Un día que nos moviliza

Editorial 09 de julio de 2018 Por
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Cada vez que el calendario se instala en una fecha considerada patriótica porque en ella se produjeron hechos vinculados al surgimiento y conformación de la Argentina, en su mayoría en los primeros años del siglo XIX, los argentinos sentimos la obligación de rescatar la obra de los próceres de antaño pero al mismo tiempo aprovechamos la oportunidad para evaluar qué nos quedan de aquellos días de héroes de la Revolución o de la Independencia. Resignificar es la palabra que quizás define este impulso por repasar lo que sucedió en los días de Mayo de 1810 o de Julio de 1816 y, poniendo todo en perspectiva, analizar que el papel de los protagonistas y cuál es el mensaje que aún perdura en estos días. O qué cosa que plantearon como objetivos fundaciones aquellos patriotas aún no pudimos plasmar.
Y el poderoso concepto de "independencia" vuelve periódicamente sobre nosotros, como prueba de que la historia "siempre se repite" o está cerca de hacerlo. Alguna vez un dirigente político de relevancia profetizó que el siglo 20 encontraría a los argentinos "unidos o dominados".
La historia resumida que cuenta el Ministerio de Educación sobre este feriado del 9 de Julio es que evoca la jornada en que un grupo de representantes de las Provincias Unidas confirmó en una declaración su intención de poner fin a siglos de dominio colonial español. Define a esa declaración de independencia como un acto soberano y colectivo que se acordó durante el Congreso de Tucumán en el que 28 diputados sesionaron y debatieron durante muchos meses para proyectar una nueva nación con gobierno propio.
Se destaca que el Congreso fue convocado cuando la Santa Alianza promovía en Europa la restauración monárquica y combatía los movimientos liberales y democráticos, lo que ponía en riesgo el proceso iniciado seis años antes con la Revolución de Mayo. Comenzó en Tucumán debido al creciente malestar que evidenciaban los pueblos del interior con Buenos Aires, dado que desde la supresión de la Junta Grande por el Primer Triunvirato en 1811 y hasta el Directorio de Alvear, la conducción porteña había impuesto sus criterios centralistas, desconociendo las tendencias confederales de la mayoría de los pueblos del interior.
En este escenario de una revolución a medio hacer estancada en un mar de dudas, las provincias fueron convocadas para reunirse en Tucumán hacia donde enviaron a sus diputados, aunque por diferencias políticas no participaron los representantes de Santa Fe, Corrientes, Entre Ríos y la Banda Oriental. Con un sentimiento antiporteño dominante entre los congresistas, el 24 de marzo de 1816 se iniciaron -luego de una salva de 21 cañonazos- los debates en la casa de doña Francisca Bazán de Laguna con Alvarez Thomas como Director Supremo, aunque renunció para ser reemplazado por Antonio González Balcarce, que también dimitió. Ya en mayo, Juan Martín de Pueyrredón, integrante del grupo porteño, fue elegido Director Supremo, con el objetivo de pacificar y unir a todo el territorio.
En este contexto, los primeros avances se registraron cuando todos aceptaron un plan presentado por los diputados Esteban Agustín Gazcón, Teodoro Sánchez de Bustamante y José Mariano Serrano que instaba a comunicarse con todas las provincias para insistir en la necesidad de unión y así enfrentar al enemigo externo; declarar la Independencia, discutir la forma de gobierno más conveniente para las Provincias Unidas, elaborar un proyecto de Constitución y preparar un plan para apoyar y sostener la guerra en defensa propia, proveyendo de armamentos a los ejércitos patriotas.
Intensos debates signaron los días del Congreso hasta que llegó el 9 de Julio, cuando a pedido del jujeño Teodoro Sánchez de Bustamante se discutió el proyecto de Declaración de Independencia que finalmente fue aprobado por lo que ese día de hace 202 años se proclamó una nueva nación libre e independiente.
De acuerdo a la historia, el momento clave fue cuando el diputado sanjuanino Francisco Narciso de Laprida preguntó al resto de los congresistas “¿Queréis que las Provincias de la Unión sean una Nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli?”. La respuesta unánime fue afirmativa por lo que se labró el Acta de la Emancipación que hoy recordamos en toda la Argentina.
Aquella gesta nos coloca ante una fecha que nos moviliza y nos interpela. ¿Cómo es posible que un país con tantos recursos naturales y riqueza tiene más del 30 por ciento de su población bajo la línea de la pobreza? 
Ahora, el debate en torno a la independencia alcanza otras categorías de análisis, como el nivel de endeudamiento y qué nivel de libertad nos deja. El regreso del país al Fondo Monetario Internacional para pedir un elevado crédito reactualiza la discusión y nos coloca, frente al espejo, si tan elevado nivel de deuda no compromete la independencia o nos condiciona a un bravo e impiadoso ajuste, con reformas que pueden ser costosas en términos de derechos.



Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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