Sensaciones y sentimientos

Sociales 06 de noviembre de 2018 Por
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LOS TAPA GARAJES SON BUENOS
Podemos decir al mejor estilo argentino que nosotros no tenemos la culpa. O en todo caso, decir como en la recordada cumbia colombiana “¿Quién tiene la culpa de todo? Cristóbal, Cristóbal”, refiriendo al marino genovés, el mismo que inauguró el sur de un continente y las playas de República Dominicana en el mismo momento.
¿Por qué no decir que la culpa es de Les Luthiers, cuando dicen que vivimos en la ciudad separados y alienados, porque la ciudad se ha “lienado” de gente? En la post creación del mundo nacieron los vehículos, especialmente los automóviles, y ahora podemos decir que los problemas sobrevinieron porque la ciudad se ha “lienado” de autos, con el agravante de las estadísticas.
Sí, la culpa es de las estadísticas. Las que dicen con alborozo que va aumentando la cifra de patentamientos de automóviles, decididos ellos a transitar frecuente y libremente por la ciudad. Y la secuencia dice que si hay muchos autos, también tienen que existir los consiguientes garajes. Y que, si se multiplican los automóviles en la misma proporción que los panes y los peces bíblicos, no queda ya casi ningún lugar para estacionar a menos de seiscientos metros del sitio céntrico elegido.
Hemos perdido un paraíso en la ciudad: el que permitía estacionásemos tranquila y precisamente frente al lugar de destino.
Y decimos “nuestra” ciudad con fuerte idea de propiedad: nos quedó la idea de que aún en la situación actual podemos estacionar en cualquier lugar de lo que fuera nuestro paraíso; la idea de haber perdido definitivamente un paraíso es siempre dolorosa, y por eso surge como solución la posibilidad de estacionar frente a la entrada de garajes ajenos: si no hay sitio en otra parte los tapamos total o parcialmente; es un modo de eclipse del respeto al derecho de cada dueño de garaje de tener disponible ese espacio casi sagrado las veinticuatro horas. Pero nosotros, audazmente, ejercitamos también el derecho a “nuestra” libertad vial.
El caso es que ni las costumbres ni el ordenamiento del tránsito lo permiten. Menos, la voluntad desaprensiva de los conductores fastidiados porque cada vez tienen que estacionar más lejos de su lugar predeterminado.
¿Son mala gente los tapa garajes?
En una primera visión sí. En otras formas de análisis también, porque muchas veces dejan sus vehículos varias horas y ¡con el cambio conectado! como detalle complementario de desprecio, no les importa nada el perjuicio que causan al que intentará sin éxito sacar su vehículo a la impiadosa calle.
Pero como dijimos más arriba, en el fondo son buenos y considerados, y hasta patriotas profundamente cabales. Cada vez que el propietario del garaje les reclama por el obstáculo que han dejado preguntan amablemente “¿tiene que sacar el auto?” O, también dentro de la misma cortesía, -y por más que su actitud indique que no lo van a mover- afirman con seguridad “ya lo saco”. En cuanto a los valores patrióticos, los ponen de manifiesto cuando, al reclamo del dueño de garaje imposibilitado de salir, responden con firmeza y convicción “estamos en Argentina, che”.
Deberíamos los perjudicados reconocerles esos méritos. Cuando ellos insistan en dejar su vehículo-tapón, deberíamos preguntarles calle y número de su residencia y, naturalmente con la mayor simpatía y amabilidad, devolverles la atención colocando nuestro vehículo frente a su garaje.



Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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