La delicada tarea de podar los rosales

SUPLEMENTO RURAL 12 de julio de 2018 Por
Los rosales necesitan una poda periódica entre los meses de junio y agosto de cada año para mantener su buena salud. Pero hay que estar atentos a las peligrosas espinas para no pincharse.
FOTO ARCHIVO  ROSAS BONITAS. Visten como pocas el jardín, pero requieren mantenimiento.
FOTO ARCHIVO ROSAS BONITAS. Visten como pocas el jardín, pero requieren mantenimiento.
¿Podar o no podar? Algo tan controvertido en los últimos tiempos como la poda de especies vegetales tiene, en el caso de los rosales, una respuesta sencilla y categórica: es prácticamente indispensable. Aquí les cuento qué es la poda, su objetivo y la manera de realizarla en cada especie de rosal.
En un significado estricto y general, la poda se define como la eliminación de órganos o apéndices de un vegetal muerto, enfermo o que dificulten la estética y el perfecto desarrollo de este.
Después, en la práctica, nos encontramos con un buen número de técnicas de poda tendientes a otros muchos menesteres: de formación, de floración, de fructificación, de rejuvenecimiento, etc.
Sirve para formar los diferentes portes de las distintas variedades (poda de formación), mantiene en perfecto apogeo la calidad de las floraciones (poda de floración) y permite una mayor longevidad a las variedades cultivadas (poda de rejuvenecimiento).
Cada clase de rosal (porte y variedad) exige su propia técnica de poda, pero es preciso comenzar por la eliminación de todos los tallos, muertos, secos y enfermos, largos y delgados o cruzados. Los chupones que han nacido bajo el injerto es preciso eliminarlos por la base. Los cortes se realizan siempre por encima de un brote o yema que salga hacia fuera. Los cortes deben ser limpios y las zonas podadas deben quedar lisas para evitar que se introduzcan parásitos por ella.
El momento clave se sitúa durante el invierno, aunque algunos amplían el plazo de otoño a primavera. Los despuntes, el corte de flor y la eliminación de flores pasadas son labores que pueden realizarse en todo tiempo.
En lo que hace a herramientas, necesitaremos tijeras de podar de una mano para ramas más gruesas, de dos manos y unos guantes para rosales lo suficientemente protegidos pero con una cierta sensibilidad.
Con respecto a los rosales bajos, es decir híbridos de té, polyantha y floribunda, nuestro objetivo es la calidad y cantidad de rosas, que pueden presentarse grandes, escasas y aisladas o en racimos y ramilletes. Tras el aclarado, podaremos cada rama elegida respetando entre 3 y 5 yemas.
En lo que hace a rosales trepadores, podaremos las ramas a 3 o 5 yemas desde su inserción. La diferencia estriba en que la inserción en las ramas de los rosales trepadores o sarmentosos, se encuentra a lo largo de las guías que hayamos seleccionado como madres para cubrir celosías, pérgolas, enrejados, etc. Guías que debemos respetar año tras año, pudiendo en ocasiones ampliar en número.

CUIDADOS
Después de cada poda conviene un muy bien abonado. El entutorado y guía de muchas especies de rosales es tarea primordial y complementaria de la poda. Al igual que los tratamientos preventivos sobre todo fungicidas y aficidas. Cuidados complementarios serán la eliminación de flores marchitas con un buen trozo de tallo, el mantenimiento de las palanganas alrededor del macizo y el control periódico del estado hídrico de la planta.
A podar se ha dicho. A no pincharse... 

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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