Redes comunitarias para el acceso a alimentos: el corredor de la Ruta 5

Suplemento Economía 04 de noviembre de 2018 Por
El caso de la Mesa de Soberanía Alimentaria del corredor de la Ruta 5 de la provincia de Córdoba, una red de organizaciones que vinculan consumidores, productores e instituciones.
Ver galería FOTO MAESTRIA UTN RAFAELA ENFOQUE. Federico Zuliani y Mauro Lassa optaron por describir el funcionamiento de una Mesa de Soberanía Alimentaria de Córdoba.  ENTREGAS. Los operativos de distribución que conecta a productores y consumidores.
1 / 2 - FOTO MAESTRIA UTN RAFAELA ENFOQUE. Federico Zuliani y Mauro Lassa optaron por describir el funcionamiento de una Mesa de Soberanía Alimentaria de Córdoba. ENTREGAS. Los operativos de distribución que conecta a productores y consumidores.

Por Mauro Lassa
y Federico Zuliani


Desde hace varios años en la Argentina la inflación es un fenómeno que persiste y que afecta los precios relativos de la economía. Hay algunas diferencias en cuanto a su verdadero valor, disputas que se dan en el ámbito tecno-político, que legitiman ciertas posiciones en torno a sus causas y la manera de resolverla o aminorarla. 
En lo que va del año 2018 (Enero - Mayo) el Índice de Precios al Consumidor (IPC) acumulado es de un 11,9%, según datos del INDEC. Se estima que la inflación para todo el año 2018 será superior al 40%, sin considerar la suba en el precio de muchos bienes cuyo valor está atado al precio del dólar, que en las últimas semanas tuvo una variación hacia el alza, con su correspondiente impacto en insumos difundidos que repercuten en todas las cadenas de valor.
La inflación es definida generalmente como la suba sostenida y generalizada en el nivel general de precios de los bienes y servicios en un país. Lo que nos interesa en este caso es remarcar que los precios suben, pero no todos en la misma proporción. Por ejemplo, puede ser que los combustibles suban un 5%, pero que los precios de las prendas de vestir suban solo un 2%, es decir, se modifican los precios relativos. Esto es importante ya que el impacto del aumento de precios varía de sector en sector.
En los últimos tiempos se ha observado que vienen ganando en la carrera por la suba de los precios el transporte, gas y electricidad, alimentos y bebidas por sobre los otros rubros, como ser prendas de vestir y calzado, bebidas alcohólicas, salud, entre otros. 
En este marco, el ingreso de los asalariados no alcanza a subir en la misma medida que la inflación, sobre todo en los sectores tales como los monotributistas, de la economía popular y pymes cuyos ingresos se ven disminuidos porque le suben los costos, que no pueden trasladar en la misma proporción a los precios porque el mercado se contrae y las ventas vienen en caída. De hecho, en los últimos doce meses, el salario promedio mostró un crecimiento del 21,9%, y se ubica un 12,5 puntos porcentuales por debajo del alza del costo de vida en ese período, según el informe del INDEC en la última semana.
En la mayoría de las negociaciones paritarias que se han cerrado en el año 2018, el incremento del salario no ha superado el 15%, con algunas pocas excepciones por supuesto -a esta altura se han reabierto las discusiones y comienzan a cerrarse los primeros acuerdos, como Camioneros y el gremio de la Sanidad-. Debemos tener en cuenta que esta suba salarial es para recomponer la pérdida del poder adquisitivo por la inflación de 2017 y parte del 2018. En este sentido, es importante remarcar, que la inflación anual de mayo 2017 a mayo 2018, según el INDEC, se ubicó en el
26,3%. De una rápida lectura por las estadísticas oficiales y no oficiales, podemos concluir que los ingresos de las familias vienen perdiendo terreno en relación a los precios de los bienes y servicios, los primeros, cada vez alcanzan para menos.
En este marco de fuerte suba del precio de los alimentos, tarifas, transporte, el costo de vida para las familias se incrementa, sin embargo, no ocurre lo mismo con los ingresos para afrontarlos.
Lo que nos interesa contar en esta columna, es que para resolver las problemáticas que emergen y que afectan a las unidades domésticas, las comunidades desarrollan diversas estrategias con diversos resultados. 
