¿Quién lo arregla?

Notas de Opinión 14 de octubre de 2018 Por
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BIBLIOTECA DEL CONGRESO. Tiene 1.726 empleados, tantos como un fábrica de automóviles. FOTO ARCHIVO
BIBLIOTECA DEL CONGRESO. Tiene 1.726 empleados, tantos como un fábrica de automóviles. FOTO ARCHIVO

¡Pobre país!, una reflexión tan breve como dura, pero es la que nos surge viendo la sumatoria de los más recientes acontecimientos. Que no son nuevos y por lo tanto extraños, pues vienen desde hace tanto tiempo que bien puede decirse que se ha perdido la cuenta. Hablan de 70 años, y tal vez sea así nomás, pero lo cierto que la memoria resguarda lo más reciente, y estas últimas semanas, más fresco todavía estos días del reciente pasado, han dejado una secuela tremenda. Calificar estos episodios de negativos es ser benignos en la estimación porque la realidad es muchísimo más cruel, y esas dos palabras del principio resultan en definitiva una fiel y muy aproximada descripción del momento que vivimos.
Y cuando decimos país, aludimos a todo lo que engloba, empezando por el gobierno pues es mayor su responsabilidad no sólo en acertar con las decisiones -la marcha atrás con el retroactivo del gas es una nueva muestra, pues lo que al principio fue tomado como una virtud ahora ante la seguidilla de errores y correcciones resulta una clara demostración de impericia-, sino mostrar templanza y mostrar algo más que la ratificación del rumbo y el optimismo cada vez más machucado del presidente Macri. Además, evitar los constantes roces internos, para lo cual un buen punto de partida sería la absoluta ratificación de principios en cuanto a la lucha contra la corrupción, bastante maltrecha tras la desafortunada -o quizás no tanto si esa era su verdadera intención-  declaración del ministro Garavano y del desplazamiento de funcionarios de la AFIP que tuvieron a su cargo la investigación contra Lázaro Báez, lo cual trató de poner en vereda la diputada Carrió, aunque lamentablemente luego corrigió como sólo "una  broma". La marcha atrás puede ser útil como momentánea salida, pero de ahí a creerla, hay un trecho enorme, siendo tal vez lo factible que se trate de una simple postergación y que la disputa recobre bríos más temprano que tarde.
La oposición en tanto sigue debatiéndose entre Cristina si y Cristina no, con la aparición de algunos aspirantes a candidaturas presidenciales a los que lo único que se  les puede rescatar es la cara de piedra para postularse como tales. Aunque pensándolo bien, hemos tenido presidentes, y también vices, que no se quedan atrás con esta nueva oleada en materia de ineptitud. Por supuesto, resultados y consecuencias están a la vista.
La expresidenta en tanto está más absorbida por evitar el cerco judicial que la aproxima cada vez más a un futuro tras las rejas, que a su candidatura, aunque todo tenga que ver con todo, pues su única posibilidad de salvarse es justamente en el ámbito político, de ahí que siempre se ubicó en el plano de perseguida. Jamás una explicación de nada de todas las causasen que está procesada. ¿Qué podría decir ante la cantidad de pruebas que la sepultan? Por otra parte, y más allá de negativo que ha sido este gobierno, perdiendo casi tres años en gradualismos estériles, qué mal debemos estar si la esperanza de solución viene de parte de Cristina Kirchner, que no sólo despilfarró una década de abundancia de recursos sino que además encabezó una asociación ilícita que saqueó las arcas públicas.
De la Justicia mejor ni hablemos, la confrontación entre el actual y anterior presidente de la Corte Suprema es una descripción clarísima que no necesita agregados, habla por si misma. Es que si desde donde se espera prudencia, tranquilidad y mesura, vienen estos cascotazos, que podemos pedirle al resto.
Todo el resto como siempre. Los exabruptos de Bonafini,  las nuevas apariciones de gremialistas millonarios y con excentricidades de jeques árabes, el Senado demorando la ley de extinción de dominio. En fin, todo muy parecido.
El ajuste en marcha y siempre apuntando hacia los mismos lugares, mientras otros siempre quedan a resguardo, los que no pagan impuesto a las ganancias, los jubilados privilegiados que cada fin de mes deben ir a cobrar con un camión de caudales.
Veamos un solo dato: la Biblioteca Nacional tiene 38 empleados y siendo la que tiene más libros, funciona más o menos bien. ¿Saben cuántos empleados hay en la Biblioteca del Congreso? Agárrese fuerte: 1.726 y con salarios más que generosos.Tantos "trabajadores" como en una fábrica automotriz de las grandes. Un refugio de ñoquis. La sumatoria es lo que lleva a la pregunta sin respuesta ¿podremos alguna vez salir adelante?

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