Argentina ¿para cuándo?

Notas de Opinión 03 de junio de 2018 Por
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Tal como se señala en el título: todo el mundo político se la pasa pensando en las próximas elecciones, ¿y en el país cuándo?, al fin de cuentas sería una forma de pensar en la gente, en nosotros, los que siempre terminamos pagando los costos de estas eternas e irresueltas disputas. Antes conocidas como anti, ahora como grieta, pero al fin y al cabo una línea de separación tan profunda que termina por hundir a todos en el mismo fango, incluso a los bien intencionados. El caso de las tarifas fue una fiel demostración del tironeo que se hace por cuestiones políticas, viendo quien puede sacar más ventaja para las presidenciales del año que viene, que el macrismo -o Cambiemos si prefiere- parecía tener servida en bandeja, pero a fuerza de tropezones propios cedió el lugar para la arremetida opositora, juntándose todas las fracciones peronistas que parecían irreconciliables. Al fin de cuentas, puro humo, cuando aparecen resquicios como este, son aprovechados a fondo.
El veto de Macri al proyecto que prevaleció por 37 a 30 en el Senado, se sabía de antemano, incluso había trascendido el contenido del decreto. Ni los propios opositores desconocen que retrotraer el valor de los servicios al vigente en noviembre de 2017 es una utopía irrealizable, que le costaría a las exhaustas y desvencijadas arcas públicas unos 115.000 millones de pesos, que por otra parte no se disponen y no hay de donde sacarlos. Sin embargo, se continuó adelante con el único objetivo del costo político que significa el veto, a lo que iba a constituir un alivio para los bolsillos de la gente. Sólo una manera de decir ya que en realidad, el dinero siempre sale del Tesoro, por otras vías, pero siempre proviene de los contribuyentes. No viene de las cuentas de Macri, Quintana, Peña, Lopetegui o Dujovne, como antes tampoco de Cristina, que al contrario, casi siempre sacaba.
Tampoco es viable el proyecto ya en ejecución del gobierno, ubicado exactamente en el otro extremo. Son demasiados quienes no pueden pagar las boletas, y otros a los que les cuesta un esfuerzo enorme. Debe darse una revisión, lo que no significa lisa y llanamente marcha atrás, pero sí algunos ajustes, como por ejemplo la oferta que hubo de reducir o directamente quitar el IVA, además de eliminar toda clase de impuestos, pues todos buscan sacar su tajada. Con eso sólo ya se estaría dando un gran paso adelante en la búsqueda de soluciones. De paso, un dato a tener en cuenta: en Santa Cruz las tarifas aumentaron 700%.
Ya sucedió con muchos otros temas, quedando la sensación que al gobierno le falta diez para el peso al momento de tomar decisiones de esta naturaleza. El nutrido grupo de Ceos, calificados como "los mejores de los últimos 50 años", suelen carecer de cintura política. O quizás, marearse con algunos éxitos fugaces como fue por ejemplo la elección de octubre, olvidando o quizás ignorando que estuvo afianzada más en el temor al kirchnerismo que en aciertos propios.
Hubo carencias en algunas presentaciones y en otras tantas acciones. El regreso al FMI -que aquí es mala palabra- no fue expresado de tal manera que resultara más digerible, se dejó picando la pelota en el área chica, desde donde los goles no suelen fallarse. La advertencia de Macri al peronismo de no dejarse llevar por las locuras de Cristina, tuvo efecto al revés del buscado, uniendo a casi todos, incluso aquellos que parecían agua y aceite. Y en este momento tan álgido volver a aumentar la nafta... es como para incentivar el incendio.
Convengamos que hasta no se demuestre lo contrario, la democracia sigue siendo el mejor de los sistemas para una república. Eso, fuera de toda duda y discusión. Pero tal vez se deberían espaciar algo más las elecciones, ya que aquí los años intermedios también están teñidos por la puja electoral, y si no veamos lo que está sucediendo ahora, todo el mundillo político con el foco puesto en 2019. Aunque en realidad, y mirándolo de otra manera, el problema no sea el sistema con seguidillas electorales, sino la mala costumbre de quienes caen en este tipo de prácticas. La mayoría de quienes llegan a un cargo, gubernamental, legislativo o lo que sea, lo primero que hace es ponerse a pensar -y actuar en consecuencia- cómo hacer para sostenerse en la elección que viene. Cuando el mejor sistema para ese objetivo sería gobernar o legislar lo mejor posible.
Y como la Justicia siempre está también en el centro del escenario, algunos datos que se conocieron esta semana: entre 1996 y 2016 se diligenciaron en los tribunales federales de Comodoro Py 1.151 causas por actos de corrupción. Apenas el 8% (es decir 92) tuvieron procesamientos y elevación a juicio oral. 
En tanto, la convulsión sigue en estado creciente en todo sentido. Si así vamos a andar hasta octubre del año que viene, sin dudas todo estará mucho peor.

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