Pan nuestro de cada día

Locales 10 de octubre de 2018 Por
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¿Por qué cuando entramos a una panadería nos rendimos sin concesiones ante las facturas de crema, las medialunas, los cañoncitos de dulce de leche o los sacramentos con membrillo? El pan fresco también tiene su encanto y suele ser irresistible como los bizcochitos de hojaldre bien recoletos o los simples "materos". ¿Nunca les llama la atención cuando un chico tipo de 10 años va a hacer el mandado a la panadería que apenas cruza la puerta con la mercadería recién comprada pellizca el pan para probarlo? De grandes también lo solemos hacer. 
Bueno, esa gente que amasa y cocina el pan nuestro de cada día, las facturas o las tortas hoy festeja muy especialmente porque se celebra en toda la Argentina el "Día del Industrial Panadero" en honor a San Honorato. 
Cuenta la historia que San Honorato, el Patrono de los Panaderos, nació en la villa Ponthieu, Port-le-Grand (Francia), a comienzos del siglo VI, hace apenas 1.500 añitos. Claramente señaló a los gremios molineros y panaderos como sus protegidos en la época medieval. A la muerte del obispo de Amiens, los fieles lo designaron sucesor. Dice la leyenda que cuando pensaba en declinar el cargo, un rayo de luz y un óleo sagrado aparecieron sobre su cabeza. En ese instante, una mujer que se disponía a cocer el pan en la casa de Honorato se negó a creer en la aparición y dijo que sólo lo aceptaría si la pala de hornear echaba raíces. En ese mismo momento una morera cubierta de ramas y flores creció en el sitio. Desde entonces, Honorato es el Patrono de los Panaderos y su actividad se extendió por el mundo entero.
Hoy día el pan acompaña las comidas. 
El pan se elabora con una mezcla de harina, agua, sal y levadura y se amasa y se cocina en un horno en piezas de distintas formas y tamaños. El francés, el mignón, la varilla y otras variedades de pan pueden estar presente en todas las comidas, tanto como ingrediente de una receta o como acompañamiento de un plato. Con rodajas de jamón, queso, al natural o caliente, con tomate y lechuga, con un lomito o un corte de una pata de cerdo flambeada, todo para elaborar un exquisito sándwich. En miles de hogares argentinos, las familias disfrutan con placer el pan artesanal fresco o tostado, untado con manteca, queso, dulces, miel y otras variedades, junto a una taza de café, leche, té y claro, también mate.
En materia de asociaciones con la industria panadera, el adorable Carlitos Balá inventó –en su propia jerga de humor– una frase que se aplica sólo a cosas muy buenas. Decía "está un kilo y dos pancitos" en épocas en las que comprar un kilo de pan era una medida estándar para las familias. Los "dos pancitos" adicionales le ponían al dicho ese plus en referencia a algo superior.
Por tanto, el deseo es que los panaderos pasen un día tipo "un kilo y dos pancitos". 



Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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