Crónica de una muerte anunciada

Carta de Lectores 07 de agosto de 2018 Por
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Sr. Director: 

El domingo fue un hermoso día, soleado, agradable, para disfrutarlo intensamente, después de tantos días de frío y heladas. Sólo que para algunos.
Caminaba en el cantero central de la Av. Lehmann, en cercanías del Autódromo, a esa hora de la tarde colmado de familias, chicos, jugando a la pelota, haciendo picnics, con sus perros y mascotas.
Los espacios verdes no abundan en Rafaela, y el interior del Autódromo es un gran parque sombreado en paralelo al Bulevar que termina en el acceso, donde se aprovecha para todo tipo de actividades recreativas.
Y el Bv. Lehmann, de la vía del Ferrocarril al norte, doble mano pavimentada, especial para hacer ciclismo, patín, correr, y hasta gente que aprende a manejar.
No es la primera vez que veo que también, por desgracia, se usa para hacer picadas, especialmente en motos. Y esa tarde no fue la excepción.
Un grupo de chicos, casi adolescentes, con sus motos estaban corriendo carreras en un sentido y el otro. Ya los había visto pasar a fondo, acostados sobre las motos, sin casco ni protección alguna, y poniendo en peligro la seguridad de los peatones y familias que caminaban en el cantero central y también de los ciclistas y otras personas que circulaban por el Boulevard.
Lo que tantas veces vi en esas picadas y supuse que podría pasar, finalmente pasó y se llevó la vida de un joven de tan solo 19 años.
Las dos motos lanzadas en velocidad, con los chicos panza abajo y haciendo los cambios con la mano, en algún momento se rozaron entre ellos y creo también rozaron una camioneta que circulaba en la misma dirección, haciendo perder la estabilidad a uno de ellos quien salió despedido de la moto hacia el cordón del cantero, donde quedo tendido sin vida en el acto, por la terrible contusión, sin casco alguno. La moto también salió literalmente volando hacia arriba, pasó sobre mi cabeza y aterrizó en medio del cantero a unos 30 o 40 metros. Afortunadamente, nadie estaba allí en ese lugar, y no se produjo un accidente aún mayor.
Vi la cara del chico en su moto cuando pasó la primera vez con su gorra echada para atrás, junto a su compañero en plena carrera y después del impacto, su cuerpo tendido sin vida sobre el asfalto.
Pienso que hay tragedias inevitables, por fuerza mayor, por imprevistos, por fenómenos de la naturaleza y otras causas, pero es harto evidente que hay otras que sí se pueden prever y evitar.
La impotencia y el dolor de ver a sus familiares y amigos frente a esa vida tronchada por la imprudencia pero también por la falta total de vigilancia y de presencia tanto policial, como de la GUR en ese sitio, lleno de gente transitando de a pie en medio de dos calles, donde este tipo de maniobras, corridas, picadas son frecuentes.
Me he cansado de verlas, y constatar que ningún móvil, control de tránsito, o la sola presencia de las fuerzas policiales que tienen el deber y la obligación de cuidar de las vidas y la seguridad de los ciudadanos.
Pagamos nuestros impuestos, tasas y contribuciones para mantener un estado y una ciudad que no puede garantizar no solo la seguridad de sus habitantes, por los cientos de hechos delictivos sin esclarecer y otros que siguen y seguirán impunes, como así también la vida de las personas, que se desplazan con negligencia en vehículos, o bien sin las medidas de seguridad obligatorias como el casco, que puede salvar vidas.
¿Cómo no controlar un espacio público donde se junta la gente para disfrutar de un día de sol, en paz y tranquilidad, y donde se sabe hace tiempo que ocurren picadas, exceso de velocidad y hasta ciertos hechos delictivos, a cuadras de donde está el cuartel general de la GUR?
Esta muerte se pudo haber evitado, con control y presencia de las fuerzas de seguridad.
No había nadie. Sólo otros ciudadanos que vimos con dolor e impotencia, cómo un joven de 19 años dejaba la vida, porque no estaban los que tienen que estar para disuadir y evitar esta tragedia.

Mario Molfino
10.636.162
Rafaela

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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