Un caso de relevancia para afrontar los problemas que surgen en estos contextos es el de la “Mesa de Soberanía Alimentaria del corredor Córdoba y ruta 5” (MSA), que se puso en marcha hace más de tres años en Córdoba. La MSA es una red de organizaciones e instituciones que vinculan consumidores, productores e instituciones con la intención de promover la Soberanía Alimentaria, fortaleciendo a productores e industriales pequeños y mejorando el acceso a alimentos sanos y de calidad de las familias que son parte de la red.
El territorio al que hacemos referencia es el que circunda los alrededores de la ruta provincial N° 5 en Córdoba. El mismo incluye a la ciudad de Córdoba, como gran centro urbano, pero también a pequeñas localidades y comunas del Valle de Paravachasca y Calamuchita que llegan hasta la pequeña localidad de Villa Yacanto, a 124 km al sur de la ciudad de Córdoba.
La MSA lleva adelante compras comunitarias a través de vínculos directos con productores familiares, pequeños productores, cooperativas, pequeños industriales, entre otros. Su composición es heterogénea, ya que nuclea comunas, municipios, organizaciones de vecinos, asociaciones civiles, centros vecinales, mutuales y movimientos sociales; situados en las localidades a lo largo de la ruta provincial N° 5. Esta red vincula a más de 500 familias de diferentes lugares con un puñado de productores, principalmente de alimentos, con el fin de lograr un comercio justo entre ambos. Estas prácticas se enmarcan en un paradigma que acentúa la producción y comercialización de proximidad; aspecto clave a fortalecer a la hora de pensar en procesos de desarrollo territorial.
Si bien en este artículo destacamos el caso de la MSA del corredor Córdoba y ruta 5, en la provincia hay cuatro corredores más que forman la Mesa Provincial de Soberanía Alimentaria: el Corredor de la ruta nacional N° 8, ruta provincial N° 5, Río IV y Villa María. 
Para la conformación de todos los corredores, contribuyó el trabajo previo realizado por los técnicos de la Secretaría de Agricultura Familiar de la Nación (SAF) que generaron condiciones para lograr estas articulaciones, en el marco del desarrollo de acciones de fortalecimiento de productores y acceso a alimentos sanos a la población. En este sentido, las primeras acciones de los técnicos se orientaron a la implementación de los diversos programas de “Alimentos para todos” (frutas y verduras para todos, pescado para todos, lácteos para todos, etc.).
A partir de esas experiencias de organizar en cada localidad en conjunto con los Municipios o Comunas y las organizaciones sociales de los diferentes territorios, se llega a la conclusión de aspectos positivos tales como: la generación de mayor ingreso a los agricultores familiares y mayor ahorro a los consumidores, así como también aspectos negativos vinculados a que este tipo de comercialización no generaba articulaciones locales, capital social en el territorio y menos aún fomentaba la producción local.
Posteriormente se diseñó el programa “Municipios Sustentables” como política integral de desarrollo local con base en la producción y el acceso a los alimentos, que implicaba una planificación de la producción de huerta, carne de pollo, carne de cerdo, huevo y leche necesaria para abastecer a los ciudadanos del municipio. El programa financiaba la puesta en marcha de estas producciones además de un mercado municipal para esos productos.
A finales del 2015, con las elecciones nacionales, el cambio de gobierno y de las políticas públicas que se venían desarrollando, los nuevos lineamientos, o la nueva política es esencialmente, el vaciamiento de la Subsecretaría de Agricultura Familiar de la Nación. Para tener una idea del impacto, uno de las primeras acciones del gobierno nacional fue bajar la categoría de Secretaría a Subsecretaría, y luego fue la de desfinanciar los programas y los gastos necesarios para que los y las técnicas de la SSAF desarrollaran sus actividades. El punto más importante es el despido de profesionales del área con más de 15 años de antigüedad, alcanzando sólo en Córdoba a la mitad de los y las trabajadoras. La planta de personal pasó de 63 a 29.
Dejemos el contexto y volvamos a la MSA del corredor Córdoba y ruta 5. En este caso nos preguntamos: ¿cuáles son los alcances de estas prácticas? ¿Qué impactos tiene? 
