Nuestra agenda se fue al sótano

Notas de Opinión 10 de julio de 2018 Por
Irrita que se estuvo debatiendo estos días si una diputada dejó cinco pesos de propina en un bar, pero no analizamos los lineamientos de un plan de Desarrollo.
No es una problemática de hoy. Como muchos de nuestras frustraciones, viene de décadas. Empero, en estos días pareciera agudizarse. La agenda de nuestra Nación ya no es ni siquiera mediocre. Se nos ha ido al sótano, por no decir al quinto subsuelo. El extremo, lo que resalta e irrita, es que se estuvo debatiendo estos días si una diputada dejó cinco pesos de propina en un bar. El centro de las preocupaciones es si debemos estimular que la clase media incremente la dación de changas. No analizamos los lineamientos de un plan de Desarrollo, sino cómo estimular trabajos de albañilería, plomería o de electricidad en algunas fincas o departamentos.
Es cierto que la Cámara de Diputados debatió y dio sanción -definitiva o parcial- a proyectos de más enjundia como el de urbanización de asentamientos precarios, la donación implícita de órganos y el llamado ‘banco de alimentos’ para que centenares de toneladas de comestibles se deriven a los necesitados. Empero, la regla es que las temáticas del país desmotivan al más optimista. La baja del déficit del fisco no es para engolfarse. Es para inquietarse y solucionarlo, no para despertar euforia. La trampa de la inflación con recesión es para celebrar un gran Pacto nacional, ese que ni siquiera se propone, mucho menos se labora. La corrupción sistémica exige un Acuerdo antiimpunidad y a favor de transformaciones en la Justicia. Se viene amagando en lo atinente al segundo asunto, pero con escasísimos avances. Respecto de lo primero, la anticorrupción, nada por acá ni por allá. Que siga el baile…
Apenas existen borrosos esbozos que intentarían definir algunas áreas donde podríamos ser fuertes, con aptitud para configurar los basamentos de nuestro plan de Desarrollo. La tecnología agropecuaria -en medio de inexplicados y paradójicos recortes en el INTI -, la agroindustria en general, las pymes exportadoras consorciadas como en Italia, el software y otros conocimientos, la metalmecánica, la tecnología nuclear y satelital, la minería sustentable, el turismo receptivo, una amplia gama de servicios, entre otros, podrían ser el tejido conjuntivo del desarrollo nacional. Un puñado de expertos se interna en analizar esto. A la nación no le llega. Consecuentemente, cunde la desesperanza, sobre todo en los jóvenes. No es que el país no enamora. Literalmente desencanta.
Los llamados ‘mercados’ -y el ‘círculo rojo’ o de otra tonalidad- toman rápida nota de que no hay en la Argentina cosmogonía del futuro. Registran la caída de la voluntad nacional. No hay peor enfermo que el que no quiere curarse. Entonces, sus escasas ‘inversiones’ son puramente especulativas financieras -para aspirar recursos- y, en último caso, sin riesgo, cuasi expoliadoras o con monopolio asegurado y fuga de beneficios.
Todos los días nos despertamos con una noticia de un recorte del gasto -que no sabemos si realmente se efectiviza-, pero no existe una sola información sobre cómo crecer. Convengamos que la desmotivación es inenarrable. Sin incentivos ni perspectivas, declina la actitud ¿Cómo ganarle a la crisis portando tan pesado desánimo?
No cabe ninguna hesitación: los problemas argentinos son políticos. La economía maltrecha y tambaleante es un efecto. Algunos, con sanidad de espíritu, podrían objetar: ¿y dónde se ubica la ética notoriamente ausente o alejada de la escena principal? La anomia es hija de la mala política. Ésta la prohijó y por supuesto la amoralidad agravó el cuadro.
En China tuvo clamoroso éxito la creación hace más de 40 años de las denominadas ‘Zonas Especiales’, genial apertura de Deng, el mismo que dio una lección sobre el disvalor de los dogmas ideológicos: “no importa el color del gato, lo relevante es que cace ratones”. Shenzhen, puerto sobre el mar Meridional chino, hace cuatro décadas era un pueblo de pescadores como Gral.Lavalle, en el sector más deprimido bonaerense. Hoy es una urbe esplendorosa que está convirtiéndose en el ‘Silicon Valley’ del país más poblado del globo. ¿Cómo lo logró? Fue a partir de constituir una de las ‘Zonas Especiales’, con desgravaciones y desregulaciones, centrípetas de corrientes inversoras. Se crearon con este modelo miles y miles de puestos de trabajo, incluyendo los altamente calificados. El ascensor social empezó a funcionar. Cada año emergen a la clase media 40 millones de chinos. No fue ni es necesario ‘esclavizar’ al trabajador. Quitarle derechos. Sí sustraerlo de la economía de subsistencia, esa de horizonte estreñido. La economía decadente es la que elimina derechos, comenzando por el de tener trabajo.
Acá es hora de las Zonas Especiales en el Norte, en el Centro y en el Sur. Con audacia, sin miedos. Con ganas de renovar y de cambiar. Sí, el nombre que le dio Alfonsín a su movimiento interno hace esos mismos cuarenta años, sin que los resultados puedan compararse con los chinos. Lamentablemente. Igual que la ‘renovación’ de Cafiero que no pudo neutralizar la llegada de los diez años del gobierno de los noventa y de los doce y medio de la ‘administración’ de los dos patagónicos. Entre los tres períodos pasamos del 8% de pobres al 30%, con el agravante de que la pobreza se infantiliza, estamento etario donde ya sobrepasa el 43%. Se avizoran más sombras…
No es menester un catalejo para ver que nuestro futuro se halla plagado de incertidumbres, máxime si tenemos casi nula predisposición para pensarlo. En Diputados, como en el Mercosur, impulsamos la creación de sendas Comisiones del Futuro -Chile, Finlandia y otros países las tienen-. Diría que el entusiasmo por prever el largo plazo, con una paralela abstracción respecto del inmediatismo, es prácticamente una idea huérfana. No tiene ni padres ni amigos en estos lares.
Algo entusiasmante debemos implantar en el escenario nacional. Lo que debemos hacer no se estudia en Oxford ni en Georgetown ni proviene de Wall Street. Tampoco se encuentran las treinta manzanas que rodean a la Plaza de Mayo como lamentaba el Dr. Illia. Está en la esencia de nosotros como colectivo nacional. Se halla en esa capacidad innata de crear, iniciar, promover que poseen los argentinos de todas las latitudes. Está en desterrar el ‘no te metás’ y todas las modalidades de la ‘viveza’. Está en respetar al otro, en ser responsables. En comprometernos. En reelaborar la confianza en nosotros mismos. En acometer un camino grande para un país enorme.

* Diputado del Mercosur y diputado nacional M.C.; presidente nacional del partido UNIR

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