La rafaelina Condrac expuso en Diputados

Notas de Opinión 12 de junio de 2018 Por
La abogada rafaelina Paula Condrac, radicada en la ciudad de Santa Fe, fue una de las expositoras en el plenario de comisiones de la Cámara de Diputados sobre el proyecto de despenalización del aborto. Como abogada, psicóloga social y referente de la Multisectorial de Mujeres de Santa Fe se pronunció a favor del aborto legal. Lo que sigue fue exposición ante los diputados.

Tengo el orgullo de venir de la Provincia Invencible de Santa Fe, y de pertenecer a la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, y a la Multisectorial de Mujeres de Santa Fe. Soy abogada y psicóloga social. Acompañamos humana y legalmente a la familia de Ana María desde semanas antes de su muerte. Quisiera compartir con ustedes su historia.
Los hechos son conocidos: en octubre del 2006 operan Ana María Acevedo de cáncer en el maxilar izquierdo, en el Hospital Cullen, y la derivan al Hospital Iturraspe para iniciar allí radio y quimioterapia en diciembre. Cuando se encontraba internada esperando el tratamiento, detectan un saco gestacional sin embrión de 4 semanas (HC) Fue suficiente para no hacerle el aborto terapéutico, ni la quimio, ni los rayos, ni un tratamiento contra el dolor acorde a la magnitud insoportable del mismo. Ante la insistencia desesperada de la familia, el Comité de Bioética del Hospital Iturraspe dice por escrito “el tratamiento indicado para la patología de la paciente es radioterapia y quimioterapia, pero se encuentra cursando un embarazo y está contraindicado con el mismo. En este hospital y en Santa Fe, por cuestiones culturales, por convicciones religiosas y morales, no se hacen abortos”
Ana María es obligada a sostener en su cuerpo, simultáneamente, la gestación forzada y el cáncer que retorna por falta de tratamiento, junto con dolores tortuosos y la deformación progresiva de su rostro. En abril se encontraba en estado pre mortem y con falla de órganos internos (HC) y aunque la gestación no alcanzaba los 5 meses, los médicos apuran el nacimiento por cesárea para que no muriera embarazada. Tal era su gravedad que no conoce a quien nace, que pesa 450 g y sobrevive 17 horas. Ana María muere el 17 de mayo de 2007, a los 20 años, dejando 3 niños huérfanos, de 1, 3 y 4 años de edad.
En Santa Fe de la Vera Cruz reaccionan las instituciones del estado laico y se desata un escándalo político. El Gobernador desplaza del cargo al director del Hospital Iturraspe. La Cámara de Diputados interpela a la Ministra de Salud. El Obispo declara a los medios que “a los médicos se les debe un reconocimiento porque actuaron con mucha responsabilidad”
En 2008 el Juez Penal Eduardo Pocoví, sentando el principio de que no hacer un aborto legal es un delito, procesa al director del Hospital Iturraspe, a los Jefes de Servicio de Oncología, y de Ginecología y Obstetricia, al radioterapista, a la Directora del SAMCo de Vera y al Presidente del Consejo de Administración.
En 2008 la agencia canadiense AWID (Asociattion por Women in Development, Asociación por el Desarrollo de las Mujeres) selecciona el caso de Ana María entre más de 200 casos de fundamentalismos religiosos alrededor del mundo, para ser expuesto en la sesión de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, juntamente con casos de lapidación de mujeres, ablación de clítoris y persecución de mujeres lesbianas, entre otros. La muerte de Ana María resultó el caso más aberrante de Occidente en materia de fundamentalismos religiosos.
En octubre de 2015, durante la Gestión del ex Gobernador socialista Antonio Bonfatti, la provincia asume su responsabilidad, pide disculpas a la familia, la indemniza económicamente, y asume el compromiso de evitar que estos hechos se repitan, honrando así el recuerdo de su ciudadana y rescatando su legado (palabras textuales del dictamen del fiscal de estado)
Es así como la Provincia de Santa Fe asume su responsabilidad y evita la responsabilidad de Argentina frente a Cortes Internacionales.