Además de las casi 500 familias que participan, según datos del propio Corredor, el último operativo (es el nombre con el que se denomina el día en que se entregan productos; la MSA realiza un operativo mensual, es decir, realiza una compra comunitaria conjunta) fue de 500 mil pesos. La canasta de alimentos que promueve la MSA está compuesta principalmente por productos como quesos, bolsones de verdura, huevos, manteca, yerba, miel, mermeladas, dulce de leche, conservas, entre otros, ya que luego cada organización que compone el Corredor ofrece otros productos más locales.
Este monto de 500 mil pesos no dice mucho sino hacemos un análisis de los que esto implica. El primero es que todos los productos son adquiridos directamente a los y las productoras, sin intermediarios que hagan “negocios”, que se apropien de valor agregado por las unidades productivas y que manejen el valor final a las familias consumidoras.
Por otro lado, en este tipo de vínculos, los pagos se realizan al día, con una cadena de pagos corta y directa también, que ahorra costos financieros innecesarios. También queremos resaltar que, dependiendo la localidad, las diferencias de precios de los productos del corredor con los que se obtienen en las plazas locales son importantes, llegando en algunos casos a ser un 40% más económico para quienes los consumen. En ningún caso es menor al 20% la diferencia. Esto genera un impacto positivo en la economía de las familias, ya que con el mismo dinero acceden a mayor cantidad y/o variedad de productos, o liberan ingresos para aplicar al pago de otras cuestiones.
La misma canasta de bienes que a la MSA le cuesta 500 mil pesos, en las plazas habituales tendría un valor de al menos 600 mil, una diferencia de 100 mil pesos mensuales, con un total anual de 1 millón de pesos, que puede llegar a casi duplicarse según el caso.
A su vez, este tipo de redes que se organiza en torno a alguna temática en particular, comienza a generar vínculos que previamente no existían, o a reforzar vínculos preexistentes en las distintas comunidades. A partir de estos nuevos vínculos es posible pensar y desarrollar otras acciones que fortalezcan las distintas comunidades.
Otro de los desafíos que tiene por delante la MSA es incorporar a familias que no sean de sectores medios, como es la mayoría de las que forman la red hoy en día. Estas familias de menores ingresos son las que más se ven afectadas por las subas de alimentos, ya que destinan la mayor parte de sus ingresos a la compra de los mismos.
Por otro lado, también es necesario fortalecer el vínculo con productores y productoras, incorporar otros y otras logrando trabajar con la modalidad de presupuesto abierto. Esta modalidad requiere que los y las productores y productoras “muestren sus números”, que compartan con la MSA la planilla de costos de manera que se pueda conocer cómo se compone el precio final de los productos, y que se pueda trabajar en reducirlos o redireccionar la compra de insumos a otros y otras productoras de la agricultura familiar. Un gran desafío, por cierto, ya que no es una práctica habitual en la comercialización.
Otro de los objetivos de la MSA es el fortalecimiento de la MSA Provincial y la vinculación con otras redes de similares características que se sabe existen a lo largo y a lo ancho del país. En este sentido, el corredor Córdoba y ruta 5 junto a los otros Corredores de la Provincia, viene trabajando en la realización de un encuentro para mediados del segundo semestre, que permita y posibilite construir nuevas relaciones, aprender de otras redes, compartir información, reflexionar sobre las prácticas y por sobre todas las cuestiones conformar espacios de construcción más amplios que posibiliten pensar objetivos más ambiciosos.
Quizás uno de los desafíos más grande es el de la formación de consumidores responsables o comprometidos. “Comprar también es político” podríamos decir con total seguridad. Cuando tomamos una decisión de compra estamos decidiendo hacia qué sectores va el dinero, que tipo de producciones y unidades productivas estamos fortaleciendo. Cada cadena productiva tiene ganadores y perdedores, si compramos a intermediarios o si compramos directo al productor, si compramos en grandes superficies comerciales o en pequeños comercios, si compramos a productores pequeños o de la agricultura familiar o a grandes empresas, cada decisión que hacemos cuando consumimos impacta de maneras totalmente diferentes.
Podríamos decir que lo ideal sería que podamos conocer la trazabilidad de cada producto al que accedemos, para poder decidir con información si queremos o no fortalecer esa cadena de producción. Podríamos seguir contando y analizando el caso de la MSA, pero lo que más nos interesa es poder compartir que existen otros modos y otras prácticas posibles para acceder a alimentos y para fortalecer la organización de la comunidad, otro camino es posible, y lo estamos construyendo.



Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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