Economía internacional

Editorial 13 de julio de 2018 Por
La guerra comercial desestabiliza los cimientos de la economía internacional tal como se la conoce.
Las tensiones en el comercio internacional amenazan con desatar una batalla a gran escala que difícilmente genere ganadores, sino más bien perdedores de distinto nivel. Resulta una tarea compleja tratar de explicar que aquellas naciones entregadas al sistema de libre mercado y consagradas a difundir las bondades que implica eliminar trabas al comercio ahora comienzan a aumentar aranceles para proteger sus economías fronteras adentro. 
Así, el siempre complicado diálogo para encontrar acuerdos comerciales entre países o bloques, que se desarrolla en los ámbitos sensibles de la diplomacia, ahora sufre un retroceso que nadie puede anticipar cuántos casilleros será. 
¿Cuáles son las implicancias de este clima beligerante en asuntos del comercio?. La Comisión Europea redujo sus previsiones de crecimiento para la Eurozona en 2018, señalando la tensión comercial con Estados Unidos como uno de los factores que dañan la moderada recuperación de la economía del euro. En este sentido, los 19 países del euro crecerán en su conjunto un 2,1% del PIB en 2018, tras registrar un 2,4% el año anterior, según las cifras publicadas por el ejecutivo comunitario, que rebaja en dos décimas sus previsiones de comienzos de mayo.
De acuerdo al análisis publicado por la Comisión Europea, esta ligera revisión de las perspectivas de crecimiento refleja el impacto en la confianza de las tensiones comerciales y la incertidumbre política. El conflicto registra una escalada de acciones tácticas en el campo de la diplomacia y el comercio. Por caso, la Unión Europea aumentó en junio los aranceles a una lista de productos estadounidenses en respuesta a la decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de gravar las exportaciones de acero y aluminio de sus socios.
En respuesta, Trump amenazó poco después con imponer nuevos aranceles a los vehículos europeos, una decisión que afectaría principalmente a Alemania, la primera economía de la zona euro y una potencia automotriz.
Mientras China y Estados Unidos constituyen los grandes protagonistas de esta pulseada en el mundo de los negocios internacionales, otros países se ven arrastrados por la onda expansiva. Uno de ellos es Suiza, que puso en marcha un proceso ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) contra los aranceles aplicados por el gobierno estadounidense al acero y al aluminio importados desde el 23 de marzo de 2018.
Suiza, donde tiene la sede la OMC, se une así a otros miembros de la organización internacional como la Unión Europea, China, México, Canadá y Rusia, que decidieron responder a las medidas de Washington. Las reglas de la OMC establecen que, si en 60 días no se resuelve el conflicto, Suiza puede pedir a la OMC crear un tribunal de arbitraje, primer paso de un largo proceso que puede durar años.
Suiza, cuyas exportaciones afectadas ronda los 70 millones de euros, ya pidió a Estados Unidos una exención de los nuevos aranceles pero Washington "todavía no ha respondido", indicó el ministerio.
En este convulsionado escenario, la guerra comercial entre Estados Unidos y China llegó hasta la OMC, con Washington cuestionando la legitimidad de pertenencia del gigante asiático a la institución internacional. Según el embajador estadounidense ante la institución, Dennis Shea, la incapacidad de China para adoptar plenamente las políticas de apertura y orientación hacia el mercado debe ser objeto de debate, en el interior de la OMC o fuera de ella.
El trasfondo de estas escaramuzas es alarmante: el gobierno de Estados Unidos comenzó a definir una lista por valor de 200.000 millones de dólares en productos chinos a los que impondrá nuevos aranceles.
Otro factor que enturbia el contexto internacional tiene que ver con las negociaciones entre la Unión Europea y Gran Bretaña por la salida de este país de ese bloque. 
Por último, lo que tiene que ver con el panorama internacional, el Banco Mundial confirmó esta semana que la India se convirtió el año pasado en la sexta economía mundial, reemplazando a Francia en esa posición. El año pasado el Producto Interior Bruto (PIB) indio alcanzó a 2,59 billones de dólares, frente a los 2,58 de Francia, según cifras actualizadas en junio. Según las previsiones anuales del Fondo Monetario Internacional (FMI), las economías emergentes y en desarrollo de Asia crecerán un 6,5% en 2018. En el caso de India, el crecimiento sería del 7,4% en 2018 y de 7,8% en 2019, según el organismo. Lo que antes se llamaban "tasas chinas" para definir la expansión de la economía de ese país ahora se ha transformado, al parecer, en "tasas indias". 
Tras este repaso, la guerra comercial desestabiliza los cimientos de la economía internacional tal como se la conoce. Quedará, en este marco, la incertidumbre sobre la letra chica definitiva del acuerdo que discuten la Unión Europea y el Mercosur, que integra la Argentina junto a otros países de la región. 

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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