Sobre la batalla climática

Editorial 15 de septiembre de 2018 Por
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La problemática del cambio climático se encuentra en lo más alto de las agendas públicas al menos en lo declarativo, es decir casi todos coinciden en la necesidad de "hacer algo" para evitar el colapso del planeta. Sin embargo, más allá de este consenso sobre el diagnóstico lo que no se observa es una clara voluntad para avanzar en un cambio de actitudes y conductas de la humanidad que, valga el juego de palabras, frene el cambio climático.
Ahora ya no basta con visibilizar cuáles son las causas del cambio climático y cuáles las consecuencias del mismo, sino que urge pasar a la acción, debatir medidas, consensuar un plan y poner manos a la obra para proteger el planeta, la casa común de toda la humanidad tal como lo definió el papa Francisco en su encíclica Laudato Si. 
Con este punto de partida, se realizó en la ciudad estadounidense de San Francisco una cumbre sobre el clima en la cual se destacan avances en "la perspectiva del problema", esto es tomar conciencia de la gravedad de la situación, y la determinación de metas para los próximos años. Cero energía fósil, cero coches de gasolina, cero desechos: la eliminación total de las emisiones de gases de efecto invernadero es el objetivo, distante pero oficial, adoptado por más y más ciudades y territorios reunidos en San Francisco. Europa, Asia, América, Africa y Oceanía están representadas en la Cumbre Mundial de Acción Climática que reúne, de una manera sin precedentes, alcaldes y gobernadores en lugar de jefes de Estado y de gobierno. China envió la mayor delegación del encuentro, según Jerry Brown, gobernador de California. Xie Zhenhua, negociador para el clima de ese país, dijo a periodistas el jueves que el país alcanzaría su pico de emisiones antes de 2030, a partir de lo cual comenzarían a reducirse.
En este contexto, Copenhague es la ciudad más ambiciosa, la primera en apuntar a emisiones cero en tan solo siete años, un verdadero desafío tomando en cuenta que la alcaldía no tiene los medios legales para restringir el acceso de automóviles contaminantes a sus calles. En tanto, Los Angeles ha prometido eliminar el carbón para el año 2025 y apunta al "cero carbono" en solo unas pocas décadas, al igual que muchas otras ciudades europeas y norteamericanas.
El motivo del encuentro es salvar el acuerdo de París de 2015, y si bien el único que ha anunciado hasta ahora su retirada fue Estados Unidos, los demás países miembros han adoptado compromisos insuficientes para limitar el aumento de temperatura del globo a un nivel que no suponga un peligro. Pero para movilizar a la gente, el catastrofismo ha dejado de ser el argumento central, a pesar de que el huracán Florence golpea la costa este de Estados Unidos y el tifón Mangkhut, Filipinas.
Este movimiento, entonces, cambia de dirección la dinámica de las políticas públicas en torno al medio ambiente. Ya no de arriba (gobiernos nacionales) hacia abajo sino viceversa. Son los estados locales, aquellos que mantienen mayor proximidad con el ciudadano, los que buscan liderar la adopción de medidas para frenar el cambio climático negativo. 
Tokio, Seúl y Róterdam se han unido así a París, Londres, Barcelona, Ciudad de México y otras urbes en el compromiso de tener 100% de autobuses eléctricos en 2025, y reducir a "cero" las emisiones en una "zona importante" de sus territorios para 2030. Para Helen Clarkson, directora de la ONG The Climate Group, estos compromisos "abren una nueva frontera para la industria automotriz mundial".
Otros ciudades, regiones, provincias o estados estadounidenses quieren pasar a una electricidad sin energías fósiles y neutra en carbono, como California para 2045. Esto no quiere decir necesariamente energía 100% renovable; puede tratarse de energía nuclear y gas natural, con la condición de que se capturen las emisiones de carbono. Un centenar de grandes ciudades del club C40, presidido por la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, se comprometió a ser completamente neutras en carbono para 2050: esto incluye no solo la electricidad, sino también el transporte y el resto de la economía.
Unas 27 grandes ciudades de Europa y América del Norte, entre ellas Londres, París y Nueva York, comenzaron el descenso en la curva desde hace al menos cinco años, según un anuncio hecho en la cumbre. 
Las megalópolis del planeta, en los países en desarrollo, tampoco se encuentran allí, pues su crecimiento todavía se apoya principalmente en los hidrocarburos. El "pico" no se espera hasta al menos la próxima década en tanto que los alcaldes de estas regiones apenas están presentes en esta cumbre.
Pero sí lo están, en cambio, las multinacionales, muchas de las cuales han firmado contratos para usar solo electricidad "limpia" o han anunciado públicamente que lograrán esto en unos pocos años o décadas, en algunos casos en toda su cadena de suministro.





Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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