La reparación se basa en una pericia psicológica practicada a los familiares por profesionales de la Dirección de Salud Mental de la Provincia, que concluye en forma categórica que la madre, el padre y los hijos de Ana María se encuentran en estado de duelo patológico crónico. Relata la pericia que frente a la negativa rotunda de hacer el aborto terapéutico, Aroldo Acevedo recuerda que el oncólogo le dice: “no tiene nada tu hija””tu hija se va a salvar””te las vamos a salvar a las dos” La pericia cita la reflexión de Aroldo frente a estas palabras: “Yo confié en el doctor, porqué el doctor me iba a engañar?” Sucede que mientras los Acevedo Cuevas los escuchaban como médicos, los médicos les hablaban como profetas bíblicos y como pastores medievales. “Te las vamos a salvar a las dos” les decían, a contrapelo de la verdad, de la ciencia y de la ley, adelantándose 11 años al actual “salvemos las dos vidas” y dando cuenta con anticipación de la falsedad mortal del slogan.
Dice textualmente la pericia: “según lo referido, ante la negativa a sus pedidos de un aborto terapéutico y con la promesa de que ambas se iban a salvar, esto los habilita a pensar el nacimiento de la primer hija mujer de Ana María” Es así como los médicos tratantes, partiendo de un saco gestacional sin embrión, crean un sujeto humano, lo dotan de subjetividad y lo inscriben en el estatuto familiar, dejando a la familia en estado de duelo patológico crónico cuando se produce la muerte anunciada de Ana María y esa hija, nieta, hermana… resultó solo ser una promesa.
Norma Cuevas en la pericia dice “para mi están las dos todavía en el Iturraspe” Acuerdo, matar es contrario al arte de curar y deja secuelas en la salud mental de los familiares de las muertas.
El caso de Ana María desnuda el argumento central del debate: el salto sin escalas del saco gestacional a la persona humana (“el ingeniero”) al servicio de transformar a una mujer en un frasco donde germina un poroto, para exigirle maternidades forzadas y conductas heroicas. Lo cierto es que cuando la Convención Interamericana de DDHH en su artículo 4.1. dice que “se protege la vida humana, en general, desde la concepción” significa que dicha protección no es absoluta, sino gradual e incremental, de acuerdo al mayor o menor grado de desarrollo del embrión o del feto, y en tensión con los derechos de la mujer gestante, tal como lo interpreta la Corte Interamericana de DDHH en el caso Artavia Murillo C/ Costa Rica.
Quienes se oponen a la legalización y despenalización del aborto, hoy esgrimen en este recinto muchas de las ideas que se impusieron en el caso de Ana María para incumplir la ley, y que culminaron con su muerte. Los hechos demuestran que no son pro vida, y que no salvan las dos vidas. Ellos llevan en andas un feto de papel desproporcionado e inviable fuera del cuerpo de una mujer, mientras nosotras acompañamos a una familia real a un cementerio real de un pueblo real y llevamos a pulso el féretro con los huesos y con la carne muerta de una mujer real.
Diputadas y diputados: que no los duerman con cuentos de hadas, como hicieron con los Acevedo Cuevas.
Para cerrar, quiero imaginar con ustedes a la Ana María veinteañera, la que tenía sueños, la que andaba en bicicleta por las calles de su pueblo, la que gritaba los goles de Boca, la que hacía el pan casero en el horno de barro con su mamá, la que hacía tortas fritas los días de lluvia.
Pero sobre todas las cosas quiero reivindicar a la mujer que en noviembre del 2006 escapó del tormento del cáncer por un rato para amar a un hombre sin sospechar que la pobreza invencible y la inaccesibilidad a la educación sexual resultarían pésimas aliadas a la hora de quedar embarazada y caer en manos de médicos que antepondrían su religión a los principios del estado laico, a los principios de la ciencia y a la ley civil y penal.






Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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