Aborto legal, seguro y gratuito

Locales 14 de junio de 2018 Por
Se necesita un debate claro y rigurosamente planificado para buscar una respuesta y solución inmediata a la muerte de mujeres que se someten, ilegalmente y penable, a abortos.
Por Gustavo Martín Morra

En estos días en nuestro país se ha despertado un nuevo cruce de opiniones sobre un tema de una importancia no menor.
Hablar del aborto se ha vuelto una especie de lucha entre dos polos; de esto quizá le debemos gran parte a la ingesta mediática que, desvirtuando la realidad en que vivimos, nos presenta un problema que es vivido entre las dos posturas conocidas publicitariamente: los conocidos pro-aborto y los conocidos pro-vida.
Al ser un tema de alta relevancia, es cierto que no puede ser tratado en una rápida sesión del Congreso nacional y debe ser tratado en una mirada profunda para el respeto de la persona en su dignidad en cuanto humano.
Al leer el proyecto de ley y su fundamento, es claro que estamos ante una posible ley de carácter inconstitucional que, en su trasfondo literal deja bien claro que es una IVE, es decir, que se interrumpe el desarrollo de una gestación, de una vida.
En ningún momento, ni el proyecto y el fundamento del mismo, proporcionan datos acerca de su postura en cuanto al inicio de la vida humana o la consideración de persona. Este dato, que no es menor, nos deja perplejos puesto que constitucionalmente y, abrazando los pactos internacionales, desde la DDH de 1948 y los diversos códigos vigentes en el país, hay vida humana desde el momento de la concepción, es decir desde la unión del óvulo con el espermatozoide, lo cual nos abre a una clara postura de que en la IVE se reconoce, de modo indirecto, que es la interrupción de una vida.
De aquí pueden surgir diversas preguntas dependiendo desde la perspectiva en que se mire. Para algunos el debate puede centrarse en una eterna lucha innecesaria y sin sentido sobre la determinación de cuando comienza la vida humana; otros cuando se es persona y, por lo tanto, sujeto de derechos; para algunos sectores el debate versará sobre la libertad de elección de la mujer ante un embarazo no deseado, riesgo de su vida o mal formación del feto; pero lo cierto es que “el presente proyecto tiene como objetivo, generar las condiciones de legalidad para que las mujeres que habitan el territorio nacional, tengan acceso igualitario a las prácticas médicas que le garanticen la IVE de manera segura y gratuita”. (1)
Este párrafo, junto a todo el proyecto de ley, deja bien en claro que el mismo no tiene otro fundamento que la legalización para evitar la muerte de mujeres en abortos clandestinos, lo cual es un tema que debe ser solucionado desde la salud pública, donde la IVE no creo sea la salida correcta.
Esta postura la deja claramente marcada el slogan publicitario de aquellos portadores de pañuelos verdes: “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”.
Quisiera brevemente hacer una apreciación sobre este slogan tan falaz como certero al mismo tiempo.
Partamos de lo que a simple vista parece un argumento convincente pero que nos demuestra la verdadera realidad.
Es cierto que en el tiempo en que vivimos necesitamos una educación sexual auténticamente arraigada en valores y cuidados saludables. No podemos igualar la educación sexual a la arbitraria enseñanza pública de la utilización de fármacos o elementos para evitar la concepción de una vida humana. Si reducimos la educación sexual a impartir un “manual de usuario” de las diversas formas de “evitar” un embarazo, hemos reducido la sexualidad a una respuesta de estímulos sin capacidad de elección.
El ser humano, a diferencia de los animales, posee la capacidad de elegir, acto que lo hace señor y dueño de sus actos y la historia de su vida que traza mediante la elección de los mismos.
Aquella tendencia surge por 1950 cuando en Estados Unidos emerge la denominada revolución sexual y, al poco tiempo, una creciente revolución farmacológica.
Sería de ilusos creer que detrás de la campaña anticonceptiva hay un interés por cuidar el desarrollo de los pueblos y buscar un mayor cuidado de su bienestar.
Volviendo al Slogan, si lo leemos con atención podemos notar que para aquellos portadores de los pañuelos verdes el aborto no es algo bueno; se pone de manifiesto al quedar como algo negativo: anticonceptivos para no abortar, es decir, busquemos que se acreciente una concientización en el uso de los anticonceptivos para poder evitar que haya abortos.
La contradicción está presente entre el paso de la negatividad a la positividad del mismo para evitar la muerte de mujeres que acuden a prácticas abortivas clandestinas.
La falacia del argumento se encuentra en su punto más crucial. El aborto es, tanto para aquellos denominados pro-vida o para los portadores de los pañuelos verdes, algo negativo.
Ahora bien, ¿cuál es el trasfondo cierto de esta ley? La cantidad de muertes por abortos clandestinos según los datos oficiales del Ministerio de Salud nacional es del 0.025%; teniendo en cuenta que no es el caso de primer rango de causa de muerte en las mujeres.
Es cierto que no por tener una cifra baja en mortalidad (44 en 100.000 nacidos aproximadamente) deba dejarse de lado o no buscar una solución al problema, sino que no puede ser utilizado como argumento para una ley en donde se pone en riesgo la vida humana en todas sus dimensiones.
