Piedras grandes cayeron en la ciudad, provocando pánico

Locales 10 de octubre de 2018 Por
Fue en los primeros minutos del martes. Pequeñas piedras, encastradas, unidas, formaron bochas que terminaron tomando un tamaño considerable. Los autos que transitaban por las calles a esa hora subieron a las veredas en busca de reparo.
Ver galería FOTO LA OPINION PIEDRAS DE VILLA ROSAS. Así eran, grandes, tras esos minutos de furia del clima.   PIEDRAS DE VILLA DEL PARQUE. Todas encastradas, unidas, formaron una bocha importante.
1 / 2 - FOTO LA OPINION PIEDRAS DE VILLA ROSAS. Así eran, grandes, tras esos minutos de furia del clima. PIEDRAS DE VILLA DEL PARQUE. Todas encastradas, unidas, formaron una bocha importante.

"Tenemos las piedras de Córdoba y el viento de la Patagonia", le dijo una señora de unos 55 años a otra, en la cola del supermercado. La otra se ríe y acota. Es que hablar del clima es algo muy común y sucede en todos lados. Es el primer tema que se nos viene a la mente cuando tenemos alguien que no conocemos frente nuestro. En un consultorio, en un ascensor o en la cola de un supermercado. Y si encima el clima nos da letra... empecemos a imaginar. 
Ayer fue un día en el cuál se habló del clima en Rafaela. En todos lados. Los medios de comunicación tocaron el tema a menudo, tal cual lo estamos haciendo nosotros ahora. 
Pasadas las 00.30 del martes, y tras la llegada de una tormenta que amagó durante más de tres horas, llegó el agua y al toque, las piedras. Piedras grandes, considerables, que no llegaron a hacer daños considerables, pero si pequeñas "dañinadas" en algún que otro techo, en algún auto, o en las plantas de esa señora del supermercado, por ejemplo. 
El chaparrón de esa hora fue fuerte y anegó parcialmente varias calles del centro de la ciudad, como por ejemplo calle Tucumán y parte de Sarmiento. También sobre la avenida Santa Fe, a la altura de la EPE, generando problemas en el tránsito. En total, fueron 15 mm registrados de manera oficial. 

LAS PIEDRAS Y EL PÁNICO
Tipo 00.40  hs. comenzaron a caer las piedras. La mayoría fueron grandes, un poco más chicas que una pelotita de tenis. El dato es que no eran pesadas, completas totalmente de hielo, sino que eran pequeñas piedritas, unidas en una bocha, que tomaba formas extrañas, como las que se observan en las dos fotos que acompaña esta nota.
En ese momento, la mayoría de los autos que circulaban por las calles de la ciudad buscaron refugio, escondidos debajo de los carteles más grandes que tiene la ciudad o en galerías de los comercios. Subieron a la vereda, aprovechando que no había nadie en la ciudad, como sucedió en la esquina de este Diario, en el comercio Ribeiro, que tiene un amplio alero. 
Afortunadamente, esa ráfaga de piedras duro un poco más de 5 minutos. Uno dice "afortunadamente", pero ese momento, para los que tenían el auto afuera, fue interminable. Lo "positivo" es que esas piedras, importantes, cayeron junto con un vendaval de agua, lo que amortiguó un poco la caía.
Pasado ese momento, todo se calmó. Comenzó a llover más despacio y de allí hasta la madrugada la tormenta se fue disipando, sin generar inconvenientes. Además, lo sorprendente de la noche del martes fue cómo la tormenta amagó durante varias horas, donde parecía que se cortaba. Fue una falsa alarma y un momento de pánico que afortunadamente no trajo demasiados inconvenientes. 


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