La gran benefactora

Información General 29 de mayo de 2018 Por
Leer mas ...
FOTO ARCHIVO FAMILIA GROTTER ES HISTORIA. Magdalena de Lorenzi al recibir la condecoración de la Orden del Tornillo.
FOTO ARCHIVO FAMILIA GROTTER ES HISTORIA. Magdalena de Lorenzi al recibir la condecoración de la Orden del Tornillo.
Rafaela tuvo una Gran Benefactora. Fue Magdalena Grotter de Lorenzi. Cuenta la historia que enviudó a los pocos meses de su boda. Su nombre hoy vuelve a resurgir por la iniciativa que tuvieron un grupo de personas que se encuentran abocadas a recaudar fondos para restaurar la Capilla Santa Magdalena, que se encuentra en el predio del Hospital Jaime Ferré y de la cual Magdalena fue su impulsora y donante. Nació el 18 de marzo de 1882, en Humboldt. Luego se trasladó a Roca. En 1913 se casó con Ciro Lorenzi y años después se vino a Rafaela, donde deja su imborrable huella benefactora, ese profundo amor al prójimo, “la luz que sirvió de guía a su larga existencia”. Presidió durante mucho tiempo la Sociedad de Damas de Beneficiencia que brindaba asistencia sanitaria gratuita a personas sin recursos, construyendo el Hospital. Y fue fundadora del Hogar de Ancianos que lleva su nombre.
Falleció el 5 de abril de 1972, a los 90 años y sus restos fueron velados en la Capilla Santa Magdalena y llevados al panteón familiar en el cementerio de Roca.
En notas del diario LA OPINION con motivo de su fallecimiento en el año 1972, encontramos datos reveladores de su vida. “Miles de habitantes de Rafaela la recordarán andando lentamente las calles golpeando las puertas de vecinos y amigos, solicitando ayuda a los demás. Los desvalidos recurrían a ella. Puso su fortuna familiar en favor de las necesidades de los otros y vivió humildemente como se lo mandaba su convicción de cristiana ferviente. Para reafirmar esto basta señalar que la Municipalidad desde hace varios años le otorgaba una pensión en mérito a sus tantas obras de bien y a su desprendimiento material, que la dejaron sin más recursos que sus incontables amigos, el respeto de cuantos la trataban, el cariño de quienes recibieron la tibieza de su mano hermana”.
En una edición del mismo diario, pero del año 1966, el Dr. Urbano Poggi la definía de la siguiente manera: “Se olvidó de sí misma en presencia del sufrimiento ajeno. No tuvo hijos, pero muchos la llamaron madre y son más los que la recordarán como tal”.
Entre sus reconocimientos estuvo el haber recibido de manos del pintor y muralista Quinquela Martín la condecoración de la Orden del Tornillo; una calle de la ciudad lleva su nombre, la que pasa por el frente del Hogar de Ancianos, y una Plazoleta.



Te puede interesar