Desperdicio de alimentos

Editorial 12 de agosto de 2018 Por
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En un mundo donde el aumento de la población mundial es incesante y los recursos naturales para producir alimentos suficientes para todos son finitos, serán clave las políticas que puedan implementarse para hacer más eficiente la gestión de todo aquello que alimenta a las personas. Una de las tantas aristas de esta temática (o problemática) lo constituye el desperdicio de comida, que se ha convertido en un hábito peligroso según la FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación. En tal sentido, entre las prácticas identificadas que se pueden corregir figuran comprar más de lo que necesitas en el supermercado, dejar estropear las frutas y vegetales en casa u ordenar más de lo que podemos comer en el restaurante.
Según estimaciones de este organismo, cada año, cerca de un tercio de los alimentos que se producen en el mundo se pierde o se desperdicia, lo que equivale a 1300 millones de toneladas de productos comestibles. En Argentina se presume que entre un 25% y un 30% de los alimentos que se producen, se tiran. En los países en desarrollo, un 40% de las pérdidas ocurre en las etapas de poscosecha y procesamiento, por lo que se denomina pérdidas de alimentos. En los países industrializados, el mismo porcentaje (40%) de las pérdidas se produce a nivel del comercio minorista y del consumidor. Al respecto, tirar alimentos que no son vendidos o que no son consumidos en el hogar, restaurantes o cafeterías se llama desperdicio de comida.
Para la FAO, hay mucho por hacer para mejorar nuestra relación con los alimentos y evitar la pérdida y el desperdicio de comida. De acuerdo a uno de los documentos de discusión para promover la concientización, las personas hemos adquirido hábitos que afectan al planeta y ejercen una presión adicional sobre los recursos naturales. Considera que cuando desperdiciamos comida, desperdiciamos la mano de obra, el dinero y recursos valiosos (como semillas, agua, pienso, etc.) que se emplean en la producción de la comida, sin mencionar los recursos que se destinan a transportarla. En resumen, el desperdicio de alimentos aumenta las emisiones de gases de efecto invernadero y contribuye al cambio climático. Como se observa, el balance es totalmente negativo por lo que resulta imperativo poner en marcha planes de acción desde los estados o las entidades de la sociedad civil para corregir estos hábitos dañinos. 
Lo positivo de todo esto es que los hábitos se pueden cambiar. La FAO definió algunos consejos para que con pequeños cambios todos se puedan convertir en un pequeño héroe de la consigna hambre cero hacer del no desperdicio un estilo de vida. En esta lista, menciona la cuestión de pequeñas cantidades, esto es servir o comer porciones de comida más pequeñas en nuestro hogar y compartir con amigos en los restaurantes, en caso de que las porciones sean muy grandes.
Además, sugiere guardar las sobras para otra comida o para utilizar en un plato diferente. También recomienda comprar sólo lo que necesitamos con una actitud inteligente, que puede comenzar con una lista de lo que necesitamos, seguirla al pie de la letra y no incluir cosas que creemos no vamos a consumir. 
Revisar la heladera para comprobar que mantiene una temperatura entre 1 y 5 grados centígrados y de esa manera conservar una frescura y prolongar al máximo la vida útil de los alimentos. Otra acción inteligente sugerida por la FAO es entender las fechas,  es decir "consumir antes de" indica una fecha en la que el alimento es seguro para ser ingerido, mientras que "consumir preferentemente antes de" significa que la calidad del alimento es mejor antes de esa fecha, pero sigue siendo seguro para el consumo después de esta. Por último, donar el excedente de alimentos también constituye una opción porque, en definitiva, compartir es vivir.
El planteo de esta problemática por parte de la FAO encuentra eco en distintas regiones del mundo. La Provincia de Santa Fe es una de ellas: este año el Gobierno lanzó la iniciativa denominada "Otro Plato", que surge con el objetivo de concientizar a propietarios y personal del sector gastronómico y hotelero provincial, promoviendo el consumo responsable y generando acuerdos y acciones para reducir los desperdicios de alimentos.
El proyecto, presentado a principios de este año, establece que en los bares, restaurantes y hoteles que se sumen a la iniciativa, el personal se capacita en reducción de alimentos, se exhiben calcomanías y se invita a los clientes a llevarse las porciones no consumidas. De este modo, pueden llevarse los alimentos que sobran para usarlos como “Otro plato” en la próxima comida y así reducir el desperdicio de alimentos.
Todavía no se observan grandes avances a destacar, pero es necesario sostener esta iniciativa para generar contagio. Se trata de un buen comienzo. 

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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