cualquier hecho, a veces casual, abre el generoso portón de la indiferencia a las acciones agresivas.
Y la “pasión” del fútbol con su nefasto efecto, ha penetrado en el resto de la sociedad, que ya está confundiendo pasión con “pasión”. Ya no es solo fútbol, sino la admitida práctica de la agresión.
Cuesta asumir –incluso haciendo un dificultoso ejercicio de imaginación- que alguna vez fue un deporte.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
Seguinos en Facebook y Twitter

Te puede interesar