En busca de… Reinaldo Moralejo, antropólogo y arqueólogo

La Palabra 10 de noviembre de 2018 Por
Científico y emocional, espiritual y académico Nacido en Quenumá, Partido de Salliqueló, provincia de Buenos Aires en 1979. Es Licenciado en Antropología y Doctor en Ciencias Naturales. Se desempeña como docente en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata y como Investigador Asistente del CONICET. De su experiencia de campo en un destacado asentamiento inca, denominado El Shincal de Quimivil, nos cuenta en esta charla con LA PALABRA.
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1 / 2 - archivo Reinaldo Moralejo - Trabajo de campo: Reinaldo Moralejo en unas de sus visitas a los sitios de investigación

LP - ¿Qué curiosidades recordás de tu infancia que se relacionan con tu profesión? 

R.M. - Durante mi infancia me motivaba todo aquello relacionado con lo oculto, lo secreto, y que implicaba explorar, conocer y meterse en lugares desconocidos e insólitos para encontrarlo. Por eso me interesaban las pirámides de Egipto y la literatura sobre tesoros escondidos y viajeros que se internaban en lugares inexplorados. A raíz de eso siempre tenía algo -monedas antiguas, botones viejos, fotos antiguas que le sacaba a mi madre jajaja!!- para enterrar en algún lugar del pueblo y hacerme un mapita para luego al año siguiente ir a buscarlo. Hacer eso me fascinaba y siempre encontraba a algún amigo o a mi hermano Nicolás para que me acompañaran en esa “aventura”. Eso me vinculó directamente con ser arqueólogo, estudiar una carrera que me llevara por esos caminos. 

LP - Naciste en la pampa bonaerense pero fuiste a estudiar a La Plata. ¿Qué lo determinó? 

R.M. - Nací y me crié en un pueblito de seiscientos habitantes del centro oeste de la provincia de Buenos Aires, conocido como Quenumá en el partido de Salliqueló. La vida en el pueblo me dio muchas cosas, entre ellas una hermosa familia y grandes amigos, cosas que son invaluables. Desde nuestra infancia ya sabíamos que en algún momento de nuestras vidas cabía la posibilidad, si teníamos pensado seguir alguna carrera, de tener que irnos a continuar con nuestros estudios a otro lado. Mis padres, Néstor y Marta, a quienes les estaré agradecido de por vida, me dieron la posibilidad de irme a estudiar. Y junto con ellos elegimos un lugar relativamente cercano -650 kilómetros- y, en lo posible, donde ya hubiera algún amigo con quien pudiéramos alquilar juntos. Y fue así que elegimos La Plata, porque es una ciudad universitaria con una oferta de carreras muy amplia. Ahí estaba la carrera que yo quería y a su vez ya se encontraba estudiando un amigo de Quenumá -José Luis- con quien alquilaríamos y viviríamos juntos. 

LP - El ingreso al CONICET fue un momento particular en tu carrera de investigador. ¿De qué manera se dio?  

R.M. - Ingresé al CONICET como Becario Doctoral en el año 2006 bajo la dirección del Doctor Rodolfo A. Raffino. La intención de ingresar a una beca de CONICET era para realizar el Doctorado en Ciencias Naturales de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la UNLP. El ingreso se dio en un contexto político particular donde, a diferencia de lo que sucede actualmente, el CONICET estaba apostando al desarrollo científico y tecnológico del país y por ende su objetivo era acrecentar su planta de investigadores, ya fuera como Becarios o como parte de la Carrera de Investigador. Al momento de elaborar el plan de tesis me interesaba indagar acerca de los circuitos de movilidad relacionados con El Shincal. Por esta razón, el objetivo no se centraba solo en El Shincal sino también en sitios arqueológicos localizados en los alrededores de El Shincal y que estaban conectados a través de antiguos caminos. 

LP - Tu sede como investigador está en el Museo de La Plata. ¿Cómo se da esa situación en tu caso? 

R.M. - El Museo de La Plata forma parte de la Facultad, de hecho esta última recibe el nombre de Facultad de Ciencias Naturales y Museo. Eso significa que apenas uno ingresa a estudiar a la Facultad, el Museo se convierte en un espacio cotidiano de consulta, aprendizaje, vivencias y relaciones interpersonales. Mi primer lugar de trabajo en el Museo fue hacia fines de 1997, mientras cursaba el primer año como estudiante de la Licenciatura en Antropología. Habiendo conocido al Doctor Raffino, junto a dos compañeras y amigas de facultad nos incorporamos como pasantes ad-honorem a su cargo en la División Arqueología. De ahí en adelante se fue construyendo un determinado vínculo con el museo y con las personas que lo componen. 

LP - A grandes rasgos. ¿Qué incluye la carrera de antropología? ¿Por qué rama te dedicaste en tu formación personal? 

