"Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio"

Información General 10 de septiembre de 2018 Por
El día que Joan Manuel Serrat actuó en Rafaela. Un invierno como tantos, en un hecho notable que sólo disfrutaron algunos. Y la nota que tardó veintitrés años en escribirse. Todo llega en la vida.
Ver galería IMAGEN DE VHS-ARCHIVO ALCIDES CASTAGNO  INOLVIDABLE.- El catalán Joan Manuel Serrat sobre el escenario del Belgrano donde pasaron muchos grandes.  ARCHIVO AC DEPARTIENDO. Antes de la prueba de sonido: Omar Perotti (intendente). Raquel Perlo, Marcos Corach, Rafael Soto, Roberto Mirabella y un tal… Serrat.
1 / 2 - IMAGEN DE VHS-ARCHIVO ALCIDES CASTAGNO INOLVIDABLE.- El catalán Joan Manuel Serrat sobre el escenario del Belgrano donde pasaron muchos grandes. ARCHIVO AC DEPARTIENDO. Antes de la prueba de sonido: Omar Perotti (intendente). Raquel Perlo, Marcos Corach, Rafael Soto, Roberto Mirabella y un tal… Serrat.

“Uno se cree que las mató el tiempo y la ausencia./Pero su tren vendió boletos de ida y vuelta…. “(Aquellas pequeñas cosas).

El jueves 15 de junio de 1995 el catalán Joan Manuel Serrat actuó en Rafaela, más precisamente en el Cine Belgrano, pero sólo pudo disfrutarlo algo más de cuatrocientos personas, según quien los cuente y lo cuente. Por razones de tardaron casi un cuarto de siglo en volver a la memoria, quien esto escribe se quedó con las ganas de cubrir el acto casi histórico a gusto de varias generaciones y de repasar en vivo temas como “Tu nombre me sabe a hierbas”, “Lucía” y “ La mujer que yo quiero”. Mi amiga Marilú padeció lo mismo y con el detalle -no menor- de no poder autografiar sus LP, hoy incunables vinilos de origen. Suele pasar. Dejemos en paz las pesadillas.
Por eso -y para eso- existe la memoria. Y en este caso con múltiples variables, ya que evocar la cuestión dio lugar a aportes de todo tipo, desde lo que algunos consideraron el alto valor de las entradas (aunque la parte alta del Teatro era más barata), hasta la difusión (no fue en todos los medios, según se aprecia en archivos amigos) y ese especial biotipo cultural del pueblo, siempre sujeto al análisis sociológico e, invariablemente, sometido a revisión. Un dato: al día siguiente, en Santa Fe, doce mil personas vivaron y vibraron con el catalán.
Miguel Tiraboschi, por entonces funcionario del municipio, fue el máximo responsable de la gestión junto a Rafael Soto y suele evocarlo como uno de los grandes acontecimientos en la materia. Sin embargo, es el inigualable archivo visual de Alcides Castagno el que provee las imágenes rescatadas de un añejo sistema de VHS, aunque ahora celoso custodio de la historia.
Alcides, considerado por el suscripto como el “inventor de la TV local y regional”, menciona lo difícil que fue escaparle a la celosa marca del representante del artista que no quería grabaciones de este tipo. Sin embargo, algo quedó. Y lo agradecemos.
La recolección de comentarios, en estos casos, suele chocar con los atajos de la memoria y sus caminos siempre esquivos. Algunos dicen que interpretó quince temas y otros lo llevan a veinte; hay quienes sostienen que fue acompañado por una tecladista en el escenario y que su aparición fue desde la oscuridad de la noche misma. Noche mágica que dejó imágenes, como esa charla con un joven intendente Omar Perotti y un grupo de colaboradores, y el contacto con un público que lo idolatraba. Muchos detalles no sobran, aunque me aportan un encuentro con alumnos de la Escuela Técnica “Guillermo Lehmann” que se aglutinaban bajo la nominación de “La vereda del sol”. Como suele suceder con este tipo de notas, es un clásico que cuando salga publicada, aparecerán datos para hacer dulce (SIC), de datos, obviamente.
Sin lugar a dudas, lo más importante y trascendente es esta visita, de un artista de nombre y trayectoria internacional, con unos cincuenta años cumplidos, que llegaba a esta tierra de inmigrantes, artistas locos, soñadores y laburantes extremos, entre otros méritos que dejarán de lado defectos para no agrandar la causa.
También, quizás, saldemos una deuda; aunque no creo. Me quedo con la emoción del reencuentro con el maestro Alcides y las palabras de Miguel: “Yo estaba sentado en la última fila de la platea y cuando lo vi aparecer a Serrat en el escenario, simplemente…me puse a llorar”.
Querido Miguel, aunque Serrat no vuelva, esas lágrimas valieron la pena.
Por algo, los escenarios suelen guardar la memoria de los pueblos.

“Son aquellas pequeñas cosas/que nos dejó un tiempo de rosas/en un rincón, en un papel o en un cajón…”



Te puede interesar