En busca de… Mariana Palumbo, socióloga

La Palabra 14 de julio de 2018 Por
Emociones sociales Orientó sus estudios superiores hacia la Sociología y las Ciencias Sociales, lo que le permitieron concretar estancias de trabajo de investigación en cuestiones de género en México. Participa de varios emprendimientos donde se abordan la afectividad, la sexualidad, el feminismo y la violencia, entre otros temas. La militancia también forma parte de sus días. De su vida profesional intensa nos cuenta en esta charla con LA PALABRA.
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1 / 2 - archivo Mariana Palumbo - Militancia: También forma parte de la vida de Mariana Palumbo

LP - ¿Cuáles son tus títulos?

M.P. - Cursé Licenciatura en Sociología, Maestría en investigación en Ciencias Sociales en lo metodológico y el Doctorado en Ciencias Sociales.

LP - ¿Cómo armaste tu vida profesional una vez finalizados tus estudios superiores?

M.P. - Estoy terminando el doctorado. La investigación viene desde antes. Siempre trabajé temas de género y de sexualidad, pero fue cambiando. En la maestría trabajé jóvenes y noviazgos violentos, en el doctorado me metí con otros temas, y sí todo el tema de la violencia. Pero además trabajo en la Dirección de género y diversidad sexual, una cosa muy pequeña, en la Universidad de San Martín. Ahí lo que hago es generar contenidos sobre temas de diversidad, temas de violencia, temas de género. También voy a reuniones de militancia, o a escuchar, como con el tema del aborto, yendo al Congreso. El libro es porque hace dos años trabajé en esta misma Dirección, lo que hice fue armar una encuesta sobre prácticas y representaciones de violencia en los estudiantes del campus de la Universidad de San Martín. A raíz de esa encuesta, que tuvo muchas preguntas, hubo un módulo sociodemográfico, lo segundo fue violencias en general, dónde experimentan violencia varones y  mujeres. Dentro de la muestra hay una mujer trans que fue encuestada también. Es una muestra muy chiquita del uno y medio por ciento de la población, no representativa, que se tradujo en doscientos casos. El tercer módulo es violencia en los vínculos eróticos afectivos, formales e informales. Y el cuarto módulo era violencia dentro de la universidad. Quiénes experimentaban violencia a raíz del color de piel, etcétera. Y también se había puesto de docentes a estudiantes, y entre pares. Eso se terminó y de ahí sale el libro que se llama “Pensarnos desde adentro” que son los resultados de la encuesta.

LP - ¿Qué analizaste de esos resultados con los datos que obtuviste?

M.P. - Lo que hice fue ver dinámicas de violencia, agencia de violencia. Muchos temas los había visto en la maestría que acá los confirmé y otros que no. Lo que se observa claramente es que el espacio público hace víctimas de la violencia a las mujeres, totalmente. Hay algunas escenas de violencia por orientación sexual a varones o violencia entre varones, pero no basadas en atributos de género. En lo privado empiezan a aparecer levemente las mujeres como ejerciendo violencia también en los vínculos de pareja. En estos casos los celos y el control es un atributo de ambos. Porque la idea del amor romántico basado en los preceptos de la monogamia -yo soy todo para el otro; el otro es todo para mí- dispara el tema de violencia en la pareja. Y eso aparecía en parejas heterosexuales, en parejas no heterosexuales. Ahí es como que es una práctica que se envía. Esto es como para problematizar. El amor romántico es enlatado, dispara escenas violentas tanto en varones y mujeres, y después la que termina siendo víctima, porque la violencia es más cruenta, son las mujeres. Pero si uno quiere realmente trabajar el tema de violencia en los jóvenes en los noviazgos, es imperante que vuelva la Educación sexual integral -ESI- y que se aplique porque no lo están haciendo.

LP - En la provincia de Santa Fe algo están haciendo con ese tema en la primaria…

M.P. - Santa Fe siempre es una provincia modelo. Es la primera que va a trabajar estos temas en la Argentina. Tiene como todos los programas de temas de sexualidad. En ese sentido para mí es de vanguardia. Hasta las leyes para no fumar en espacios públicos.

