La partida de un amigo

Información General 14 de mayo de 2018 Por
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El destino, la biología o -quizás- la misma vida hizo que partiera Alberto. Alberto es Garmendia. El “Pelado”. El “Vasco”. El “Viejo”. Un amigo; no importa la forma de mencionarlo o tenerlo presente.
La prolija crónica de despedida que publicó el diario lo retrata con calidez y certeza en su aspecto global. Quiero hoy, aquí, ir a otros puntos más personales y profesionales de alguien que me guió en muchos aspectos de mi actividad, desde el ímpetu irrefrenable que todos tenemos a los veinte años hasta las charlas de la madurez, aunque siempre sin perder el rumbo, pese al paso de los años. 
El “Pelado” (como me permitiré llamarlo siempre por uso y abuso de la confianza que me dispensó) era un periodista de raza, un bohemio de aquellos que caían en la suya, en la convicción de sus ideales y en elegir sus rumbos. Era un hombre de códigos; por eso en sus largos años de “Policiales” lo respetaban tanto milicos como jueces, claros y oscuros de la calle y de sus ámbitos.
Aprendí con él y de él muchas cosas. Vivencias conjuntas en la Redacción, sus humores, charlas de tiempo largo de espera y viajes en la zona, ámbito en el cual era experto y siempre bien recibido. 
“Vamos echar la mentira”, decía y se sentaba en su inolvidable Olivetti a sacar la nota. “Vigilame la Cachirula”, pedía para que se controle el/la teletipo, la cual alimentaba con chicotes de papel de diario que llevaba a cortar a un carpintero para volver a usar.
Era un apasionado de los autos de carrera. Tenía una historia en los fierros desde la gráfica y se colaba en cualquier charla. La misma que se concretaba todas las mañanas, como un rito en “Siroco”, en la galería San Martín, ámbito de debate donde su palabra era privilegiada.
Esos días de diario y amistad serán inolvidables. Eso y tantas aventuras que ahora afloran y no son otra cosa que un tributo. Solía decir que muchas veces uno debía escribir sobre cosas que no quería. Tenía razón. Esta es una de ellas.
Su final físico fue el jueves. Me avisó Pedro, pero estaba viajando y no tuve tiempo para despedirlo. Quizás haya sido mejor así. Las mismas lágrimas se las dediqué ofrendándoselas a la lluvia interminable de la semana.
Querido amigo. Un placer haber recorrido esta instancia con tu consejo y tus charlas. Ya estarás en otro plano, en el que te guste, en el que te ubique tu familia o donde quieras. Yo me permito verte en aquellas calles de bohemia cordobesa que amabas o, tal vez, sentado en su escritorio, dándole a la “Olivetti” en un teclear que ahora será tan libre como infinito.
Tenía razón en dos cosas: que estas notas nadie las quiere escribir nunca pero que alguien tiene que hacerlo. Cumplí con tu enseñanza. Hasta siempre, querido amigo. Hasta volver a encontrarnos.
Nota: ¿de dónde se apaga la “Cachirula”?

EDP (Tronco)

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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