Volver a las raíces

Sociales 11 de octubre de 2018 Por
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Por Miguel Pettinati. - La realidad del tiempo presente, sumido en la peor decadencia moral que se haya conocido, solamente tiene una lectura: se pretende ignorar las raíces de la Patria. Toda vida desarraigada está destinada a la aniquilación. Nadie puede subsistir, si no es coherente con su propia naturaleza.
Esto no es pesimismo ni anacronismo ni oscurantismo, puede ser constatado por quienes no sean obsecuentes. Hemos negado nuestros orígenes. Hemos perdido nuestra identidad. Hemos traicionado nuestra historia.
La inmoralidad reinante en todos los niveles sólo tiene una causa eficiente: la descristianización.
La Patria Argentina nació cristiana. ¡Esas son sus raíces!
Cualquier reforma del Estado deberá reconocer y tutelar a aquellos valores  que constituyen el patrimonio más precioso del humanismo de nuestra Patria. Esos valores conciernen a la dignidad de cada ser humano, al carácter sagrado de la vida humana desde su concepción y hasta su muerte natural; al lugar central de la familia, fundada en el matrimonio monogámico e indisoluble entre un varón y una mujer; a la prioridad de la educación integral; a la libertad de pensamiento y de palabra, sin dañar el debido respeto a los demás; al empeño de todos en la solidaridad y el bien común; al poder político entendido únicamente como servicio a la sociedad.
Ninguno de los habitantes de nuestra Patria debe olvidar el patrimonio cristiano fundacional. Será necesario, ante cualquier emprendimiento nacional, inspirarse con fidelidad creativa en aquella raigambre cristiana, en la Argentina es anterior a la existencia de la Patria como tal.
Dicho de otra manera: todos tenemos que volver a Dios si queremos pensar en una Patria donde haya justicia, salud, educación y trabajo.
Es cierto que suele ser más fácil encontrar culpables, acusar sin reparos y no solucionar nada. Sin embargo, el cambio más importante comienza y se afianza en el corazón de cada uno. Sólo si reconocemos nuestras flojeras, sólo si nos esforzamos en mejorar, sólo si volvemos a nuestras raíces cristianas y vivimos con entusiasmo nuestra fe, adquiriremos una conducta o vida moral que hará fructificar las obras que la Patria necesita.
 No es suficiente reconocer los errores del pasado, porque ya no podemos retroceder para evitarlos. No basta con golpearse el pecho y admitir que nos equivocamos, porque nos quedaríamos en los sentimientos. No basta con hacer buenas promesas, porque son necesarios hechos contundentes, ejemplares y heroicos.
Si hubo quienes quisieron transitar por un camino espacioso y atravesar la puerta ancha, ya perdieron y nos perjudicaron. Es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la vida y son pocos los que lo encuentran (Ver Mateo 7,14.JLK)
¡Hagamos la Patria sin renunciar jamás a nuestras raíces cristianas.
El apóstol Pablo dice: Ay de mí si no evangelizo. Amén.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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