El momento de decidir la publicación de un libro*

La Palabra 02 de junio de 2018 Por
por Cecilia Maugeri - docente y escritora (Buenos Aires)
image001
archivo Cecilia Maugeri - Presentación: De la antología de cuentos “Lunáticos”

Mientras estaba en la facultad. Es un libro de poemas que se llama “Malapalabra” que surgió en un viaje en el que tenía mucho tiempo libre. Me salió un poema largo y me di cuenta que tenía mucho que ver porque era como una columna vertebral que se relacionaba con un montón de cosas que venía escribiendo. Lo que hice fue revisar todo eso, empezar a armar series y ver cómo se relacionaban. Coincidió con que se había iniciado la editorial “Viajera” en la que estaba trabajando. Para mí eso fue un incentivo y decir ahora tengo esta posibilidad al alcance de la mano y me animé. Los textos ya los tenía, escribí algunos nuevos con temas que no había desarrollado mucho, y así lo armé. El segundo fue un libro que en realidad es muy cortito, pocos poemas, había hecho una edición artesanal, hice un trabajo de traducción con un amigo inglés y se llamo “El visitante”. Y el tercero “Caballos” también fue logrado en un viaje como me sucede a menudo. Me fui a otro lado un fin de semana, a un hostel a tres cuadras de  mi casa, en secreto, con todo lo que tenía. La imagen del caballo me resumía un montón de cosas que venía escribiendo que tenían que ver con la velocidad, con el ir para adelante sin mirar a los costados, esa cosa medio frenética. Me fui con la computadora y la tijera, tres días leyendo, cortando, pegando, armando todo. Y después para mí viene una etapa de reescritura. Los libros son de poemas, pero tengo muchas cosas empezadas de otros géneros. Tengo guiones de cine, cuentos, obras de teatro inconclusas, son parte de pruebas, experimentos. Y estoy con un proyecto que voy a terminar que es una novelita corta, me voy un fin de semana a una quinta cada tanto, porque necesito el tiempo para darle una pasada a toda, y así terminar con eso de escribir de a cachitos. Ese libro está basado en una experiencia docente que tuve en un secundario donde se dieron varias circunstancias que me parecieron interesantes como para escribirlas desde el humor: el choque generacional aunque soy joven, porque pasé de lo analógico a lo digital, el tema del colegio privado que para mí es un choque fuerte porque siempre fui a escuela pública, qué pasa con los padres, la autoridad, muchas situaciones para poner en escena. Se llama “La suplente. Antimanual de Lengua y Literatura”, entonces cada escena y cada momento de la historia están contadas con un recurso diferente. Lo que hago es enseñar a usar un recurso literario a partir de esa historia: un relato fantástico, una obra de teatro, discurso directo, discurso indirecto, anécdotas. Es un trabajo fuerte. La idea del libro surgió porque había hecho un proyecto que era parte de un programa con esa experiencia mía del secundario que era un monólogo cuando lo presenté. Y era todo lo que intenté y  no me salió, como para que no fueran docentes (risas).   

La experiencia educativa en el penal de Devoto

Lo del penal de Devoto es una experiencia muy intensa y compleja que me va a llevar un tiempo procesar, y ya veré de que  manera, intuyo que alguna cosa escribiré más adelante porque fue muy interesante. Lo que sí te puedo contar  es que hubo una muy linda experiencia de publicación, armamos una revista que se llama “Nuestra sangre en movimiento”. La idea salió de una preocupación de un grupo de internos que estaba por salir, que iban a la facultad dentro del penal que es una sucursal de la UBA. Le faltaban entre uno y dos años para salir los que iban al taller, y tenían la preocupación de “qué pasa cuando salgo”, “qué pasa con el prejuicio de la gente”, “no me van a tomar en ningún laburo”, “cómo hago para reivindicarme frente a los ojos de la sociedad”. Esas eran las preocupaciones que aparecían mucho en los textos, entonces decidimos armar esta revista para hacer un ida y vuelta con la gente de adentro y de afuera, pensando qué tenemos en común los presos y los libres. A mí se me ocurrió que ellos tienen una cárcel muy física y contundente que es ese espacio, perder la libertad concretamente, pero que en realidad todos tenemos nuestras prisiones más o menos sutiles. Un preso de la cárcel lo tiene a la vista todos los días y es muy evidente, pero todos tenemos  nuestra jaula a veces mental, emocional, de los vínculos. Me pareció que estaba bueno trabajar desde ese concepto de la cárcel personal, ahí le pedí a gente de mi taller afuera y a otros artistas si se sumaban a escribir sobre esto y la revista se armó con textos de los internos y de gente de afuera, entonces resultó como un puente entre los dos, y eso me encantó.

Mi propósito fundamental desde lo personal para seguir adelante

Lo que más me interesa como profesora cuando alguien se acerca a mi taller es conectar a esa persona con su propia creatividad. Cuando veo que la gente empieza a escucharse a sí misma, a sus deseos, a sus materiales, a sus voces internas, es lo que más me da satisfacciones. Que puedan conectarse con esa parte más expresiva y creativa que a veces puede resultar en seguir escribiendo o a veces puede resultar en quiero hacer un viaje, me quiero mudar, quiero empezar una carrera. La voz interior puede estar gritando distintas cosas, y a través de la escritura que para mí es la herramienta fundamental que más conozco pero estoy segura se puede lograr con cualquier arte como la pintura, el canto. Esa es como mi misión, porque estamos con tantos distractores que nos contaminan los mensajes. Entonces ¿en qué momento uno se escucha? Bueno, me voy a tomar un espacio para mí, para ver qué me pasa, qué quiero. Se puede hacer de una manera creativa, se puede compartir con otro, y de repente estás en un grupo que ves que todos más o menos están en la misma, remando todos para el mismo lado, para mí es una forma de resistencia. Estamos amasando algo que está vivo, que va creciendo y puede resultar en distintas cosas, más allá de que salga un proyecto de producción. Pero lo más importante es que la gente que se acerca pueda encontrar un espacio propio donde pueda crecer esa cosa singular y no ser pasado por encima por lo masivo en el mal sentido. Porque también cuando uno deja de ser, porque hay cada vez menos centros culturales y más cervecerías, tenemos que preguntarnos qué está pasando.  Está bueno que nos encontremos y veamos qué siente cada uno, qué piensa.

*El texto pertenece a la entrevista realizada por Raúl Vigini a Cecilia Maugeri

Te puede interesar