LP - ¿Cómo se arma un trabajo de investigación?

M.P. - Está buenísima esa pregunta. Está buena para dar una clase de metodología. Lo primero que uno tiene que hacer es definir un tema. Por ejemplo te interesa cómo cambió la ciudad que es un gran tema. Uno empieza a hablar, empieza a problematizar, aparecen los aportes personales del equipo, las dinámicas, y se empieza a recortar. Y se define el tema a estudiar en un espacio y en un momento. Determinada ciudad en determinado año, por ejemplo. Después hay que ver si el tema es importante, si tiene impacto. Entonces hay que buscar información, datos, siempre apelo a los diarios como primer disparador para ver si esto está en agenda o no, recorto y ahí tengo el objetivo principal: analizar tal o cual cosa. Después se plantean los objetivos específicos. Una vez que uno hace eso, lo que voy a definir es cómo lo voy a estudiar. La metodología puede ser cualitativa como una entrevista u observaciones, o más cuantitativa como una encuesta. Cuando se lleva a cabo todo el trabajo de campo, se sistematiza. Es importante escribir en un cuaderno todos los prejuicios que uno tiene, aunque es imposible sacárselo porque se está todo el tiempo operando, pero es para limpiar todo lo que se pueda. Una vez sistematizada uno empieza a encontrar cuáles son los hallazgos y a partir de eso lo puede dividir en capítulos, le pone teoría, etcétera. Uno va siempre al campo con teoría.

LP - ¿Qué otros trabajos de investigación tenés realizados?

M.P. - Los que hice fue en Maestría, lo del doctorado, y el de la Universidad de San Martín. Todos esos trabajos llevan mucho tiempo. Varios años casi siempre. En algunos casos afectados a la beca del Conicet y a veces como militancia.

LP - ¿Cómo es la carrera de investigador?

M.P. - Sos becario del Conicet, hacés un doctorado, un post doctorado en nuestro país o afuera, y después entrás a la carrera de investigador, en planta. Pasás de ser formado a formador y devolvés a la sociedad lo que recibiste, claramente.

LP - Escribiste un artículo que se titula “El comentario desubicado en el aula”. ¿Qué análisis hacés de ese tema?

M.P. - Es en base a lo que conté de la investigación en la Universidad de San Martín. Y sí, el comentario desubicado en el aula es porque más de la mitad de los y las estudiantes dicen haber experimentado en el espacio aula un comentario discriminatorio. Aula o pasillo. Pero basados en atributos de género. Algo en el aula o en el pasillo le dijeron y lo vivieron. Lo que hicimos con la directora del programa, es analizar cómo es la sociabilidad en el espacio universitario, que se supone de conocimiento, y que todos somos sujetos iluminados donde no hay sexualidad. Y ahí hay sexualidad, hay deseo, hay todo, todo el tiempo. Porque siempre el tema del acoso pasa por la secundaria. No. En la universidad pasa lo mismo con gente de más de veinte años. Y también aparecen los docentes ejerciendo abusos. Casi todas estas situaciones son horizontales que se dan entre pares. Pero también aparecen los docentes varones apropiándose de internet, facebook, whatsapp, como un modo de acosar a los alumnos. Eso está en las encuestas.

LP - ¿Esos datos se pueden comparar con otros tomados en otros momentos?

M.P. - Sí, claro. La idea es volver a replicarlo. Anteriores no hay porque pensemos que la primera universidad que empezó a hacer encuestas sobre este tema fue Córdoba en dos mil once. Una dentro del trabajo social y otra dentro de un claustro universitario. No había protocolos, hoy casi la mitad de las universidades del país lo tienen. La UBA lo tiene hace poco, y la UNSAM de San Martín fue una de las pioneras. Eso fue porque en dos mil trece a una alumna la mata el novio -un feminicidio- y por voluntad del rector de ese entonces se armó una Dirección de género y diversidad sexual sobre el tema con un programa que escuche a la gente, qué está pasando. Ese programa que este año pasó a ser una dirección dentro de la universidad, tiene protocolos, una red de universidades, tiene consejerías, recibe denuncias.  

por Raúl Vigini

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