El aborto no punible, legalizado, libre y gratuito en cualquier centro de salud y con cobertura por parte de todas las obras sociales es una súplica contaminada de una pretensión ilusoria de querer implementar una fuerte ideología capitalizada por movimientos feministas extremos que, en pro de implementación de sus llamados “derechos”, rompen la base de los derechos humanos.
No hay argumento convincente que pueda considerar poner fin al desarrollo de una vida, en cualquiera de los estadios en que se encuentre, para beneficio de otro. Es inadmisible la consideración de “no-humano” a un cigoto-blastocito-embrión-bebé, por sectores feministas extremos en pro de la consecución de una promulgación legal para poner de manifiesto su intento de poderío sobre la sociedad, mal llamada patriarcal.
Sí, es cierto que con el paso del tiempo se van dando cambios culturales pero estos no implican un cambio en el orden de la naturaleza. El cambio de las circunstancias en la vida del ser humano no implica un cambio en su ser. Porque cambie su entorno no implica que cambie la esencia del hombre.
Vivimos una sociedad que intenta implementar una secuencia de sucesos en los que las circunstancias de lo humano quieren ser convertidas en algo propio o sustancial. Relacionado con este tema es la conocida ley del género. Algo que es circunstancial a la vida del humano es la elección de género en cuanto manifestación externa del Yo y que se ha querido implementar como algo sustancial. Soy quien elijo ser, nada determina mi ser y nada coarta mi existencia en un determinado “molde”. Este argumento cae de incierto rápidamente puesto que naturalmente encontraremos muchas condiciones no manipulables para poder convertir la circunstancia en esencia. Nunca un varón podrá ser auténticamente una mujer o a la inversa, es algo imposible debido a que no se producen, mediante sus elecciones, cambios de índole esencial alterando las circunstancias o el accidente del mismo.
Llevando este tema al aborto es claro que lo circunstancial quiere ser presentado como sustancial. No podemos permitir que en nuestra sociedad se considere que el cigoto y el blastocito sean considerados solamente un conjunto de células en desarrollo y no una vida humana.
Es inadmisible el argumento levantado en estandartes de que es la mujer quien decide puesto que es su cuerpo. Sería una actitud de total egoísmo para con la sociedad entera. Desde el momento en que se produce la concepción y el óvulo fecundado se implanta en las paredes del útero y sigue su desarrollo, la mujer no es dueña de ese desarrollo, solamente es su circunstancia. La mujer no es esencial, es accidental. El cigoto-blastocito-embrión, no podría desarrollarse sin estar dentro del vientre materno, así como la mujer no podría seguir desarrollándose si no se valiera de las circunstancias. En última instancia la mujer no es dueña de la vida, es servidora de ella. La mujer al llevar en su vientre, así sea lo que consideran un conjunto de células, no tiene ningún derecho de decisión sobre él, al contrario debe ponerse a su servicio, lo que no quiere menospreciar el rol de la mujer en la sociedad sino todo lo contrario, realzarla en su manifestación más hermosa: dar vida.
El pedido de legalización del aborto no se reviste de intereses puramente racionales sino que aquellos viciados por pretender intercambiar lo sustancial por lo accidental. Hay una constante pretensión de implementar la fuerza de una ideología para ganar terreno social y uno de los medios es la implementación de leyes que dicen “defender” la mujer pero, que en su más profunda manifestación, no hacen más que brindar una secuencia de métodos autodestructivos de su misma esencia, llevándolas muy lejos de manifestar su verdadera esencia.
Es cierto que necesitamos un debate claro y rigurosamente planificado para buscar una respuesta y solución inmediata a la muerte de mujeres que se someten, ilegalmente y penable, a abortos, así mismo desde la justicia también debería ser revisado, puesto que el incumplimiento de una ley no debe derogarse mediante la aprobación del delito que se quiere evitar.
Por último creo que es necesario cerrar con el tema sobre la obligatoriedad y permisividad de la ley. En el texto del fundamento de la misma se expone con claridad que el carácter de la ley no busca ser de obligatoriedad sino de permisividad.
Aquí versamos con otro problema; la obligatoriedad, según el cuerpo de la ley, versaría sobre los profesionales en salud así como las prepagas y obras sociales; no estaría presente, en caso de una mirada positiva a este proyecto, la objeción de conciencia como derecho a la elección libre de negativa ante un proceso que atente contra la vida de un ser humano, teniendo presente que, como lo expresa la declaración de los derechos humanos, la dignidad es intrínseca al hombre. Es algo esencial, que responde al hecho de su humanidad, no algo accidental que puede ser colocado y sacado en cualquier instancia de su vida. Dentro de esta dignidad se inserta cada uno de los derechos que le corresponden a la esencia misma del ser humano en os que la vida es el primer derecho inviolable, sin el cual ninguno de los otros tendría sentido.
Abrigar por una legalización que vaya en contra de este derecho primordial sería querer coartar o vaciar al ser humano de su dignidad, puesto que cada uno de los derechos le son propios por el hecho de tener dignidad, es decir de ser humano, por lo tanto, persona poseedora de derechos y obligaciones.


[1] Fundamento del Proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo, Párrafo N° 17.


Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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