R.M. - La Antropología se ocupa del estudio del hombre, como ser social y con múltiples dimensiones. Esto significa que vemos al hombre como un ser bio-psico-socio-cultural -enfoque holístico-, cuyo estudio demanda utilizar diferentes herramientas y estrategias de análisis. La Antropología busca analizar semejanzas y diferencias entre los distintos grupos humanos de todos los tiempos y en todos los lugares. En este sentido, siempre se ha caracterizado por el estudio de la alteridad u otredad cultural. Entendemos por otredad a toda referencia que se hace del otro, cuando nos identificamos con un grupo -al que pertenecemos- y que a la vez nos lleva a diferenciarnos de otro. Tal como sostiene el antropólogo mexicano Esteban Krotz, “el otro” se constituye con el asombro, a partir de la conciencia que tenemos de “lo propio”, es decir el yo-nosotros ante el otro-los otros. Por lo tanto, ese otro puede estar dentro o fuera de la sociedad a la cual pertenece ese yo. De esta forma nos introducimos en la caracterización de ese objeto de estudio; que va a variar de acuerdo al contexto socio-histórico en el que ha sido abordado por el investigador. Esto es importante para comprender que el objeto de estudio de cualquier disciplina científica se construye en función de las categorías que un investigador -el cual forma parte de una sociedad en un tiempo determinado- considera relevantes. Esto nos conduce a otro tema relacionado con el hecho de que no existe un científico neutral política e ideológicamente. Es decir, no existe un científico separado de su contexto social. La Antropología posee diversos campos y especializaciones. Principalmente, podemos encontrar a la Antropología Sociocultural, Antropología Biológica y Arqueología. La Antropología Sociocultural aborda el estudio de la sociedad contemporánea. Puede ser tanto la propia como cualquier otra diferente, en diversos contextos rurales o urbanos y abarcando tanto el pasado -a través del relato oral o fuentes documentales- como el presente para conocer sus historias, costumbres, tradiciones y experiencias de vida. La Antropología Biológica tiene como objetivo estudiar la gran variabilidad de la especie humana, tanto en el aspecto biológico como cultural, en relación a la adaptación a los diferentes ambientes bio-socio-culturales en los cuales se desarrolló a lo largo de su historia. Eso significa, que estudia las poblaciones humanas desde su origen hasta la actualidad y en toda su distribución geográfica, buscando resolver diversas problemáticas como origen del hombre, poblamiento americano, formas y condiciones de vida de las poblaciones, casos vinculados con violaciones a los derechos humanos como la Antropología Forense, entre otras cosas. Por su parte, la Arqueología estudia el comportamiento humano a partir de los restos materiales que este va dejando a lo largo del tiempo y el espacio, es decir durante su toda su vida y en cualquier lugar. La Arqueología como disciplina no puede trabajar sola, ya que no solo podemos entender el comportamiento humano a través de sus restos materiales. Por eso se tiene que apoyar y trabajar inter y transdisciplinariamente con otras disciplinas como la Antropología Social, Antropología Biológica, Sociología, Historia, Etnohistoria, Filosofía, Geología, Arquitectura, entre otras para entender al hombre en su integridad y siempre como un sujeto de estudio. Entonces, respondiendo a tu pregunta, son infinitos los aspectos que se pueden abordar en la historia de la humanidad, no son estáticos, como tampoco lo es, ni lo será, la cultura. La Arqueología nos permite conocer nuestro pasado, para saber cómo, dónde y por qué estamos donde estamos actualmente. Poder comprender eso nos permite tener un conocimiento y postura crítica ante los hechos o evidencias y la historia misma. Ese tipo de conocimiento nos permite a su vez proyectarnos a futuro, es decir pensarnos como individuos y como sociedad. Por eso es importante conocer la historia, tener memoria, y la Arqueología como disciplina ayuda a la construcción de esa historia y memoria. Como dice un tema de Jorge Drexler, hay que conocer y profundizar en la trama más que en el desenlace. Es decir nos interesa saber por qué las cosas son lo que son, no solo quedarnos con el resultado final -lo que sería una simple descripción de lo que observamos- sino analizar por qué el hombre/ser humano llegó hasta un determinado lugar, cuándo lo hizo, cómo llegó, para qué, etcétera. 

LP - ¿Qué proyectos podes mencionar en la actualidad que te gustaría concretar en tu profesión? 

R.M. - Siempre van surgiendo nuevos proyectos en la medida que van avanzado las investigaciones y se van renovando las ideas. A eso por supuesto hay que sumarle el financiamiento. Sin financiamiento no es posible avanzar en la construcción de conocimiento, porque estas cosas no se hacen solas, requieren de un capital humano y tecnológico importante. En la actualidad estamos abocados a diversos proyectos vinculados con el relevamiento de un camino incaico en la Cuesta de Zapata, próximo a El Shincal, y en la continuidad del proyecto LIDAR, siempre pensando en la investigación, preservación y difusión del patrimonio cultural y natural de la región. En este sentido, se ha abierto una nueva línea de trabajo vinculada con la creación de un museo virtual en El Shincal que permita recorrer y visibilizar el sitio virtualmente, sobre todo pensando en aquellas personas que por diferentes motivos no puedan acceder al mismo. 

por Raúl Vigini

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