Editorial

La Palabra 30 de junio de 2018 Por
No es por casualidad

Así reza algún verso de una copla popular. Nunca anónima porque alguien la gestó. Tantos la repitieron. Muchos la compartieron. Y así como cada una de esas inspiradas poesías de rústica apariencia van de boca en boca, también el coplero en su ritual se compromete cada vez que la entona. Un oficio que no le cabe a cualquiera. Pero sí merecemos que cada entonación o recitado, nos llegue hasta lo más profundo del alma. Esa es la misión de nuestro entrevistado de hoy. La asume y la replica tantas veces como sea necesario. Porque cuando el canto popular se manifiesta genuino ya no hay quien lo detenga. “Voy a cantar una copla para mi ausente, puede que andando venga de un de repente”.

Raúl Alberto Vigini

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