El laberinto argentino

Notas de Opinión 14 de julio de 2018 Por
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En la Argentina otra vez está a prueba la capacidad para soportar tiempos adversos a partir de la necesidad de aplicar un fuerte ajuste al gasto público para iniciar un proceso de reducción del déficit fiscal, a esta altura insostenible ya que debe cubrirse con endeudamiento coinciden los economistas palabras más palabras menos. Nadie puede dudar de que los invisibles pero endemoniados mercados ya no confían en el país como para prestarle dinero sin preocuparse, al punto que el gobierno nacional no tuvo más remedio que recurrir, sin quererlo básicamente por sus efectos negativos en la percepción pública -que luego se paga en elecciones-, al Fondo Monetario Internacional. 
El debate de los economistas argentinos nunca se termina. Los que están fuera de la función pública siempre saben una página más que el libro, aunque cuando ocupan un ministerio no encuentran ni una solución para tantos problemas. En ese contexto, aparecen los médicos liberales que recetan ajustes aquí y allá. La orden no escrita para el Gobierno es pagar primero la deuda y sus intereses, luego los salarios y las jubilaciones. Si tiene contratados, no importa si desempeñan tareas clave, son ñoquis o hacen militancia partidaria en un organismo público, la sugerencia es no renovar ese vínculo o despedir. Si sobra algo de dinero es preciso elegir qué obras de infraestructura continuar aunque no alcanzará para mantener el ritmo de inversión. La construcción, considerado un sector clave para la actividad productiva, perderá impulso y en ese recorrido caen los puestos laborales, aumenta el desempleo, baja el dinero en poder de las familias y se desploma el consumo. 
Si los comercios venden menos, también deben achicar sus gastos. El personal, inevitablemente, es una variable de ajuste. Entonces nuevamente crece el desempleo. La lógica para la industria es más o menos similar: por ejemplo la automotriz sufre la caída de la comercialización de nuevas unidades, recibe menos ingresos y entonces no tiene más alternativa que reducir la producción y sus gastos. Otra vez el personal es una de las variables de ajuste. Suspensiones, adelantos de vacaciones, no renovación de contratos y finalmente, despidos.  
Más allá del optimismo que se busca inyectar desde el gobierno o el pesimismo que se propaga desde la oposición, en ambos casos con intereses políticos claramente marcados, está el realismo. En Rafaela se reúnen distintas familias y en voz baja admiten que con mayor asiduidad le tocan el timbre o le golpean la puerta de sus casas personas que solicitan algo para comer, ropa usada o unos pesos para pagar la leche de los chicos, una escena que refleja el momento más allá de la política. Difícil digerir este tipo de situaciones que desnudan el fracaso colectivo y nos pone frente a familias que no pueden satisfacer sus necesidades básicas. 
Cuando la Argentina transita estas oscuras etapas, las clases dirigentes acostumbran a exigir sacrificio al pueblo con la promesa de que servirá para un mejor mañana. Y la historia demuestra que a pesar de tantas crisis que demandaron sacrificios el mejor mañana aún no llegó. ¿Qué hacer? Creer o reventar, dice la frase hecha o el refrán de ocasión. 
Quienes se oponen al acuerdo con el FMI, más allá de sus buenas o malas intenciones, advierten que las lecciones de la historia muestran que los ajustes nunca dieron buenos resultados. Tal vez al país le faltó completar la tarea, vaya a saber uno. Tantas décadas y nunca hemos encontrado la salida al laberinto argentino, por momentos confiamos en estar cerca de la puerta pero está claro que se trató de ilusiones ópticas. 
Un tal Einstein, Albert Einstein, sugirió que si alguien busca resultados distintos no debe hacer lo mismo de siempre. Es una de sus citas más utilizadas desde que la pronunció, pero bien lo podría haber dicho ayer frente a la Casa Rosada o sentado en una mesita de cualquier bar argentino. 
Un tal Borges, Jorge Luis Borges, definió a los peronistas como "incorregibles". A la luz de los resultados, la caracterización aplica para la totalidad de los argentinos. 
Otro refrán muy difundido, con un indiscutido sentido motivacional, dice que la esperanza es lo último que se pierde. Pero cabe la posibilidad de que el laberinto en el que estamos atrapados los argentinos no incluya la salida por un defecto del fabricante. 







Pedro Ulman

Secretario Redacción. Diario La Opinión

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