IMFC. El precio de la dignidad

Información General 07 de julio de 2018 Por
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El Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos ha señalado desde su fundación, en noviembre de 1958, el carácter transformador del cooperativismo. Y lo sostuvo desde siempre a través de la prédica de sus valores y principios, como así también mediante la construcción de empresas pertenecientes a la economía social y solidaria.
Esta definición tiene sus raíces históricas en el nacimiento mismo de las primeras organizaciones cooperativas, cuya finalidad, al decir del historiador de los Pioneros de Rochdale, iba más allá de sus realizaciones, porque su gran objetivo era transformar el mundo.
Este sentido trascendente de la cooperación ocupa el centro de nuestras reflexiones al celebrar un nuevo Día Internacional de las Cooperativas. Una celebración que tiene lugar en el marco de un contexto histórico extremadamente complejo, signado por la incertidumbre sobre el futuro de la humanidad, con motivo de un modelo dominante que concentra la riqueza y excluye a miles de millones de personas.
Decía con acierto Floreal Gorini el 5 de julio de 1991: “A muchas personas puede parecerles una paradoja que en el momento en que un gran número de estadistas, comunicadores sociales, políticos, sociólogos y economistas proclaman el triunfo final del capitalismo y la muerte de las ideologías, hoy, aquí, un grupo de personas nos hayamos reunido para celebrar esta efemérides”. Y agregaba: “Es decir, celebrar una doctrina que proclama y lucha por las ventajas ético-sociales de una economía de servicio sin fines de lucro, antítesis de la economía capitalista. Una economía solidaria y no de competencia, que no genera una relación de explotadores y explotados que degrada a ambos”.
Al término de ese discurso memorable, Floreal Gorini finalizaba diciendo “Quienes creemos en el hombre nuevo, en la sociedad justa y libre; quienes creemos en la dignidad del hombre debemos continuar nuestra lucha, porque la lucha es el precio de la dignidad”.
Aquellas palabras resuenan con fuerza en este presente, cuyas condiciones imponen gigantescos desafíos al movimiento cooperativo. En tal sentido, cabe recordar que se requieren determinadas condiciones para que las empresas cooperativas puedan desarrollar toda su potencialidad en forma plena y permanente.
Un primer requisito es la vigencia de la democracia y el respeto por todos.
La experiencia histórica de nuestro país y el mundo ha dejado en claro que los regímenes dictatoriales han impedido o directamente atacado mediante normas restrictivas y la represión física, el normal funcionamiento de las cooperativas o directamente su liquidación.
A la par de este requisito necesario, aunque no suficiente, también se necesita contar con un contexto donde las políticas públicas contribuyan –o por lo menos, no obstaculicen– el desenvolvimiento de estas empresas asociativas y solidarias.
Nos referimos, por ejemplo, a la política tributaria, que debería respetar la naturaleza carente de fines lucrativos de las cooperativas.
Asimismo, sería deseable, tal como lo propuso el IMFC al momento de la reforma constitucional de 1994, que la Carta Magna incluyera en su articulado definiciones propositivas acerca del cooperativismo y el mutualismo.
La conjunción de un marco democrático y una política económica y social destinada a estimular y fortalecer el mercado interno, promover la inclusión del conjunto de la población a través del trabajo decente y mejorar la calidad de vida de todos los habitantes, constituye el escenario ideal para que florezcan las cooperativas.
Todo eso debe complementarse, necesariamente, con la educación en los valores y principios de la cooperación, tanto de los dirigentes, el personal y los asociados, como así también por medio de la difusión del ideario cooperativo y sus logros hacia el conjunto de la sociedad.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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